Dolores Redondo: «Mis lectores son mi poder y mi red, ellos me sostienen»

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Charlamos con Dolores Redondo de todo ello, en una conversación agradable y cercana, tal como es ella: la diva española de la novela negra. Una mujer de carne y hueso, elegante, amable, natural y entusiasta de su trabajo, reflejo de la felicidad que da ir cumpliendo sueños.  

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  • La escritora presenta en Valencia su última novela, ‘Esperando al diluvio’

A partir de un hecho real y documentado, Dolores Redondo ha hilvanado su última novela, ‘Esperando al diluvio’ (Destino), que cuenta la historia de un asesino conocido como John Biblia (aunque no se llama así, claro). No se sabe su nombre porque nunca fue detenido, pese a que cometió al menos tres crímenes en la década de los sesenta en Glasgow. Se trata de un caso aun abierto que constituye una mancha para la Policía escocesa.

En esta obra, recientemente publicada, el asesino viaja a Bilbao con la intención de seguir matando a jóvenes en discotecas. Tras él, un policía movido por una intuición, que ya estuvo a punto de detenerlo tiempo atrás y no lo logró…

Los dos personajes llegan a un Bilbao amenazado por el diluvio dos días antes del inicio de las fiestas de 1983 y en ese escenario, Dolores Redondo diseña una trama muy atractiva, en una ciudad reconocible en todos sus rincones.

El mal, el pasado, el dolor, la responsabilidad, la culpa, son temas presentes en esta nueva entrega que es, con toda seguridad, su novela más madura y compleja. Charlamos con Dolores Redondo de todo ello, en una conversación agradable y cercana, tal como es ella: la diva española de la novela negra. Una mujer de carne y hueso, elegante, amable, natural y entusiasta de su trabajo, reflejo de la felicidad que da ir cumpliendo sueños.

Pregunta. ¿Cómo te sientes con la consolidación de tu éxito?

Eso hay que ponerlo entrecomillado, porque creo que el éxito no está consolidado nunca. Cada nueva novela, siento que empiezo de cero. Citando a José Sacristán, que cuando estrena obra dice que le tiemblan las piernas, a mí me ocurre igual. Interiorizarlo de esta forma es un acierto, porque no puedes olvidar nunca que empiezas otra vez. Hay que tener un respeto enorme a tu público. Ese temblor del que hablaba Sacristán lo sentía yo hace unos días cuando iba a salir la novela. Y alguien me apuntaba, es que ya llevas muchas, no debías estar nerviosa, sabes que los lectores van a responder… Y yo les respondía, ¿y si no? ¿y si no les gusta? ¿y si no les gusta tanto? Entonces, vuelves a repasar lo que has hecho y piensas… “espero haberlo hecho bien”.

Tus obras viven un idilio con el cine. ¿Cómo lo llevas?

Me encanta, pero desde la distancia. Cuando adaptaron las obras de la Trilogía del Baztan, me gustó mucho, pero con la siguiente novela, La cara Norte del corazón, situada en el Nueva Orleans del huracán Katrina, los mismos productores me dijeron que eso en España no se podía hacer, que era una bestialidad. Y yo les dije es que yo no escribo guion, yo escribo novela, y si después no se puede adaptar a cine, pues que no se adapte. Yo tengo que intentar contar mi mejor historia para mis lectores, no escribirte un guion para que te funcione a ti o no suba de presupuesto. Eso a mí me es totalmente ajeno. En estos momentos, los derechos de La cara Norte del corazón los tiene el productor de Harry Potter, David Heyman, alguien con capacidad suficiente para rodar el huracán Katrina. Compró también los derechos de la Trilogía del Baztan porque le gustó mucho. Y sobre esta última novela, ocurre lo mismo: años 80, una gran inundación y destrucción sobre Bilbao, una ciudad que, tal como aparece en la obra, ya no existe. Sería muy difícil adaptarla, pero a mí me trae sin cuidado si se puede o no. Yo sé cuál es la historia que tengo que contar y si después se puede adaptar al cine, estupendo.

¿Cómo es tu proceso de escritura? ¿Tienes manías a la hora de escribir?

Creo que vivo en el mejor sitio para escribir, porque vivo en un pueblo y llevo una vida muy tranquila. A todos los eventos que me invitan, declino muy amablemente la invitación por ese motivo y eso implica un estilo de vida en el que puedo estar en casa y disponer de una buena rutina de trabajo muy buena. Hace años escribía siempre por la noche, pero desde que tuve hijos me adapté al horario escolar y, ahora que ya están en la universidad, sigo escribiendo en horario escolar. Escribo por la mañana y luego hago una pausa para comer. Por la tarde, depende de la fase en la que esté la novela, hago menos. Si estoy en la última fase utilizo todas las horas del día para trabajar. Y manías, no especialmente. Me gusta que el espacio esté iluminado, muy limpio y ordenado, y necesito estar abrigada porque siempre me quedo muy fría. Me pongo calcetines, manguitos, un chal: parezco una abuelita cuando escribo.

¿Cómo es tu proceso de creación de personajes?

Esto es muy difícil, nunca me he puesto a crear un personaje con determinados ingredientes. Simplemente, surge en mi mente. Cuando empiezo una novela la tengo en la cabeza muchos años y cuando me pongo con el primer borrador, ya sé mucho de los personajes. Es verdad que la escritura es algo vivo y luego, mientras vas escribiendo, vas construyendo y añades cosas que quizá no tenías pensadas. La construcción del personaje es psicología pura, nace de la observación de personas que tengo a mi alrededor, de personas que me gustan, o que no. Normalmente me inspiro en la gente que conozco.

¿Cómo surgió la idea de comenzar a escribir esta novela y qué te hizo elegir de nuevo este género?

Bueno, el género es que no lo he elegido. Es una novela negra porque tiene un asesino y un policía que le persigue, y una ciudad oscura e industrial en 1983, con un clima policial tremendo, la heroína y la kaleborroka en las calles… Pero sobre todo es una novela histórica. El asesino es real y cometió esos primeros crímenes en Escocia. Yo lo traigo a Bilbao porque es una teoría posible, que cuando se le detuvo, es lógico que hubiera venido a Bilbao porque hay una conexión marítima extraordinaria entre ambos puertos. Pero hay otras cuestiones, la gran riada, la gota fría que cayó sobre Bilbao en 1983 en mitad de sus fiestas patronales y que destruyó la ciudad, etc. En el prólogo digo que ha costado 39 años escribir esta novela porque es el tiempo que ha transcurrido desde el día en el que yo viajaba en aquel tren que ni siquiera pudo entrar a Bilbao debido a la destrucción. El impacto que tuvo para mí presenciar esa destrucción, ver una copa de un árbol prendida a un colchón, juguetes, un pijama de bebé… daban la señal de por dónde había pasado el agua, y aquello era extraordinario. Los pasajeros alucinamos con la destrucción que pudimos observar. Era el fin del mundo, el diluvio. Pero el diluvio del título de la novela no es este, hace alusión al diluvio que va a venir a por Noah, porque el protagonista de mi novela se está muriendo, tiene una enfermedad terminal, él está esperando al diluvio. Se llama Noah como Noé, por el diluvio, y llega a Bilbao tras una corazonada, con algo en la cabeza que le dice que el asesino que busca ha ido allí.

¿Qué has dejado de ti en la novela? ¿Cómo te ha cambiado el hecho de escribirla?

Mi memoria musical, las partes de luz, porque para mí los 80 son sobre todo la música. Yo tenía 14 cuando empecé a escuchar mi propia música, porque hasta entonces escuchaba la de mis padres o abuelos. Música española o la que venía de Reino Unido, que me encantaba. Me ha servido incluso para tejer la relación entre personajes, con las dedicatorias que se mandan a través de la radio. La radio está presente en la obra, los personajes escuchan la radio. A través de la radio llegaban los avisos de los desaparecidos y la radio fue fundamental una vez que se produjo la riada para organizar rescates, elaborar listas de fallecidos, la limpieza de las calles, etc. Hubo un momento en que solo se mantuvo la radio, se fue la luz y el teléfono. La radio fue vital y para mí siempre ha tenido muchísima importancia. Y la música, la música también es mía. Y la memoria de cómo era aquel Bilbao, aunque podía haber sido cualquier otra ciudad portuaria, como Vigo, Ferrol, Cádiz o Valencia. Y la vida era muy similar, era una vida de mucho trabajo, esfuerzo, lucha obrera.

¿En qué es diferente esta obra a todo lo que has escrito antes?

Es muy distinta, pero a quienes les gustó Amaia van a encontrar similitudes porque son dos personajes muy empecinados. Como un Noé bíblico, él tiene una corazonada, escucha una voz en su cabeza, el convencimiento de que lo tiene que hacer. Y eso que hay momentos de muchísimas dudas, porque él físicamente está muy debilitado, muy frágil, igual que aquella Amaia de la Trilogía, que estaba también muy frágil, sobre todo a nivel emocional. Y esa fragilidad es bella. Me gusta que de ese momento de debilidad se pueda sacar crecimiento, porque muchas veces en la vida nos vemos en esas y depende de cómo lo afrontemos salimos vencidos, o mejorados, incluso. Mi protagonista aprenderá, encontrará a personas que le darán lecciones de vida importantísimas, y, sobre todo, se planteará cuestiones que no se había planteado hasta ese momento, porqué es un hombre distinto del que era poco antes

El escenario siempre tiene una especial importancia, como si fuese un personaje más. ¿Cuál es tu visión de Bilbao?

Es la primera vez que salgo del escenario rural, siempre me han gustado escenarios que fueran muy bonitos, como Baztan, Ribeira Sacra o Nueva Orleans. Pero vengo por primera vez al típico territorio de novela negra, industrial, oscuro, contaminado, con la heroína, la policía y la kaleborroka en las calles. Me ha gustado también, pero estoy más cómoda en los territorios rurales

¿Qué consejo le darías a quien empieza en este difícil mundo de la escritura?

Le diría que lea mucho, que es fundamental para aprender. Y que, si de verdad está convencido, daría igual que yo le dijera que lo deje, porque si está convencido, no lo va a dejar. Podríamos decir eso, la prueba de fuego para el que empieza es «a ver cuánto aguantas cuando todo el mundo te diga que lo dejes», o que no vas a llegar a ninguna parte o que los escritores se mueren de hambre, como me decían a mí, o tantas cosas que te pueden decir. Si te da igual y continuas, seguramente tendrás alguna posibilidad.

¿Recuerdas, con la delirante agenda que tienes ahora, los momentos en los que nadie sabía quién eras?

Claro, y estoy muy agradecida porque este es mi sueño. Siempre había querido ser escritora y quería ser escritora como lo soy, no quería estar en opinión, ni en un periódico, ni haciendo análisis político. Quería escribir ficción, filtrando toda esa actualidad por mí misma, y contarlo de forma más pausada en un libro. Me siento súper feliz y agradecida

¿Cómo fueron tus inicios? ¿A qué te dedicabas antes?

Estudié derecho y lo dejé, y después estudié hostelería. Soy chef. Trabajé en varios restaurantes y llegué a tener un establecimiento propio. Ahora ya tendría que hacer un reciclaje profesional completo, pero sigo cocinando para mi familia. En Navidad, a ver si el día 22 me da tiempo a cocinar mi sopa de pescado, para que se la coman en Nochebuena.

¿Cuántas obras tienes en el cajón?

Las tres siguientes novelas están aquí bullendo en mi cabeza y, por lo menos, cinco más. Pero las dejo aquí, en los cajones mentales. No puedo desvelar aún nada.

¿Los miedos se superan escribiendo?

No, lo que te hace escribir es ser valiente, pero ser valiente no es no tener miedos. Los enfrentas de una manera distinta, no se trata de no tener miedos, sino de saber defenderte y de levantar la cabeza. Tener miedo es normal y no pasa nada.

¿Qué me dirías para que fuera a comprar tu última novela?

Mis lectores son mis mejores prescriptores. Vosotros sois mi poder. Yo no tengo que hacer nada, solo tengo que concentrarme en daros un libro y hacerlo lo mejor posible. Mis lectores sois mi red, vosotros me sostenéis y desde el primer libro no he tenido que hacer nada. Por eso, cuando me dicen ¿cómo venderías este libro? Respondo, yo no vendo libros, yo no soy librera, no tengo que convencer a nadie, porque tengo detrás unos lectores y son ellos los que convencen y esa es la mejor clase de consejo, no hay nada como que te aconseje leer alguien que te conoce, en quién tú confías. Sabes que vas a gozar.

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