Con motivo del 130 años de la auténtica, en mi modesta opinión «dama de hierro» me vais a permitir una licencia que le dedique unas palabras a una de mis maravillas del mundo, mi idolatrada Torre Eiffel. Perdonadme, pues más que un poeta maldito me considero un maldito poeta, pero en ellas va mi sentimiento y mi felicitación hacia este gran monumento.

Tour d´argent, sí, abundante plata generas al pueblo francés, aunque apunto estuviste de ser destruida y puesta del revés.

Como casi pronunciaría el Sire, 130 hermosos y férreos años os contemplan mademoiselle, sigues igual de bella que ayer.

Durante la Belle Epoque fuiste erigida bajo la maestra dirección de Eiffel, siendo de una exposición universal la protagonista.

Majestuosa, serena, diste la bienvenida al bohemio nuevo siglo, desde tu estructura, hasta locos probaron en parachute tristemente tu altura.

Fuiste señal de aviso de peligro en las noches lúgubres de la gran guerra o faro de luz que iluminar a diferentes navegantes, hasta Lindbergh guiaste en su vuelo transoceánico.

Con tus 325 metros de altura llegaste a ser el edificio más alto del mundo, hasta que llegaron los americanos, siempre llegan, con su Chrysler Building para finiquitar tremendo récord.

Una vez quisieron incluso venderte un espabilado farsante alemán que por acaudalado hombre de negocios tuvo la desfachatez de identificarse.

Las tropas germanas desfilaron en tus aledaños, al frente un trastornado bigotudo fotografiado ante ti, preso de locura Neroniana también quiso hacerte daño deseando quemar todo en su retirada.

De nuevo llegó una revolución a tus cuatro robustas patas, estudiantil, joven en este caso, a Dany el del pelo rojo viste luchar hasta el ocaso.

Al tiempo que caía un muro gris divisor de un mismo pueblo, tu celebrabas gozosa y espléndida tu liberté, tú centenar, por tanto tu anniversaire.

Adieu siglo XX, continuas impecable, preciosa a cualquier hora desde los bateauxmouche que navegan por el Sena.

Te adentras de lleno en la era digital con su informática velocidad, pero nosotros los humanos nos enfrentamos de forma brutal. Charlie Hebdo, Bataclan, el Yihadismo angustiosamente presente en la realidad de la vida parisina, hierática tú, soportas el control extremo de acceso para turistas, hasta unos parabanes transparentes colocan a tus pies.

Desde tu famosa atalaya viste recientemente arder Notre Dame, impasible aguantas el envite por doloroso que este sea.

Finalmente ahora que la UE sufre para seguir derecha, impón tu ley convirtiendo tu esbelta forma en símbolo de Europa.

Felicidades Chérie!