Estamos ya en plena Navidad y nos bombardean con consejos tipo: Deja el móvil y disfruta de los que tienes al lado, que los tienes abandonados, cuidado con las comilonas, no te pases, bebe con moderación. Demasiada tecnología, demasiado cava, demasiado azúcar, demasiado demasiado.

¿No es tiempo de paz? Pues eso, déjame EN PAZ. Déjame disfrutar con los míos como yo quiera, hacerme selfis, grabar a la suegra desafinando en los villancicos y al cuñado con los cuernos de reno, y subirlo a las redes. Comer por pura gula, brindar por todo lo brindable…

Cortarrollos del mundo, tenéis el resto del año para ejercer. Hemos puesto el árbol y el Belén con los peques, los llevamos al circo, al cine, a la feria, mantenemos intactas sus ilusiones, cuidamos la alimentación todo el año… Ya nos haréis sentir culpables otro día por dedicar mucho tiempo al teléfono, o por comer cosas cancerígenas, malvadas procesadas, con mucha glucosa; o por llevar una vida sedentaria, aunque no pares ni un momento… ¿Qué pasa que si no llevas mallas y zapatillas de runner no computa?

El sentimiento de culpa vende y más en Navidad. Lo de ‘remover conciencias’ se lleva. Te hacen sentir mal porque no puedes dedicar todo el tiempo que quisieras a tu familia, por comer cosas gochas, o si te hace gracia un chiste políticamente incorrecto. Esa es otra moda, ofenderse por todo. Ya lo dicen los de Campofrío. De hecho seguro que ya hay algún ofendido por aquí…

Y que conste que no estoy ofendida, ni tengo nada en contra de los Pepito Grillo, solo quiero disfrutar y desear a todos que disfrutéis al máximo, sin remordimientos. Que #lavidaesuna #paquesufri . Ya llegarán los propósitos de año nuevo. Ahora no es momento. Gracias.