Hoy quiero hablaros de mi tía, la tía universal. Le llamamos así porque toda la humanidad, sean familia o no, se refieren a ella como la tía Fina: amigos de sus sobrinos, los hijos de los amigos de sus sobrinos, las vecinas, el panadero, la portera… Su edad también es universal. Yo creo que tiene la misma desde que yo era pequeña. Y puede que esa universalidad, esa edad indefinida, le otorguen super poderes, porque otra explicación no le encuentro.

Veraneamos juntas desde que nací y os aseguro que tiene una fuerza y aguante fuera de lo común. Fuma como un carretero, pero se hace los 1.000 metros lisos recorriendo la casa y el jardín, quitando rastrojos, arrancando malas hierbas, a la vez que limpia, recoge, organiza armarios y pliega con precisión milimétrica desde las sábanas a las braguitas. Después se va a la compra andando, se cruza el pueblo y llega como una rosa; mientras tú con décadas menos, estás ahogada en la primera esquina, no eres capaz de agacharte porque te viene el lumbago y para doblar una toalla medio bien haces 3 intentos.

Como en invierno parece que se aburre… llega a a casa con un carro, me coge el montón de ropa para planchar (que en ocasiones roza el techo) y me lo devuelve mejor que en la lavandería.

El único problemilla es que les hace la raya hasta a los vaqueros, me ha remendado los pantalones rotos recién comprados, (incluso les ha puesto rodilleras de estas de cuando éramos pequeños) y les ha hecho orilla a los deshilachados. En cuanto te descuidas ha introducido en tu casa un frutero que no necesitas ‘porque era de la abuela y es una pena’, te ha colgado trapos en la cocina, o le ha metido un sombrero de ganchillo al papel del water.

Pero qué más da. Ha ayudado a criar a dos generaciones y va a por la tercera. Ha trabajado desde que era casi una niña y siempre está para todos. Cuando digo todos es TODOS, que para eso es la tía universal. Si quiere costumizar la ropa, el baño o la cocina. Si se inventa las pelis al estilo Cándida, si sus versiones de los hechos distan un pelín de la realidad. Si ella cree que es un GPS andante, que domina las direcciones incluso yendo por Nueva York y en realidad no tiene ni idea, está en todo su derecho. Su multitud de sobrinos le damos carta blanca.