María López Ducos, aunque de nacionalidad española, nació en Paris, en el año 1915. Años  más tarde se dedicaría a servir como criada en una casa en Valencia, donde no sabían que María había abandonado a su esposo e hija. La patrona de la casa, tampoco es conocedora de que María se acuesta con su marido y con su hijo. Poco tarda en averiguarlo y echarla de su deshecho hogar. Es entonces cuando María conoce a Salvador Rovira Pérez, conserje del entonces Cine Oriente, una sala de proyecciones ubicada en la calle Sueca número 22 de Valencia, en el conocido barrio de Ruzafa.

Salvador, hombre separado que huyó de sus obligaciones como padre y marido, con antecedentes penales, violento, bebedor y mujeriego se amanceba junto a María en su vivienda, la cual se encuentra dentro del mismo local de proyecciones donde también trabaja como conserje.

Las discusiones entre la inestable pareja son continuas. No son extraños sus disputas  y altercados para los vecinos. Arañazos, moratones e insultos son diarios en la subrayada pareja.

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La vida diaria de ambos residía en la sala del cine, él gestionando las proyecciones de las películas del momento, así como el mantenimiento de las instalaciones y ella encargándose de la limpieza del local.

Cierto día y de repente, Salvador desaparece. Un hedor insoportable inunda la sala de cine y la policía comienza una serie de investigaciones alrededor de la persona de María.

El día 30 de junio de 1950, la policía encuentra en las proximidades del ferrocarril a Barcelona, un cesto de paja conteniendo las extremidades inferiores y superiores de un hombre. Así es como comienzan las diligencias en la comisaria de Ruzafa.

Pocos días después, en un solar abandonado de la calle Sueca, tras un kiosco, aparece una caja vieja y sucia con dos sacos en su interior, donde dentro de cada uno está la mitad de un tronco humano, seccionado por la cintura y en total proceso de descomposición.

Al mismo tiempo, se reciben quejas de los espectadores del cine y los vecinos del local sobre un hedor insoportable, el cual es justificado por el dueño del local debido al inevitable olor que despiden  las ratas muertas que el veneno colocado en las instalaciones está provocando.

Es así, como debido a todos estos acontecimientos, el mismísimo jefe superior de Policía de Valencia, decide intervenir e interrogar, personalmente, al conserje del cine. Pero, cuál es su sorpresa, que la mujer que con él vive amancebada le dice que ha tenido que salir aceleradamente hacia Barcelona en respuesta a un telegrama recibido la noche anterior.

El día 29 de junio, la mujer legítima de Salvador también acude a cobrar la pensión que este le pasa todos los meses para la manutención del hijo de ambos y también se extraña de su repentina y no avisada marcha. Más aun, cuando comprueba que no se ha llevado consigo pertenencia ni maleta alguna.

Mientras tanto, se practica un nuevo y minucioso registro en la casa del conserje en el que encuentran papeles idénticos a los que envolvían los restos humanos hallados, una barra de hierro con restos de pelos y sangre, una sierra y un cuchillo de carnicero, y finalmente, dentro del mismo cine, es encontrada una caja de galletas que contenía una cabeza humana.

Es de esta manera como María se declara culpable y cuenta a la policía los macabros acontecimientos acaecidos el 27 de junio de 1950:

A primera hora de la mañana, Salvador y María, tuvieron una de tantas discusiones. Salvador pretendía propinarle una nueva de sus palizas, ebrio y encendido. María al querer defenderse lo empujó y éste cayo de espaladas golpeándose contra el pivote de una viga, muriendo en el acto. María intenta deshacerse del cadáver y no se le ocurre mejor solución que descuartizarlo en tres partes: cabeza, tronco y extremidades. Todo ello ayudado por las herramientas empleadas por Salvador para las reparaciones del cine.

No duda en depilar todo el cuerpo, pintarle las uñas y despojarle de un tatuaje para que no  pudieran identificar el cuerpo  de ser encontrado y, de esta manera, si las partes del cuerpo se descubrían lo asociarían a una mujer y no a un hombre.

Todas las partes descuartizadas las esconde en el tocador de señoras del cine. Cuando al pasar los días y el calor apretaba cada día más, el hedor se hace insoportable. María decide sacar los restos fuera del local.

El día 30 de junio, de madrugada, empaqueta las extremidades y las mete en un capazo, el cual deposita junto a la vía férrea que lleva a Barcelona, en la calle Centelles.

El día 3 de julio, hace lo mismo con el tronco , el cual deja abandonado dentro de una caja en un solar de la calle Sueca, detrás de un kiosco ubicado tras la calle Sueca y la calle Denia, aprovechando un descuido del sereno que rondaba esta zona.

Finalmente, la cabeza la deja tras la pantalla del mismo cine donde se proyectaban las películas. El día que encuentra la policía la cabeza se estaba proyectando la película “La muralla invisible”, la cual fue suspendida en su proyección de inmediato.http://valenciaculture.com/el-descuartizamiento

María, comienza a quemar espliego en su habitación para disimular el hedor insoportable que se acentúa en sus dependencias, lo que también hace sospechar a la policía en su investigación.

Confrontadas los neurodactilogramas con las tarjetas decadactilares existentes en los archivos del gabinete de la policía, son identificados como pertenecientes a Salvador Rovira Pérez, casado, hijo de Salvador y de Carmen, domiciliado en la calle Sueca número 22 de Valencia.

Al juicio de María López  acudieron más de 3.000 personas. El Palacio de la Audiencia estaba repleto, tanto la sala donde se celebraba el  juicio como el resto de estancias, escaleras y la Plaza del Marques de Estella (hoy Portal de la Mar).

Fue un terrible suceso que alteró los comentarios tanto en periódicos como en tertulias coloquiales en toda la población valenciana.

Este macabro suceso dio lugar a la película “El crimen del Cine Oriente”, dirigida por Pedro  Costa.

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El crimen fue cometido  el 27 de junio de 1950, María fue detenida el  5 de Julio de 1950 y fue condenada a seis años y un día de prisión por homicidio, mas cinco meses de arresto por inhumación ilegal.

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Los dueños del Cine Oriente decidieron cambiar el nombre del cine para despegarse en lo posible de los hechos que tanto ahuyentaban a la gente. Pasó a llamarse San Carlos, más tarde Acroy, incluso con los años llego a convertirse en un cine infantil al que bautizaron como Junior y finalmente termino siendo una sala de proyección de películas X.

En el año 1981 el edificio fue pasto del zapapico y en su lugar se levantó un edificio de viviendas y en sus bajos podemos encontrar hoy en día una sucursal bancaria.

 

Paloma Juan

 

Bibliografía:
http://valenciaculture.com/el-descuartizamiento-del-cine-oriente/
http://mibarrio.lasprovincias.es/eixample/gente-cercana/2012-07-19/cines -ayer-1206.html