Texto: Juana Camps

La antigua Birmania ha vuelto a la escena internacional como uno de los destinos más fascinantes de Asia. Desde el ritmo anticuado de Yangón en torno a sus pagoda hasta los brillantes templos de Bagan.

Anclada en el tiempo tras décadas de un duro régimen autoritario, Myanmar es el Asia que la modernidad olvidó.  La mejor época para viajar a este país es durante la temporada seca, es decir, ahora. Y hay que viajar como lo hacían los antiguos exploradores del s. XIX: despacio, sin prisas, visitando templos y mercados en tuk tuk, interactuando con los lugareños, descubriendo las curiosas etnias del lago Inle o impresionantes pagodas como Shwedagon. Aquí los atascos son de antología y cruzar una calle se convierte en una aventura a la que uno se acostumbra rápido. Y lo mismo con los hombres, la mayor parte ataviados con faldas y chanclas.

Los 2.500 monumentos budistas construidos entre el siglo X y XIV en Bagan son visita obligada. Solo los turistas, los campesinos que aran los campos como en los años de Marco Polo y los vendedores de postales y figuras de Buda se mueven por estos caminos. No se ve apenas gente ya que en 1990 la población fue obligada por decreto de uno de los gobernadores a trasladarse al otro lado del río. Se les acusó de robar reliquias. No todos los templos han llegado hasta nuestros días ni son tan antiguos, pero no por eso deja de merecer la pena madrugar y acudir hasta allí con los primeros rayos de sol. Mejor todavía si se contrata un paseo en globo para admirarlos desde las alturas, copa de champán en mano.

Luego está el lago Inle, otro imprescindible. Un lugar rodeado por verdes montañas y más de 200 aldeas y pueblos flotantes que esconde todo lo que un viajero busca. Desde rutas de senderismo, paseos en barca, rutas en bicicleta e incluso viñedos. El Lago Inle sorprende, pero como en el resto Myanmar está cambiando, dando paso a hoteles de lujo en medio del lago y cajeros automáticos en un pueblo tan pintoresco como es Nyaungshwe.

Desde Mandalay, la segunda ciudad más grande del país, parten algunos de los barcos que navegan por el Irawadi, el río que cruza el país de norte a sur. El Road to Mandalay (Camino a Mandalay), un crucero organizado por Orient Express, llega hasta Bagan en una de sus rutas.

Y no podemos olvidar Yangón, la antigua capital del país, que está aprendiendo a presumir de su decadencia. Es una de las ciudades más antiguas del sudeste asiático, cuya agitada historia ha dejado su impronta en los edificios y el pavimento. Aquí todavía se pueden encontrar delicias en los puestos de comida callejeros y podemos sentarnos a leer un libro en uno de sus conocidos tea shops. O quizá disfrutar de un cóctel en The Sarkies Bar en The Strand Yangon, un edificio colonial frente al río Irawadi. Allí descubrirás que nada te prepara para los atarderes de Myanmar.

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