Voy a contaros mi día a modo de catarsis, o me trastornaré del todo.

A las 8:30 estaba en el médico, por lo que a las 8:00, cuando empiezan a levantarse para el cole, ya me había ido. Les he dejado preparados los uniformes de manga corta ‘of course’ pero parece que mi hijo ha optado por el de invierno y a mi marido le ha parecido buena idea.

He llegado a casa y me han llamado del cole, que el niño se encontraba mal (supongo que de un golpe calor). Antes de salir a por él, me he dado cuenta de que el aseo estaba inundado (se ha embozado por enésima vez el water por las cantidades ingentes de papel que echan mis hijos)

Al volver con el crío, me he encontrado con mi querido esposo y el inspector que viene a hacer la revisión anual del gas. Uno recogiendo agua y el otro alucinando con el panorama:

En la entrada una botella vacía de ron, que se terminó el sábado con unos amigos y como soy de reciclar, la tenía preparada para bajar al contenedor del vidrio, pero aún no había visto el momento. Al lado dos lamas de persiana rotas, para el plástico.

La cocina, que es donde estaba el señor trabajando, llena de calcetines, camisetas y demás prendas por todas las sillas.

Por la noche tendí la última lavadora tardísimo, como sale ya medio seco, me cansé a mitad y empecé a dejar cosas colgadas de cualquier manera por ahí. No os diré que no lo hago nunca y que hoy ha coincido, porque no es verdad.

Muchas noches que estoy ya rota, lo cuelgo por sillas de la cocina y cuando me levanto a hacer el desayuno (que nadie se come por cierto) lo recojo todo; pero hoy he salido mucho antes al médico y ahí se quedó. El hombre me miraba, miraba al niño vestido de invierno, la ropa colgada por las sillas, mi marido con el mocho recogiendo el baño, la botella en la puerta…Yo creo que no ha llamado a asuntos sociales de milagro.

Para terminar la jornada mis niños han decidido hacer brownie, mientras yo intentaba trabajar un rato. Pero no han cerrado bien el robot y la masa ha salido despedida hacia todas las zonas del planeta: pareces, techo, suelo, cristales, mesa, sillas… Incluso a la jaula del hasmter, que estaba en la galería, pero querían ‘que les hiciera compañía’.

No contentos con esto, han intentado arreglar el desaguisado ellos mismos, por lo que han empastrado el chocolate aún más y han ‘fregado el suelo’ con el cubo que había en el baño, del anterior percance. Apoteósico.

Cuando he visto el panorama he roto a reír-llorar.

Acabo de terminar de desinfectar la cocina y llevo un dedo vendado, porque al limpiar la jaula, la ratita me ha mordido.

Y hasta aquí este maravilloso 10 de junio que siempre recordaré.

PD: Hago un llamamiento a todo aquel que me propuso algún plan y dije que no podía, que pobrecitos niños. Olvídalo. Voy. Voy a todo. Lo que sea. Me lo he ganado. Lo necesito.