Por: Elisa Ferrer 

Lorenzo Silva (1966, Carabanchel) estudió Derecho en Madrid, pero la vida lo condujo por los senderos de la literatura. Su dedicación a la escritura se remonta a los años 80, aunque también ha trabajado para distintos medios como colaborador (XLSemanal, El Mundo y El Español) y como comentarista de radio (RNE, la SER, la COPE y ABC Punto Radio). El pasado 16 de junio sacó «El mal de Corcira» (Ediciones Destino), su última entrega que da continuidad a su saga más conocida: las novelas policíacas de Bevilacqua y Chamorro.  Con cuatro ediciones en cuatro semanas esta entrega promete ser de las más importantes de la serie.

«El mal de Corcira», como las otras novelas de la serie de Bevilacqua y Chamorro, narra la investigación de una muerte. Un varón de mediana edad aparece desnudo y brutalmente asesinado en una playa de la isla de Formentera. Según los testimonios recogidos por la Guardia Civil de las islas, en los días previos se lo había visto en compañía de distintos jóvenes en locales de ambiente gay en Ibiza. Cuando sus jefes llaman a Bevilacqua para que se ocupe de la investigación y lo informan de la peculiaridad del muerto, un ciudadano vasco condenado en su día por colaboración con ETA, el subteniente comprenderá que no es un caso más. Para esclarecer el crimen, Bevilacqua tendrá que trasladarse con su equipo a Guipúzcoa, el lugar de residencia del difunto, a una zona que conoce bien por su implicación casi treinta años atrás en la lucha antiterrorista. Allí se reencontrará con sus fantasmas con lo que hizo y lo que dejó de hacer en una «guerra» entre conciudadanos, como la que veinticinco siglos atrás hubo en Corcira —hoy Corfú— y que Tucídides describió en «La historia de la Guerra del Peloponeso». De ahí el guiño al historiador griego con el título de la novela.

La saga Bevilacqua y Chamorro ya cumple 25 años desde que escribió su primera entrega, ¿qué sentimiento tiene hacia estos personajes que tanto tiempo le han acompañado?

Las sensaciones son muchas. La principal es de agradecimiento, si esque se puede sentir agradecimiento hacia seres imaginarios, pero yo siento que sí porque no solo me han permitido llegar a muchos sectores sino que también me han dado una oportunidad con la que yo no contaba honestamente, que era la de dedicarme por completo a la literatura y de hacerlo con mucha libertad. Cuando yo escribo historias que ellos protagonizan me siento muy libre de abordar cualquier asunto y casi desde cualquier ángulo. Creo que la novela policíaca, bien utilizada, te permite llegar a aspectos de la condición humana que al menos a mí me interesan.

Bevilacqua es un personaje astuto, comprometido con su trabajo y admirado por sus compañeros, pero en esta entrega también se le conoce su faceta como padre, hijo y amigo. Al llevar tantos años escribiendo sobre él y ser de edades similares, ¿cree que hay algo de Lorenzo Silva en Bevilacqua?

Siempre es difícil trazar la frontera entre un autor de ficción y sus personajes. Es difícil porque un autor está en todos sus personajes. No solo estoy en el protagonista, incluso estoy en Chamorro o en la víctima del caso, porque si no haces esa identificación es muy difícil hacer novelas de ficción. Por otra parte, creo que precisamente lo que tienen de interesantes los personajes de ficción, por lo menos para el escritor que los crea, es la posibilidad de observar la realidad desde un ángulo distinto del tuyo. Lo que más me interesa de Bevilacqua es lo que no tiene en común conmigo, porque proviene de su experiencia.

 

Al menos el gusto literario lo comparten. En la novela se hacen diversas alusiones literarias, entre ellas a Tucídides, que es por quien lleva el nombre la novela en alusión a “La historia de la Guerra del Peloponeso” del historiador griego. ¿Hay alguna similitud entre los conflictos humanos actuales con los de hace 2.400 años?

Lamentablemente la experiencia te dice que sí. Digo lamentablemente porque sabemos de esos conflictos no solo sabemos que se produjeron, sabemos a qué condujeron, sabemos cómo quedaron las comunidades que lo sufrieron después. Por ejemplo, la historia que cuenta Tucídides, que es la guerra del Peloponeso, entre otras cosas, dejó destruida a Atenas, ya no volvió a ser lo que era. Los que se empeñaron en hacer esa guerra para engrandecer su ciudad lo que hicieron fue arruinarla. Deberíamos haber tomado nota y, sin embargo, no la tomamos. Los conflictos humanos se producen y se reproducen siguiendo los mismos patrones.

 

La novela aborda un crimen relacionado con la banda terrorista ETA. ¿Es recomendable un distanciamiento temporal para poder hablar sobre este conflicto?

Yo creo que ayuda. En caliente también se puede tomar nota e incluso es posible que haya que hacerlo. Yo durante estos veinte años tenía en la cabeza escribir sobre ETA y, como no me parecía que estuviera todavía maduro el proyecto lo que hacía era tomar muchas notas, siempre que pasaba algo relacionado con esa organización. En alguna novela anterior de la serie se ha hecho alguna alusión, pero quizás no era el momento de contar la historia en profundidad, además una historia de este tipo que es trágica. No es fácil contar una herida cuando todavía está sangrando, igual es mejor contener la hemorragia.

 

El mal de Corcira” explica detalladamente la preparación y el funcionamiento de la Guardia Civil. ¿Cómo se documenta uno para documentarse y escribir una novela de estas características?

Hay que conocer a quienes han pasado por ahí y hablar con ellos y recoger sus experiencias. Eso requiere una operación anterior, que es ganarse su confianza y que ellos lo puedan contar. Esta novela no la habría podido escribir hace diez años, porque no habría podido acceder a buena parte de la información que está debajo. Para saber todos estos detalles es necesario hablar con quien ha vivido esa experiencia. Durante mucho tiempo estas personas no han contado nada porque tenían que ser discretas porque su trabajo requería esa discreción. Ahora que la historia ha terminado creo que es una historia que se debe de contar. Si no, hay la tentación de creer en relatos alternativos, muy pobres y poco ajustados a la realidad.

Entre otros personajes destacables, hay una joven de 19 años que pertenece a la Guardia Civil y se enfrenta en alguna ocasión sola a la banda terrorista, pero llama la atención por su temprana edad, ¿hay inspiraciones en algunos personajes con personas reales?

Justo esa persona existe, está inspirada en una persona real, que en el momento en el que tuvo que enfrentarse a los etarras no había cumplido ni los 19 años. Me interesaba sacar a la luz estas historias porque no las conocemos. Para que ETA dejara de actuar fue fundamental el valor, la inteligencia y la capacidad de observación de una chica de 18 años. El papel que han tenido las mujeres en la lucha antiterrorista ha sido fundamental.

 

El eje central parece que sea el odio por parte de los dos bandos, pero también se le da importancia al afecto y el paso del tiempo y sus secuelas, sobre todo desde la visión de Bevilacqua. ¿Cómo describiría la evolución de este personaje en esta novela?

Bevilacqua se reencuentra en la novela con sus errores y con situaciones que vivió que le superaron y que no está plenamente satisfecho. Muchas veces cuando asistimos a las tragedias dejamos que nos gobierne el encono y el rencor y al final de las tragedias solo se reparan desde la piedad. El final de la novela trata de ser una mirada reparadora, sea cual sea la razón por la que han sufrido.

La narración cuenta una doble historia a través de flashbacks. Se van desarollando dos historias paralelas que se acaban cruzando. ¿Qué le condujo a ecribir una novela con esta complejidad?

Yo no quería hacer una novela histórica. En una novela histórica todo queda un poco lejano y la gente piensa que no tiene conexión con el presente. Yo quería hacer palpable del propio relato que el pasado, el presente y el futuro están siempre interconectados y dialogando. El pasado es muy difícil de superar, como dice uno de los personajes en algún momento, lo que se hace con él es acarrearlo y me interesaba mostrar como ese conflicto, que en teoría está cerrado, sigue repercutiendo en el presente en las personas que lo vivieron. Ese es el caso de Bevilacqua pero también el de la víctima. Me pareció que la inmersión en la historia iba a ser mucho mayor si yo conectaba esa historia del pasado con una investigación del presente. Los dos lados de ese enfrentamiento se encuentran al final y de una manera un tanto paradójica. Lo que le encargan a la Guardia Civil es que le haga justicia a un etarra, que resuelva el crimen del que un etarra ha sido víctima. Él se ve trabajando para hacerle justicia a uno de sus antiguos enemigos.

¿Tiene en mente más entregas para la saga?

Sí. Al menos tres o cuatro más e intentaré mantener la ambición de la serie. A mí Bevilacqua me ha servido para hablar de muchas cosas: corrupción, de ETA, relaciones familiares e incluso de la Guerra de Afganistán. Es un personaje que me ha permitido adentrarme en historias que me interesan y hay alguna otra en la que pienso sumergirle. También en su pasado, que tiene algunos espacios que no he iluminado del todo y que me gustaría hacerlo.

¿Hay algún otro proyecto cinematográfico en mente relacionado con la saga en mente?

Siempre hay proyectos. Por ejemplo, en la primera novela, “El lejano país de los estanques”, se publicó en el año 1998 y en 1999 ya me compraron los derechos para hacer la película. A día de hoy, que han pasado 21 años, la película todavía no se ha hecho. Esto pasa mucho en el cine, hay muchos proyectos y es muy fácil que los proyectos descarrilen. Sobre “El mal de Corcira” ya me han hecho alguna oferta.

Yo hago literatura y me parece bien que viaje al cine y llegue incluso a los que no leen novelas, pero la industria está en un momento un poco delicado. Los rodajes están parados o bajo mínimos. La producción audiovisual ahora está en manos de las plataformas televisivas y están imponiendo un determinado tipo de historia que no sé si es el que yo cuento. Quien manda, que es quien pone el dinero, puede ser que busque productos que sean muy espectaculares, llenos de acrobacias. Yo prefiero ir al fondo de las historias.

¿Cómo ve usted el futuro editorial después de este resentimiento económico generalizado?

La gente tiene ahora menos dinero para libros. Hay quizás un factor que al mundo editorial lo salva un poco y es que los lectores son una minoría que responde a un perfil que alomejor no se ve tan afectado por las crisis. Indudablemente que ha habido crisis y las editoriales han parado las novedades, han reducido los títulos, aunque la vuelta ha sido muy buena. El mes de junio ha sido espectacular con unas ventas muy superiores a las de junio del año pasado. Esta novela ha tenido un arranque casi explosivo. Cuatro novelas en cuatro semanas. Creo que es la novela de la serie que ha salido con más fuerza.

Quizás alguno ha descubierto que la lectura es la única forma de viajar que te queda y no es tan mala solución, sobre todo cuando te tienes que pasar tantas horas encerrado en un sitio. Parece que los índices de lectura han subido durante el confinamiento. A ver si dentro de todo lo malo nos trae algo bueno, que la gente reconstruya su relación con los libros y la lectura, porque yo creo que lo que los libros aportan no se puede sustituir. Se tiende a pensar que a través del cine o de la televisión o redes sociales uno puede recibir la misma información pero no la recibe de la misma forma, que la que te deja un buen libro.

Durante el confinamiento ha escrito “Diario de alarma”, ¿qué nos puede contar de esta publicación?

Se trata de un diario que escribí en parte para mí mismo, para afrontar el encierro y tener actividad dentro de él y no dejarme llevar por pensamientos sombríos. Al vivir una situación tan excepcional, que no estaba viviendo yo solo sino con mis compatriotas, me puse este ejercicio de escribir y salió un diario. Publiqué en mi blog cada día y algunas personas me agradecieron que escribiera sobre mi vida y lo que iba viendo desde el encierro: mis lecturas, las conversaciones que tenía con médicos, policías, amigos y todo eso metido en una especie de coctelera que no pretende alcanzar ningún tipo de conclusión. Me asobran estos libros que han salido para intentar interpretar la transformación que ha traído el coronavirus. “Diario de alarma” es más bien una colección de preguntas que yo me iba haciendo y que a lo largo de los años iremos respondiendo.