El mes pasado lo entrevistábamos en nuestra edición de hello junio y hoy Vicente Chambó nos cuenta que ayer le llamó el secretario de Estado de Cultura, José María Lassalle, para comunicarle que se le ha concedido el Premio Nacional de Edición por “Fábulas y cuentos del viejo Tíbet”.
¡Enhorabuena maestro!

Aquí os dejamos de nuevo la entrevista completa.

El Caballero de la Blanca Luna en busca del Libro Tesoro

Por Toni Vivó

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Mientras los libros tengan la capacidad de emocionar, siempre existirá algún ingenioso hidalgo decido a rescatar preciosos relatos condenados al olvido. El editor Vicente Chambó es uno de esos románticos caballeros, que con los tiempos que corren continúan cabalgando contra viento y marea en pos de ese libro tesoro, destinado a prevalecer durante siglos en un futuro tecnológico por contar con algo que ningún Ebook podrá poseer jamás: alma de papel.

¿Cuál es la cruzada de El Caballero de la Blanca Luna? 
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En materia editorial, buscar el libro tesoro.
¿Qué entendemos por libro tesoro?

Es un ejemplar especial, se distingue por la capacidad de hacer disfrutar tanto con el texto como con las ilustraciones. Es un libro de artistas en plural. Sublime, todo sorprende en un libro tesoro, desde la encuadernación hasta el colofón. Mientras se hojean sus páginas se reafirma su excelencia y su contemporaneidad. Incluso después de mucho manosearlo tiene la virtud de mostrar detalles nunca antes descubiertos. En un libro tesoro las palabras están vestidas, acompañadas y custodiadas prodigiosamente, y para su realización no importa el tiempo, talento ni esfuerzo empleados. Debe emocionar  y ser deseado por un heredero antes que un bien inmueble o una suculenta cuenta bancaria. El libro tesoro existirá mientras haya humanos que creamos en él y lo deseemos, cuanto más tiempo pasa, más valor tiene.
El Caballero de la Blanca Luna también realiza ediciones por encargo. ¿Son libros de, por y para coleccionistas?

Me emociona la posibilidad de cualquier encargo, lo percibo como un reconocimiento al trabajo realizado con esmero. Analizo todos los detalles para poner el mejor texto a las ilustraciones, o las mejores ilustraciones al texto si se da el caso.  Muchas veces, un sencillo catálogo puede ser una maravilla de edición. Según sea el contenido, la idea estética irá en armonía para favorecerlo. Aunque sea humilde, es muy importante sacar partido al presupuesto, y para ello hay que concebir muy bien el encargo.

Personalmente, la palabra coleccionista no me gusta. Un comprador de un libro es un patrocinador del autor, del ilustrador y del editor. Es, sin planteárselo, un personaje singular, que contribuye a documentar los conocimientos, inquietudes y rasgos creativos de la humanidad para ser transmitidos eternamente.

¿Fábulas Literarias de Tomás de Iriarte fue reconocido como el  ‘Libro mejor editado de España’ (2008) por el Ministerio de Cultura y libro Valenciano mejor editado por la Consellería de Cultura. ¿Qué significaron estos galardones?

Fue un estímulo, creo en un modelo de sociedad que incentive el esfuerzo y la superación del individuo, y  en determinados momentos, el proceso de esta edición se atascó y hubo que esforzarse para conseguir lo deseado: un libro rico en todos sus matices, impreso en tipografía móvil, con ilustraciones realizadas por dos jóvenes  desconocidos como lo eran entonces María Balibrea y Xus Bueno, una edición muy complicada de hacer por la impresión sobre materiales diversos, pero fascinante a la vez que atrevida. El proyecto lo financié con colaboradores y amigos que me apoyaron, me otorgaron mucha confianza, y no tenía otro deseo que satisfacer con creces sus expectativas puestas en el libro. La generosidad se paga con lealtad. El resultado estrechó más los vínculos de amistad y complicidad para afrontar otros proyectos,  y sin duda,  ser reconocido ayudó mucho. Me reafirmé en mi concepto de edición, que no es otro que dotar al libro de lo máximo que pueda concederle: un texto muy valioso, ilustraciones insuperables, cuidado del papel, de la encuadernación y otros muchos guiños que solo se pueden descubrir después de mucho manosearlo y leerlo.  Realmente no es un libro de bibliofilia, quiero creerme lo que me dijo el entonces ministro  de Cultura César Antonio Molina: “Es algo más que eso”

Su último proyecto, Fábulas y cuentos del viejo Tíbet ha supuesto un gran esfuerzo editorial. ¿Cómo se plantea emprender un trabajo tan complejo y por qué? ¿Cómo ha sido la labor para la recopilación de estas historias?

Todo empezó  cuando escribía el prólogo para la edición Fábulas Literarias de Iriarte. Quería incluir un relato didáctico sobre el origen de las fábulas, y en la investigación me encontré con la hermosa historia de Sirechuel, el rey de Persia que envió a su consejero Berzebuey a la India en busca de unas plantas que procuraban la inmortalidad. Así comienza el primer capítulo de Calila y Dimna, (Anónimo s. VI)  tal vez la primera recopilación de apólogos de tradición oral que existe. Proviene de la India. Años antes había tenido una tertulia con Ramón Rodríguez sobre el paralelismo entre historias como la de (Judith y Holofernes, o Jael y Sísera) incluidos en los llamados Speculum Humanae (manuscritos s. XIV-XV), con algunos cuentos tibetanos. Relatos que a este le habían contado unos monjes lamaístas en una reunión interreligiosa de teólogos de varias confesiones. Le pedí que me consiguiera estos cuentos tibetanos, los traduje, y  así sin querer empezó mi recopilación. Estos cuentos permanecieron en mi cajón varios años, los mismos que transcurrieron hasta que leí la historia que une a las fábulas con la búsqueda de la inmortalidad. Pensé que las casualidades no existen, y debía hacer algo.  En Tíbet  se habría mantenido la tradición oral muy pura por el aislamiento geográfico pero mantenía buena comunicación con India a través de Sikim. Por otro lado, pensé en el riesgo que correrían los cuentacuentos tibetanos que por costumbre reúnen a un numeroso público a su alrededor. Cualquier reunión numerosa  es incómoda para las autoridades chinas. En la situación política actual podría considerarse una manifestación, por lo tanto, sería disuelta, y la tradición iría desapareciendo, y al fin y al cabo, no hay labor más gratificante para un editor que impedir que historias milenarias se pierdan. De los diez u once primeros cuentos, pasé a recopilar muchos más, para ello colaboró conmigo una mujer muy especial que ayudaba  a ancianos pobres y desprotegidos de las comunidades tibetanas en Nepal, y otra gran parte de los relatos son fruto de un despliegue de contactos que me ha llevado varios años.  Me interesaban las historias carentes de presencia religiosa, de por sí, la espiritualidad ya está presente en los cuentos y fábulas de todo el mundo por la vocación de enseñar los mejores valores del ser humano. Seleccioné 29 en total y los clasifiqué en tres tipologías: fábulas (9), cuentos tradicionales (9) y cuentos maravillosos (11), los textos están precedidos por un relato propio a modo de prólogo. Desde el primer momento, supe que el ilustrador para el libro sería Carlos Domingo, con quien he compartido grandes momentos en la realización, y cuya intervención otorga un valor incalculable al ejemplar. El resto de detalles del libro, han ido surgiendo conforme avanzaba el proceso de edición para el que he recibido apoyo de la Universitàt Politècnica de Valencia y la Societàt  Bibliogràfica Valenciana Gerònima Gales.

Adelántenos algunas aventuras futuras…

En cuanto a exposiciones, sigo trabajando en FABULARTE, un proyecto expositivo renovable que puse en marcha en el año 2008. Está compuesto por obras de pintura, grabado, fotografía, escultura o dibujo  que interpretan fábulas y cuentos de todo el mundo, y de todos los tiempos.

En cuanto a ediciones, tengo especial interés en seguir publicando fábulas y cuentos de tradición oral que por su pureza, ingenio, exotismo e inteligencia sean interesantes. En especial cuando corren el peligro de perderse por las condiciones sociales, políticas o coyunturales de su lugar de origen. Aunque para la siguiente edición, lo que me fascinó fue la  tradicional forma de transmitirlos: lo hacen las abuelas. Son relatos de una sociedad matriarcal que ocupa una buena parte de varios países africanos, y de los que no tengo referencias de publicaciones anteriores. En este caso, la recopilación la estoy realizando gracias a la colaboración de una profesora nativa con la que trabajo intensamente en la actualidad.  Será una edición fantástica a juzgar por las narraciones y las ilustraciones. Va tomando forma, pero no debo seguir hablando de ello. Me he comprometido a mantener el misterio de los detalles de la edición hasta el 17 de mayo.