Por: Jessica Iordache

Irene Villa, comunicadora, psicóloga y humanista, reúne todo lo aprendido en su propia experiencia vital y enseña cómo afrontar los retos que presenta la vida cada día, cómo convertir los obstáculos en oportunidades. Hablamos con ella para conocer más sobre su último libro, Los ochomiles de la vida, ¡y sobre todo lo que tiene que contar!

En este último libro podemos leer que te refieres a la situación que vivimos con el tema COVID como «una oportunidad de renacer». Eres muy optimista con esto, ¿no?

Aprendí a serlo, a base de adversidades: si eres optimista verás más oportunidades, de lo contrario más barreras y excusas para no salir de ahí. También me ayuda pensar que lo mejor está siempre por llegar, todo lo que ocurre tiene un sentido, es germen de crecimiento y aprendizaje.

Siempre miro hacia delante y no me regocijo en lo malo. Lo más duro ha sido siempre lo que no estaba en mi mano, como los problemas de salud, pero no cuento nunca con rendirme porque la única derrota el desaliento.

Al final del libro incluyes un «Decálogo de vida», ¿cómo consigues resumir las claves de la buena vida en un decálogo?

Quizás hay 3 palabras clave: agradece, perdona y confía.

A la hora de escribir sabemos que combinas reflexiones personales con ideas de personajes que te han marcado, ¿quiénes son algunos de esos referentes?

Principalmente una madre práctica, optimista y muy positiva que ha sido un motor constante pero también unos pensamientos que no me han dejado caer ni en el peor momento.

Me inspiran también personas con Gandhi, Mandela, Santa Teresa de Calcuta

Los ochomiles de la vida tiene muchos tintes personales, te abres mucho contando tus vivencias, ¿ha sido fácil hablar de todo lo que hablas en este libro?, ¿qué efecto esperas conseguir con esto en tus lectores?

Que sepamos que hemos de mantener una actitud productiva ante unos cuantos Ochomiles a lo largo de la vida. El último creo que ha sido el de muchos españoles: asumir la pérdida de un ser querido sin poder despedirle por el virus COVID-19.

La adversidad nos muestra que, aplicando esos valores que nos blindan para toda la vida, se supera e incluso nos ayuda a crecer y a potenciar nuestras capacidades. En una sociedad educada en la resiliencia, el perdón, en definitiva el amor, la compasión y la generosidad, no caben acciones dañinas que algunos sufrimos.

Irene Villa

“Perdonar supone liberarte del dolor”

También hablas del perdón. Tú has sido víctima de un atentado que, según te hemos escuchado decir, marcó tu vida sin tú quererlo, ¿se puede perdonar incluso algo así?

Se puede y se debe. Perdonar no es el olvido, ni exculpar al que te hizo daño, ni siquiera querer reconciliarte con él, sino que perdonar supone liberarte del dolor, dejarlo ir, es el paso previo a la superación, a poder caminar por la vida en paz. Esa fue mi primera gran piedra en el camino pero vi que perdonando todo sana.

Tú eres un ejemplo de superación, pero ¿crees que todo el mundo es capaz de superar todos los obstáculos que se le pongan por delante?

Pueden cuando nos educan para ser lo que el ser humano es: resistente. En la vida nuestros hijos se caerán muchas veces y han de aprender a levantarse. Sobreprotegerles es un error. Les hacemos débiles, vulnerables, frustrados. Es un trabajo diario. A mis hijos les hablo mucho de las emociones. De valores. De lo que ayuda compartir, ser útil, ser buen compañero, aprender, estar activo, no rendirse…

También publicas textos de opinión en distintos medios, ¿cuál es la opinión de una persona con tanta experiencia y optimismo sobre el panorama en el que vivimos actualmente?

Que la COVID-19 nos ha alineado a todos, personas, empresas, equipos, en un propósito común, una nueva visión: construir un mejor mundo, es decir, innovar y avanzar. Y que hay 3 pilares que nos empoderan frente a los 3 grandes frenos del ser humano que son el miedo, el ego y la mala actitud. Esos pilares son: actitud proactiva y positiva; vocación de servicio (liderar es servir); y humildad, empezamos todos de cero, renacemos.

En el contexto de polarización ideológica que estamos ahora, ¿es fácil opinar públicamente sobre cualquier tema?

Ojalá no todo estuviera teñido de política. Me encantó la despedida de José Mújica de la política en Uruguay: «En mi jardín hace décadas que no cultivo el odio porque aprendí una dura lección que me impuso la vida: que el odio termina estupidizando, nos hace perder objetividad frente a las cosas. Una cosa es la pasión y otra cosa es el cultivo del odio».

Y para terminar, ¿una frase favorita de este último libro?

«No necesitas ser perfecto, sino feliz». Dejemos de ser tan autoexigentes con nosotros mismos, ¡todo está bien!