Bella Roma

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La llaman la ciudad del amor eterno, y no solo porque si lees Roma al revés es Amor, sino porque si hay alguna ciudad romántica y eterna, esa es Roma.

Una vez me dijeron que toda la ciudad era un museo al aire libre, con tal cantidad de historia en cada una de sus esquinas que necesitaríamos toda una vida para conocerla de verdad, y desde aquí estamos dispuestos a hacerlo.

La denominada ciudad de las siete colinas es también un escenario arquitectónico imponente, un portento operístico que se alza majestuosa entre piedras, ruinas y edificios clásicos que te devuelven imágenes en blanco y negro de un tiempo que no alcanzamos a recordar.

Las voces de los antiguos romanos resuenan entre las paredes de el Foro Romano y El Coliseo, icono de Roma y el mayor anfiteatro del Imperio, del que encierra toda su esencia.

Su visita es más que obligatoria, y el punto de partida de una de las ciudades más sorprendentes del mundo, donde las piazzas los edificios históricos conviven con una inevitable estructura modernista.

La Piazza Navona es una de las más características de la ciudad que, con la Iglesia de Santa Inés, el majestuoso Palazzo Pamphilj o la Fuente de los Cuatro Ríos de Bernini, representa la verdadera quinta esencia del Barroco romano. Es el lugar de encuentro favorito por romanos y turistas y muy frecuentado por artistas, pintores, y músicos.

Si destaca una piazza en Roma es la Plaza España, y su escalera barroca que va hasta la Iglesia Santa Trinidad del Monte una de las más frecuentadas, y a ocho minutos andando tienes una de las maravillas de esta ciudad. Cuando llegas a la Fontana de Trevi (y si tienes la suerte de encontrarla sola), te impacta el contraste entre el azul del agua y el blanco del mármol, pero sobre todo lo que te invade es una sensación de belleza muy difícil de explicar. Por algo es uno de los escenarios de La Dolce Vita, de Fellini, y uno de los lugares (aunque casi toda Roma desprenda ese sentimiento) que más representa esa sensación. Curiosidad: Dicen que si tiras una moneda, volverás.

Porque es esa dolce vita lo que experimentas en Roma. A todos los niveles, no solo por el resto de sus plazas como la del Poppolo, la del Campo dei Fiori, la Venezia (con su peculiar monumento al rey Vittorio Emanuele II, también conocido como “la máquina de escribir”), la de la Rotonda (con el imprescindible Panteón, uno de los monumentos romanos mejor conservados) o la Piazza de Santa María Trastevere que te adentra en uno de los barrios mas conocidos y animados, sobre todo para probar y degustar el famoso “Aperitivo all’Italiana”, que consiste en una bebida alcohólica (entre las que destacan el Spritz, Campari, Martini dry y claras de cerveza), y un buffet de exquisitas delicatessen italianas.

Mención aparte merece, por supuesto, la Plaza de San Pedro del Vaticano, una de las maravillas del mundo. Pasear entre las columnas de esta plaza barroca que diseñó Bernini, visitar la Basilica de San Pedro y los museos Vaticanos o deleitarte con la impresionante Capilla Sixtina es algo que recordarás toda la vida.

El Castillo de Sant’Angelo, situado en la orilla del río Tíber y construido como mausoleo para el emperador Adriano, imaginar las carreras de cuadrigas de la Antigua Roma en el Circo Máximo de 600 metros de largo, nos llevarán directamente a dar un paseo por la historia más antigua.

Si de algo presume Roma, además de historia es de arte, y nos encanta descubrir verdaderas maravillas como la Piedad, el David y el Moisés de Miguel Ángel, en la Basilica de San Pedro, en la Galería de la Accademia, y en la Basílica de San Pietro in Vincoli, respectivamente, o la famosa Boca de la Verdad, en la Santa María in Cosmedin.

Pero si hablamos de dolce vita sin duda es por el gusto exquisito que tienen los italianos para la cocina, y ese buen vivir propio de ellos. Y es que cuando te sientas a una mesa en Roma, debes estar preparado para degustar platos únicos. Desde su increíble variedad de pastas y pizzas (con su sabor auténtico), hasta sus rissotos, foccacias o carpacios, acompañados por los que están considerados unos de los mejores vinos del mundo, para terminar con su famoso Tiramisú, Panna cotta o cualquiera de sus imprescindibles helados.

No es casual, por el arte que rebosa en cada rincón, por ese centro histórico, que es la mayor expresión del patrimonio histórico, artístico y cultural de Europa, y por esa dolce vita que te contagia cada segundo que pasas en la ciudad, que «todos los caminos conduzcan a Roma».

Si viajas a Roma desde España, deberás presentar el Certificado de vacunación completa, expedido a partir de los 14 días posteriores a la fecha de administración de la última dosis de la pauta vacunal completa, el Certificado de curación de COVID- 19 y cese de la prescripción de aislamiento, o un resultado negativo de test PCR o de antígenos realizado 48 horas antes de la entrada en territorio italiano.

Aunque el modo más fácil y seguramente más conveniente es llegar en avión, también puedes llegar a Roma en tren, coche o autobús.

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