Desde que colaboro en la Asociación Española de Arboricultura me he hecho una friki de los árboles y el medio ambiente. No es que me haya dado por ahí, es que cuando te adentras en un mundo, buscas información y comienzas a ver sus realidades, abres la mente y comienzas a comprometerte.

Todos sabemos que los árboles nos dan la vida, que los necesitamos etc. Pero no somos conscientes de los muchísimos #beneficiosdelosárboles y por ello hacemos carteles informando, difundimos noticias, intentamos concienciar, formar a profesionales…

Ahora mismo, recabando información acabo de enterarme de que además de Canarias, la Amazonía se quema desde hace 16 días. El pulmón del mundo está en llamas y no lo he visto en ningún telediario. Tampoco que Siberia se ha quemado y que Groenlandia se derrite a un ritmo que no se esperaba hasta 2070.

Vivimos tan contentos y creemos que disociando la basura y reciclando papel ya hemos hecho nuestra parte. Pero el problema grande no está aquí, la mayoría de los plásticos que llegan al mar, vienen de Asia y África. Las playas atestadas de basura, son de lugares donde la conciencia medioambiental es el más pequeño de sus problemas. Debemos aportar nuestro granito de arena, pero no depende solo de nosotros. Es un tema que se nos escapa a gran escala y debemos presionar para que aquellos que pueden hacerlo, hagan algo real.

Mientras, todos los veranos visitamos paisajes preciosos y les enseño a mis hijos lo maravillosa que es la naturaleza y que debemos cuidarla. Porque por muy grande que sea el universo, no creo que haya un mundo más precioso que este y nos lo estamos cargando. A riesgo de criar pequeños activistas radicales de Greenpeace, que te sueltan con 4 años: «habría que matar a todos los que tiran basura al mar». Así es mi hija, un alma libre, salvaje y muy pro planeta verde.

Le expliqué que igual pedir pena de muerte es exagerado, pero visto lo visto… Ya me imagino un mundo apocalíptico en el que actuar contra el medio ambiente sea un delito grave. Lo malo es que ya será tarde.

Aún estamos a tiempo y no lo vemos.