Fue amor a primera vista. Se enamoró del gorro, se lo puso y no se lo quita ni pa atrás. Sabía que iba a traer cola porque discreto no es. Hoy el peque llegó del cole diciendo que no se lo pone más, que algún nene se ha burlado. Algo muy normal entre niños. No dramemos*.                                                                            (*dramar=dramatizar)

Le he explicado que si a él le gusta, que se lo ponga. Que con esto ha aprendido que no debe burlarse de nadie, porque ya sabe lo que se siente y que lo importante es lo que crea él.

Y que ande yo caliente ríase la gente. Yo hace tiempo que he hecho mío ese lema, pero todavía es pronto para ellos. Algún día llegarán a este punto, ya harán el clic.

Ese momento mágico en que piensas: “no es que me de igual lo que piense la gente, pero me interesa más lo que pienso yo”.

Al menos eso espero, porque cuando te importa más lo que tú opinas de ti, que lo que opinen los demás (siempre está demás), te sientes totalmente libre y es lo que quiero para ellos.

Parece fácil, pero no lo es. Antes tendrán que pasar muchos momentos de ‘tierra trágame’ y darse cuenta, que al menos en esta zona, la tierra no suele tragarse a nadie. Así que tienes dos opciones, enterrarte tú, o escalar hacia arriba.

Ahí estaré yo para ponerles las botas de montaña, tirarles la cuerda, o lo que haga falta. Y a escalar, sin pasar por encima de nadie, pero siempre hacia arriba.