-¿Cómo fue el salto de ser actor a la política?

Veía cómo estaba el panorama en Valencia, el cultural sobre todo, por mi profesión y siempre pensaba a ver si viene alguien y lo arregla. A ver si la gente vota otra cosa, hasta que un día piensas: en vez de esperar a que pase: ¿Y por qué no haces tú que pase? Así que de un día para otro prácticamente, dije hay que intentarlo, hay que implicarse y me afilié al Bloc. Y como no se estar quieto, al poco tiempo estaba en la ejecutiva, tres meses después formaba parte de la ejecutiva de Compromís y a partir de ahí me puse a trabajar.

-¿Por dónde empezaste?

En la sectorial de Cultura y en la de Fiestas. Soy fallero desde los 3 años y fui presidente de Falla tres años. Cuando llegaron las primarias me presenté, salí en las listas y aquí estoy.

-¿Habías pensado alguna vez dedicarte a la política?

La verdad es que no. En mi casa siempre se ha hablado y es un tema que siempre me ha gustado, pero dedicarme no. Tampoco creo que sea mi oficio para siempre. Mi profesión es actor. Estoy trabajando ahora en el Ayuntamiento y no se cuánto tiempo estaré, pero mi idea es volver a lo mío. Aunque nunca se sabe qué puede pasar. De momento tenemos hasta 2019.

-Has comentado que tienes madera fallera. Aunque no sea de tu área, el conflicto de las carpas te afecta directamente. ¿Cómo se hará el año que viene?

Sé que Pere (Fuset) ha reducido el número de días que están en la calle e intenta por todos los medios reducir las molestias a los ciudadanos. Ten en cuenta que durante muchos años se ha llevado de una manera. Y ya no es porque sea el PP, es que cualquiera que esté 24 años del mismo gobierno lleva una rueda que tampoco es bueno, es necesario cambiar. Pero modificar una dinámica de 24 años no es fácil. Desde Fiestas se está racionalizando las salidas del espacio público, reduciendo días, etcétera. Con mucho diálogo y trabajo.

-Uno de los caballos de batalla del comercio, son las rebajas. Con los descuentos, los productos de China, la compra on line…, han perdido sentido y están algo desvirtuadas. ¿Se va a hacer algo en este sentido?

Puede que hayan perdido un poco de fuelle, pero tampoco te creas. Luego llega Enero y la gente se espera. Lo que sí hacemos es apoyar al pequeño comercio, que tengan repercusión. Campañas que lleguen a la gente. Porque es un comercio el que hace barrio, hace ciudad y a nosotros nos gusta el comercio de proximidad. El trato es muy diferente.

-¿El pequeño comercio da vida a la ciudad?

Claro que sí y por eso ayudamos a promocionarlo, como las campañas de las bolsas, con el Consell Local de Comerç, donde proponen iniciativas. No podemos prohibir hacer los Días de Oro, pero sí ayudar al pequeño a ser más visible. Un ejemplo es la Shoppening Night, que tiene mucho éxito. También las campañas en los mercados, tanto puntuales en cada uno, como el Bonica Fest, y después colaboramos con cada una de las asociaciones en particular. Ahora estamos colaborando con los Comercios del Centro en la campaña de ‘Un planazo Monumental’, con la del Marítim, en un festival de Jazz, que se llama MariJazz.. Porque al final ellas son las que más conocen sus inquietudes y lo que necesitan. En Navidades hacemos campañas conjuntas, en Sant Dionís llevamos dos años haciendo campañas con el gremio de pasteleros…

-Otro tema muy complicado son los horarios comerciales.

Aquí se ha hecho muy mal. En Valencia debería haberse declarado una zona turística de libre horario y se decretaron cuatro y luego una quinta por orden judicial. Al final es toda la ciudad. Es muy complicado porque es una ley estatal y regulada por la Generalitat. El Ayuntamiento poco puede incidir.

-¿Qué debería cambiar a su parecer?

Nosotros luchamos porque se retire la obligatoriedad de la Ley de Afluencia turística. Que cada Ayuntamiento tenga libertad de ejecutarla. Yo entiendo que Benidorm no es lo mismo que Valencia y tiene otras necesidades, porque es 100% turístico. Valencia debería delimitar sus zonas, consensuarlas, hablar con las asociaciones, preguntarles dónde queremos la zona, cuándo, solo en verano, todo el año… No nos negamos a ninguna propuesta, pero sí a que vengan impuestas desde Madrid. Allí no conocen el pequeño comercio de la ciudad, ni las zonas, ni nada. Ellos ponen unos parámetros a los que te tienes que ceñir y encima aquí lo hicieron tan mal, que actualmente tenemos toda la ciudad abierta.

-¿Cada barrio es una historia?

Con todos mis respetos, no podemos decir que Orriols sea una zona de gran afluencia turística. Lo que pasa que allí hay un centro comercial y decidimos que lo es para que abra. Así no podemos ayudar al pequeño comercio. Ligar turismo con comercio a ese nivel es absurdo. Con la globalización, todo está en todas partes y como turista buscas algo que no tengas en tu país, un recuerdo, comer algo distinto. Ese tipo de establecimientos y zonas son las que debemos tener en cuenta.

-¿Ha tenido la repercusión que se esperaba la apertura de los domingos?

¡No! Además no ha conseguido lo que se pretendía, se supone que iban a aumentar las contrataciones, incentivar el consumo… pero no ha sido así. La conciliación familiar trabajando los domingos se acabó. Ha sido el único cambio. Y el pequeño comercio, que son ellos mismos quienes llevan la tienda, no pueden abrir todos los días. Esa competencia es brutal.

-Hace poco leí un artículo sobre el declive y abandono de los centros comerciales en EEUU. ¿Aquí puede estar pasando algo parecido?

Sí, yo lo he compartido hoy, es muy interesante. El ocio allí se está europeizando y volviendo al pequeño comercio. El trato que te dispensa un pequeño comercio no tiene nada que ver con los centros comerciales. Por ejemplo es más exquisito, más de tú a tú.

-Pero como Ayuntamiento también es vuestro cometido a apoyar a los grandes.

Sí, como administración debemos apoyar a todos, grandes, pequeños y medianos. Ahora, si tengo que promocionar a alguien, es a quien más lo necesita, que son los pequeños.

-Acaba de entrar en vigor la prohibición de aparcar en el carril bus. ¿Sois conscientes de la antipopularidad de la medida?

Bueno, primero hay que ser conscientes que la prohibición es en los carriles por donde pasa el nocturno. Que por cierto se ha aumentado su ruta. Luego se ha hecho una campaña con los parkings, que en Valencia hay parkings que están vacíos. Se ha establecido una tarifa de 5 ó 6 euros y entre 4, al final es euro y medio por persona. Un ejemplo concreto: en Rufaza es verdad que el del Mercado se llena enseguida, pero a 500 metros, cruzando Gran Vía, hay otro vacío. En Valencia tenemos la mentalidad de aparcar en la puerta y nos pasamos el rato dando la vueltas a la manzana. Se puede andar un poco. Tenemos aprendidas como normales cosas que no lo son. Somos la única ciudad de España, diría yo, que aparcamos en segunda fila sin freno de mano y ya está. Y no es normal, como tampoco aparcar en el carril bus. Por ahí pasan los buses y los taxis. Hemos visto normal algo que no es normal.

-Tampoco ha gustado a algunos vecinos y comerciantes la peatonalización de zonas como el Mercado Central. ¿Es acertado peatonalizar el centro?

Ve a todas las grandes ciudades, todas tienen el centro peatonalizado. En Mª Cristina, por ejemplo, sigue estando los parkings. Se han quitado “Cuando se peatonalizó Don Juan de Austria era una locura y una barbaridad y fíjate ahora” solo 14 plazas de zona azul. Que ahora hay más tráfico porque se ha peatonalizado una parte, vale, pero se puede acceder. Lo que pasa es que si nos empeñamos en decir que no se puede acceder al mercado central, al final no se podrá acceder al Mercado Central. Se puede comprar perfectamente, se puede y se debe disfrutar de él. Es uno de los mejores del mundo. Cuando se peatonalizó Don Juan de Austria era una locura y una barbaridad, aquello iba a morir, y ahora dile a la gente que quiten la peatonalización. Todas las políticas de movilidad necesitan un tiempo de adaptación de la ciudadanía.

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