El amplio estudio de Amalia Martínez está lleno de obras de diferentes formatos y épocas,  y reflejan su personalidad curiosa e inquieta. Llama la atención su sonrisa espontánea y sobre todo sus ojos inteligentes que analizan pero que te hacen sentir cómoda al momento.

Amalia, comienzas estudiando Farmacia, más tarde haces Bellas Artes doctorándote en el Departamento de Historia del Arte, te licencias en Filosofía y acabas como profesora titular de Historia del Arte en la Facultad de Bellas Artes.

¿Cómo se puede compaginar actividades en principio tan diferentes?

La respuesta es muy simple: teniendo una enorme curiosidad. Estamos acostumbrados a considerar que Humanidades y Ciencias son ámbitos contrapuestos y hasta irreconciliables; sin embargo, ambas no hacen sino interrogarse sobre el mundo, aunque desde puntos de vista distintos. Me interesa casi todo y, además todo está interconectado,  lo que aprendes en un campo revierte en lo que haces en otro.

¿Una teórica del arte como tú cómo llega a realizar pinturas tan matéricas?

La pintura es, por encima de cualquier otra consideración, un objeto, y su valoración depende de sus cualidades matéricas. Para mi es muy importante la materialidad. Ahora se confunde el arte con las ideas sobre arte -que serán crítica artística, estética o teoría del arte, pero no pintura. La teoría es muy importante, por supuesto, te alimenta el cerebro y el espíritu, es absurdo el divorcio de teoría y práctica; pero cuando pintas eres un obrero, mas o menos competente en función de tu capacidad para manejar la materia.

Entonces, estás en contra del arte conceptual…

Estoy en contra del abuso que se hace del arte conceptual. De la frecuencia de la que se sirve de él como una etiqueta que justifica dar el estatuto de arte a cualquier cosa. Del desprecio que desde esa etiqueta se hace hacia el placer visual tildándolo de superficialidad, cuando la inmensa mayoría del arte conceptual es simple repetición de consignas y banalidades sacralizadas.

A menudo pongo el siguiente ejemplo a mis alumnos. Si yo les propusiera realizar una obra a partir de una idea concreta y elaborada, incluso si especificara la iconografía que deberían usar, la composición y, más aún, la técnica y los colores (o el tipo de collage o la instalación, tanto da), habría tantas obras diferentes como número de alumnos, y entre ellas habría todo tipo de calidades. Con la misma idea se pueden pintar cosas fantásticas o mediocres.  Por ejemplo, Miguel Ángel nos deslumbra por su fuerza, pero había otros artistas de su tiempo que compartían las mismas ideas y no tuvieron la misma capacidad de maravillarnos.

¿Crees que en el mundo del arte la mayoría de la obras están sobre valoradas?

¿Te refieres al conceptual? Aunque parezca un tópico, creo que pasa lo mismo que en  el cuento del Rey desnudo, sólo un niño se atreve a decir la verdad. Veo mucha obra que sólo vale el peso del catálogo que le acompaña. El mundo del arte está lleno de clichés, de demagogia, de teatralidad.

¿Y cómo crees que deberíamos cambiar eso?

Sólo hay una forma de educar el oído para apreciar la música: escuchando música. Como se aprende de vinos degustando vinos y a jugar  fútbol rompiendo botas. Sólo se sabe de pintura viendo mucha pintura, pero la mirada tiene que ser inteligente. Mirar no es un acto pasivo. Se mira a través de lo visto. Pero se da la paradoja de que los futuros artistas no ven museos ni les interesa la historia del arte que son básicos para aprender a mirar y tener espíritu crítico. Lo que se ve en las galerías es producto de esa falta de educación de la mirada, de la ignorancia de la historia, el cambio exigiría incidir en esos aspectos.

¿Te podría preguntar  entonces qué es Arte?

Hace mucho que dejé de preguntármelo, creo que no conduce a nada. Aunque también podría decirte que arte es lo que una sociedad en un momento dado designa como tal, pero eso sirve para poco. Creo que siempre es más fácil y más útil identificar lo que no es que definir lo que es, y yo tengo muy claro que no es arte mucho de lo que se expone como tal, pero nunca exigiría a nadie que coincidiera conmigo ni le diría lo que debe considerar personalmente como arte.

Polifacética, enérgica como pintora, sin embargo escribes ensayos teóricos sobre el arte actual. ¿Cómo compaginas esas partes diferentes de tu personalidad?

Cuando escribo soy metódica, rigurosa y ordenada en mis argumentaciones porque el objetivo es ser leída y entendida;  cuando pinto no tengo que pensar en el espectador y doy vía libre a la entusiasmo, me gusta la huella del gesto en la pincelada, el grafismo de apariencia espontánea, la visibilidad de la materia que chorrea por la superficie. Tengo un carácter fuerte y extrovertido, y soy muy impulsiva, todo eso se refleja en la pintura, pero siempre va dirigido por la cabeza, no me creo eso de que se pinta con las tripas. Yo pinto con la cabeza y mi parte racional me lleva al gesto y lo dirige, no hay antagonismo.

¿Cuáles son tus referentes? ¿Tus gustos?

Mis referentes abarcan toda la historia del arte, desde las antiguas civilizaciones hasta los artistas contemporáneos, tengo deudas directas con Picasso, Matisse o Tàpies, por ejemplo, pero con otros muchos más, famosos y desconocidos, se aprende de los buenos y a veces de los malos, se absorbe de cuanto te rodea y todo confluye en tu pintura.

Todos las exposiciones y premios en tu larga trayectoria significan que no has parado de trabajar. ¿Eso cómo te hace sentir?

Mi impresión es que siempre estoy empezando, cada nuevo aprendizaje me lleva a nuevas  cosas por descubrir, aunque siempre creo que me falta ya poco para empezar a pintar bien (risas)

¿Qué nos enseñas en esta nueva exposición?

Después de años exponiendo abstracto vuelvo a la figuración, gran parte de los cuadros de esta exposición son retratos. Llevo trabajando en ellos desde el 2004 de forma paralela a la abstracción, aunque no los había mostrado porque hasta ahora los resultados no me satisfacían. Pero los elementos formales con los que trabajo son los mismos para cuadros abstractos o figurativos, yo no hago distinciones entre ambos. Acuérdate de lo que decía de la materialidad, no hay más que líneas y colores cuyo valor viene determinado por su propia naturaleza, y que buscan el placer visual. De ahí el título de la exposición: Abstracción versus figuración, no porque sean opuestos, sino porque son una misma cosa.   
La obra de Amalia Martinez estará expuesta hasta el 10 de diciembre en Onestudio.

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