Ya tenemos en todos los cines: La forma del agua, la última película de Guillermo del Toro, en la que nos presenta una fábula, para dejarte llevar por la magia del cine. Esta película no para de sumar nominaciones en cada gala de premios que se tercie, pero ¿es para tanto? Pues dependerá en muchos aspectos, del tipo de espectador que la visione.

La forma del agua, nos trae una acelerada historia de amor, que nos han contado una y mil veces, pero con un factor diferenciador, que son sus protagonistas: una “princesa” sin voz, interpretada por Sally Hawkins, un imaginario y robusto anfibio, en la piel de Doug Jones,  y el monstruo: el patriarcal y rabioso Michael Shannon que está dispuesto a acabar con la bonita historia. Lo que más vamos a destacar de esta cinta es la música, a cargo del compositor francés, Alexandre Desplat (ganador del Óscar por su trabajo en El gran hotel Budapest), melodías que se fusionan con la historia que se cuenta y, la cuidada ambientación en el Baltimore de los años 60, o la interpretación de Sally Hawkins, agradecido papel para transmitir sin voz toda la fortaleza del personaje, siempre ayudada de cerca por su fiel compañera de limpieza, Octavia Spencer. Hawkins interpreta a Eli, quién pese a ser muda, evoluciona hasta poder cantar en el más puro estilo del cine clásico.

Los detalles están cuidados, remarcamos también el vestuario, o incluso las adornadas tartas, que el mejor amigo de Eli, se encarga de acumular en la nevera de su casa. Se trata de un relato de fantasía, que desarrolla otros aspectos como son el racismo, el sometimiento, la aceptación, el valor o el amor.

Opinamos que La forma del agua, aunque está en competición por conseguir la estatua de mejor película, en los Oscar,  tal vez no tiene ese progreso de romance que podemos ver en Call me by your name, ni tampoco la crudeza de la historia de Martin McDonagh: Tres anuncios en las afueras. Aun así, si eres de los que disfruta de un apresurado amor sin límites conocidos, te invitamos a visionarla.

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