La (a)dorada fiesta de OXXO WEDDING por Una Intrusa

Llega Oxxo Wedding y yo con estos folios (en blanco). La revista de moda nupcial organizó una (súper) fiesta para presentar su último número. Ocurrió en la Masía Aldamar con vistas a interminables campos de naranjos, la brisa nocturna, póngame un martini, por favor, que degustaré mientras me desparramo en la tumbona junto la piscina. En Aldamar también hay habitaciones, camas cuadradas y, si lo prefieren, redondas.

Fue una gran noche de presentación con un bridal display de Miquel Suay exclusivo (me encanta esta palabra) mientras bebíamos champán Mumm (ésta todavía me gusta más). Alegría, alegría. Y yo, claro, enviada especial para trabajar. Vale que no es picar piedra en la mina, pero es duro trabajar mientras los demás beben. O comen. Porque Grupo El Alto sirvió un catering por todo lo alto con barra de ostras, un show de gintonic nitrogenado, barbacoa de brochetas y mini-hamburguesas, tapas de jamón y queso, paella y muchas delicatessen más.

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Dejo la comida y vuelvo con la fiesta que se desarrolló con la siguiente escaleta. Primero, cóctel en el jardín donde se concentraron las fotos, el cochazo clásico de Sauclass y la zona cero del meollo. O sea, el photocall. Después, discurso de bienvenida de los hermanos Aliño, propietarios de Masía Aldamar, a los asistentes junto con los editores de Oxxo Wedding, Miguel de Vicente y Manuel Navarro. Qué bonito. Qué ideal. Y eso que nos estábamos congelando. Menuda rasca. En Valencia pasas de los vestidos de lino al abrigo de lana.  

A continuación el sarao continuó en el interior de la Masía donde se presentó la nueva colección de Miquel Suay. Y qué sorpresa descubrir, albricias y zapatetas (como diría mi admirado don Pantuflo), que la fiesta estaba llena de it girls, señoras elegantes y hombretones que parecían recién salidos de la ducha. Yo tuve una oferta para vestir de prestado, como las famosas, pero el traje me quedaba pequeño y desistí. Una pena.

Luego vino el momento concierto en directo con el grupo Radioactive que entusiasmó al público con sus canciones. Como broche final, la animada música que pinchó el DJ Nacho Rodríguez. Lo más divertido fue ver cómo de vez en cuando iba alguien a la cabina para hacer peticiones. Creo que nadie solicitó al pobre DJ cosas infernales. En resumen, un festorro divertido con gente moderna, carne de crónica, bulto y frufrú.