Dicen que las paredes oyen…..¿y si también hablasen?

Corría el año 1915 en nuestra maravillosa ciudad. El comienzo de siglo traía nuevas sorpresas a los valencianos. Entre ellas la del misterioso caso que perturbaba la monotonía de los habitantes de la casa ubicada en la plaza del Esparto número siete, en el conocido  y popular barrio del Carmen.

Tanto conmovió el caso a la ciudad que la gente se agolpaba en las inmediaciones a la casa llegando a aglomerar policías, técnicos, especialistas y toda clase de curiosos.

Así fue como empezó el primer suceso registrado en España catalogado como fenómeno paranormal o poltergeist (del alemán: poltern= hacer ruido y geist= fantasma).

Todo comenzó cuando la familia Colmenero se trasladó a vivir a la citada dirección. El padre , ex capitán de la Guardia Civil , con dos hijos adolescentes de 12 y 14 años respectivamente , no terminan de deshacer sus maletas y colocar sus pertenencias en el que ya es su nuevo hogar cuando comienzan a darse cuenta de que en la casa parece que no están solos.

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Unos extraños ruidos turban la paz del hogar. Se trataban de unos  sonidos fuertes y raros, como provocados por golpes violentos. Podrían compararse a puñetazos que hacían vibrar las paredes o , incluso, el golpear constante de cascos de caballos sobre el firme de la cuadra produciendo trepidaciones en los edificios. Así es como los describía la gente de la época que tuvo ocasión de escucharlos y describirlos.

En un principio el sr. Colmenero achacaba los ruidos a sus vecinos del principal, ya que él y su familia vivían en el entresuelo de la vivienda. Cual fue su sorpresa cuando estos le contestaron que no eran ellos los causantes de tales sonidos  y , aunque en menor intensidad, también podían escuchar estos ruidos inquietantes. Los extraños ruidos no solo continuaron sino que fueron incrementando su intensidad propagándose incluso por las vigas del propio edificio. Extendiéndose, de esta manera, por todo el inmueble y las viviendas adyacentes, dando lugar a un gran número de personas que participaban de aquel misterio.

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Alrededor de la casa, multitud de curiosos se amontonaban para intentar ser testigos oculares y auditivos de aquellos fenómenos del todo inexplicables.

El seis de julio de 1915 unos cuarenta agentes de policía, ordenados por el Gobernador Civil sr. Motilla, junto con el inspector provincial sr. Rodríguez, el jefe de policía sr. Oliveras, el capitán  sr. Alicart y el juez municipal sr. García Mústieles, fueron los encargados de registrar el inmueble minuciosamente e investigar el caso. Practicaron un espectacular despliegue. Se acordonó la zona y se hicieron inspecciones oculares, interrogatorios y registros por todo el inmueble

Incluso el ayuntamiento tomó parte y envió al arquitecto jefe municipal el sr. Aymani para que investigara mas profundamente las calles cercanas al lugar con una brigada de obreros que practicaron registros en varias calles adyacentes.  Los obreros, bajo las órdenes de técnicos, abrían boquetes, descubrían vigas y recorrían alcantarillas en busca de una explicación más lógica. Se registro minuciosamente la red de alcantarillado  de casi todo el barrio, así como canalizaciones, posibles acequias y pozos que, por aquel entonces, eran frecuentes incluso en pleno centro de Valencia.

Fue tanta la repercusión que tuvo este fenómeno, que la gente se agolpaba a diario frente a la casa, donde llegaron a ocurrir altercados, tales como empujones de la policía al gentío asistente sin que diera la orden un superior y en contestación  se producían  lanzamientos de piedras hacia estos como protesta, dando lugar a cinco policías heridos. Incluso los niños, aprovechando la situación gastando bromas con lanzamientos de petardos.

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El acontecimiento ocupó páginas en los periódicos como noticia del momento.

* Las Provincias: “La Casa de los Ruidos. Nueva estrategia de la fuerza publica. Un reto a los espíritus y una contestación inmediata. Las autoridades en ridículo:”

*Levante: “La Casa Misteriosa: La casa se pone cada vez mas seria. Los ruidos siguen en distintos sitios. Una inspección y dos registros sin resultados.”

*Pueblo: “La Casa de Tócame Roque: Brujas y almas en pena. Los ruidos del nº7. El descubrimiento de un juez. Las autoridades en ridículo. Carga brutal de la policía.”

Los informes quisieron dar una explicacion lógica haciendo alusiones a ruidos en los tabiques explicando que en los tabiques ligeros eran mas perceptibles que en las paredes maestras, la ubicación de camas en suelos mas sensibles, un armario que se colocó en un lugar que antes no estaba, una pared medianera entre dos casas, un tabique vibrante que antes no lo era. En fin,salieron del paso sin poder encontrar una explicación que resolviera la causa de los inexplicables y molestos ruidos.

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El ambiente que se vivía debido a esta inusual situación fue haciendo crecer el misterio y el temor. Los oficios religiosos fueron incrementándose debido a la creencia de que quien producía aquellos ruidos fuera un alma en pena y las gentes en su buena voluntad encargaban misas por ella, para que este alma en pena se apaciguara. Tanto en la Catedral como en las iglesias cercanas, realizaron misas y ceremonias especiales para pedir  por aquellas almas que se manifestaban en la casa o para ahuyentar  a las ánimas del Purgatorio. Aumentaba diariamente el número de feligreses en las misas de cada día. Incluso se llegaron a realizar ceremonias religiosas por encargo de los mas temerosos con el fin de cumplir la voluntad del supuesto difunto a quien algunos atribuían las extrañas manifestaciones.

La realidad es que el 13 de Julio  del mismo año, los ruidos cesaron y con ello las investigaciones  de la policía. Nunca más se volvió a escuchar aquellos sonidos inexplicables.

Buscando contestación a la procedencia de estos fenómenos acústicos se han barajado varias posibilidades. Una de ellas, y la que parece cobrar mas fuerza, es el origen de la manera en que se adquirió la casa. En distintos periódicos de la época  y después de los sucesos descritos, intentando buscar una explicación al asunto, se presenta documentación sobre el siguiente acontecimiento: El sr. Colmenero participa en una subasta testamentaria de la cual procede la citada casa. A  ella concurre nuestro protagonista junto a otro pretendiente de la casa, el sr. Mariano Roger. Se celebrarían dos subastas más con la intención de reducir el precio siempre y cuando no hubiera un tercer candidato para la adquisición. Al parecer, uno de ellos no acudió a la subasta y el otro, el sr. Colmenero, ganó la casa en condiciones muy ventajosas en subasta celebrada el 22 de junio de 1915. El sr. Mariano Roger era dueño de la casa ubicada en la calle Caballeros n º 43, o lo que es lo mismo, el edificio colindante a la casa protagonista de nuestra historia, desde donde hubiera sido relativamente accesible provocar ciertos ruidos. Es a raíz de la adquisición del inmueble por la familia Colmenero  cuando empiezan a surgir los misteriosos ruidos que tienen en vilo a todo el mundo, incluida la prensa. Tal vez el sr. Roger intentaba que su competidor en la subasta abandonara el hogar que podría haber sido el suyo.

También se ha barajado la posibilidad de al tener dos hijos en edad adolescente hubieran gastado algún tipo de broma y debido a la expectación causada esta se fuera retroalimentando de manera desmesurada.

Aunque, la explicación mas razonable seria que el edificio tenia movimientos estructurales que bien podrían haber acabado cayendo encima de algún o algunos infelices que dentro de el se pudieran encontrar.

El suceso estuvo retenido en la memoria de los valencianos durante mucho tiempo, e incluso la casa se encontraba en la ruta de visitas guiadas para turistas. Cabe mencionar que también fue protagonista en la temática de una falla, haciéndole un homenaje  con sus esculturas cartón piedra:la Falla Plaza del Contraste ( hoy falla Ruzafa, Calle Denia).

Pero lo cierto  es que durante el verano de 1915, en Valencia, en el barrio del Carmen, en la plaza del Esparto nº7, sus mañanas, sus tardes y sus noches vivieron con la compañía de ruidos que todavía hoy no se puede asegurar su origen. Tal vez las misas rogando por el alma de algún espíritu perdido surgieron efecto, o tal vez las vigas que reclamaban atención se calmaron por arte de magia. Tal vez, también, los niños que tiraban petardos querían llamar la atención de la gente. Nada es seguro, pero lo que si fue real fueron los ruidos, los sonidos desconocidos  que despertaban y alertaban tanto a los inquilinos del inmueble como a la gente que se recreaba en sus visitas al lugar. Hoy, más de cien años después, nadie sabe a que fueron debidos.

Y dígame, querido lector, oye usted ruidos furtivos en su casa o  acaso piensa que solo son los cimientos……

Paloma Juan

 

 

 

Bibliografia:
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