Alex de la Iglesia: “Conseguir la comedia es lo más importante en la vida”

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Charlamos con Álex de la Iglesia sobre su último estreno "El cuarto pasajero"

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Lleva ese humor ácido bien metido en el cuerpo, y la ironía rezuma en cada poro de su piel, que utiliza inteligentemente en cada una de las escenas de las numerosas películas que estrena cada poco tiempo. Alex de la Iglesia ha reinventado el género de humor negro, que ama profundamente. El cine español no puede entenderse sin el carácter mordaz de sus personajes, o esa calma intranquila que preceden a esos finales explosivos, donde las tramas aparentemente lógicas parecen no tener ningún sentido.

“El cuarto pasajero” es una rocambolesca historia sobre los peligros de compartir espacio con desconocidos. Como ya lo hiciera en obras anteriores, como “Perfectos desconocidos”, “La Comunidad” o en “El Bar”, encierra a cuatro personajes en un coche. Y lo que pasa dentro hay que verlo. Vivirlo. Y sentirlo como solo él lo muestra.

Sueles encerrar a los personajes en lugares pequeños. ¿Qué motivo tienes para hacer esto? ¿Es miedo a la libertad?

(Se ríe) Si, si, puede ser. Pues pueden ser muchas razones. En principio no hay ningún plan preconcebido, pero después encuentras ciertas razones. No sabría como explicarlo. Me encuentro mucho más a gusto en un espacio más cerrado, y me da la sensación de que nos conocemos más. Si ahora te quedaras encerrada en un ascensor, a esa persona acabarías conociéndola más que su madre, ya que estás en una situación de angustia que puede sacar lo mejor o peor de si misma. Si a los personajes los encajonas, se ven obligados a responder de forma muy rápida, en situaciones que los compromete como personajes, y los acabas entendiendo mejor. Y bueno, al final es más teatral y más barato también (se ríe).

¿Cómo es el trabajo con los actores?

Es un trabajo muchas veces de intuición. En este caso yo sabia que esta película iba a funcionar si los actores estaban bien. Que a veces pueden no estarlo, porque no entienden algunas cosas que les explicas o no aciertan con el tono. Entonces, el trato con ellos ha de ser especial, y tener esa mano izquierda para sacar de ellos lo que te interesa. Es un trabajo psicológico muy potente que se aprende con la experiencia y los años. Yo todavía no lo sé (se ríe), pero lo vas pillando. En este caso, los cuatro están perfectamente elegidos.

¿Cómo se planteó el rodaje en un espacio tan pequeño como es un coche?

En realidad lo que hicimos es partir el coche (se ríe). Cuando planteas las escenas en localizaciones de este estilo, la realización es muy agarrotada porque no tienes espacio. Solo se puede rodar con una cámara fuera del coche y un objetivo muy cerrado que se meta dentro, o dentro del coche con angulares muy potentes, que dan una imagen un tanto extraña e irreal. Y no me gustaba para esta película. Así que la solución fue despiezar el coche donde estaban los personajes. De esta forma pudimos utilizar incluso grúa.

Una de las escenas más potentes es la de la autopista. ¿Cómo fue su realización?

En realidad esa escena es en un plató (se ríe). Porque si se hubiese planteado en una autopista, que solo te la cierran unas horas, al día siguiente has de movilizar muchísimos medios de nuevo, así que decidimos construir un trozo de autopista, con un croma delante y otro detrás, y luego postproducir las tomas. Es difícil a nivel de producción, pero controlas mejor la situación y estás más cerca de los personajes. Fue apasionante hacerlo así.

Las comedias parece que llegan menos, a nivel premios, por ejemplo. ¿Es más difícil hacer una buena comedia o un buen drama?

La comedia es como todo en la vida. Validamos más a una persona seria, porque valoramos la vida como un drama mucho más que como un lugar en el que pasárnoslo bien. Que es lo que debería ser. Los malos momentos van a llegar, y queremos gente seria que nos cuente historias dramáticas con las que aprendamos. Porque lo dramático es profundo y los superficial no llega al fondo de las cosas. Lo divertido no es lo más importante en la vida, sino sufrir. Y en el cine pasa lo mismo. La risa es frívola. El humor no tiene ninguna gracia. Pero yo creo que hay que darle la vuelta a eso. Porque conseguir la comedia es lo más importante en la vida. Y conlleva mayor riesgo también. En la comedia no te da tiempo a pensar y por eso parece peor.

Sueles repetir elenco en tus películas. Cuando escribes el guión, ¿lo haces pensando en un actor o actriz concreta?

No debería, y no conviene, pero inevitablemente sucede. Yo repito porque me siento cómodo. Al final, ya saben lo que busco y lo que me gusta, y es más fácil que con una persona con la que no has trabajado nunca.

¿A qué se debe el título? ¿Quién es el cuarto pasajero?

Podríamos pensar que es el último que llega, pero es una referencia al cine de Alien donde el octavo pasajero era el monstruo.

No has parado este año ¿Qué proyectos tienes próximamente?

La verdad es que he estado ocupado. Pues mira, ahora estamos con la segunda temporada de 30 monedas (y habrá una tercera), producimos la primera película de Eva Hache, que termina esta semana el rodaje, y la película de terror de Jimina Sabadú. Y bueno, el estreno de Venus, de Jaume Balagueró, que también hemos producido.

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