Marcel Barrena: «Mediterráneo es una película humana, no política»

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Marcel Barrena es el director de una de las películas más aclamadas del cine español en los últimos meses, y no solo por el tema que trata, sino por la sensibilidad y humanidad con la que está tratada. Mediterráneo narra un viaje que comienza con una fotografía. Una imagen de un niño muerto en una playa de Grecia. A partir de ahí comienza la historia de Oscar Camps, antes de la creación de la ONG Open Arms, y de un grupo de socorristas que lo dejan todo para salvar a miles de refugiados que huyen cada día de su tierra para conseguir un futuro mejor.

 

Mediterráneo es una película de la que se debe hablar ¿no?

A mi me encantaría, yo creo que sí. No se si es una película de la que se debe hablar, pero si es un tema del que se debe hablar. Así que, el cine tiene ese poder de poner un altavoz a grandes temas para que la gente empatice con ellos. Por ejemplo, como se hizo con el SIDA en Philadelphia, o con el divorcio y el aborto en muchas películas, como con la que ganó el último festival de Venecia. El cine tiene ese enorme poder. Entonces, creo que se debe hablar porque se debe hablar del tema y porque creo que hemos hecho una película que está bien.

 

¿Cómo surge la idea de contar esta historia? En la película, Oscar inicia su viaje por una fotografía ¿Te pasó a ti lo mismo?

Mas o menos… A mi la fotografía me impactó muchísimo, pero yo por suerte pude continuar con mi vida. Lo que pasa es que si esto le pasa a un socorrista cuya vocación es evitar que eso pase, pues eso le cambia la vida. Yo estaba con Dani Rovira preparando otra historia y, cuando nos enteramos de esto, nos acordamos de la foto, nos enteramos que había unos socorrieras españoles que se habían ido a Lesbos a ayudar a la gente. Lo paramos todo y fuimos a por ello, así que fue como un doble efecto: el efecto de la fotografía que quedó en mi subconsciente, y luego, cuando conocí la noticia de los socorristas fue cuando decidí que quería conocer a Óscar y cambiar la historia que teníamos con Dani para contar esta.

 

Cinco años rodando, ¿Es uno de los rodajes más largos del cine español?

Bueno, fueron 5 años de preparación, pero de rodaje fueron unas 6-7 semanas de las 9 y media que teníamos previstas. Pero, el COVID nos ayudó a recortar un montón de cosas y se quedaron en 7, de las cuales fueron 3 días en Barcelona, y el resto en distintos puntos de Grecia. Así fue, un rodaje muy intenso, rodando gran parte en el mar, y esto dificulta mucho las cosas y nos quitó mucho tiempo. El mar mueve mucho las cosas, mueve todo, mueve el decorado, mueve a los actores, es complicado.

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Eduard Fernández se ha mimetizado perfectamente con el personaje, hasta el punto que se parece mucho a Oscar ¿no? ¿Cómo ha sido trabajar con el, según tus palabras “Messi de los actores”?

Es lo más bestia que he visto delante de mi actuando. Pese a su nivel y su categoría, nunca puso un solo problema, nunca se quejó de nada. Siempre ayudó siempre sumó, siempre aportó, hizo cruce de personaje… Hizo un trabajo ideal. Tuve mucha suerte de que la película acabara cayendo en sus manos, la verdad. Porque no imagino un actor mejor, no hay un actor mejor para interpretar a Óscar. Encima, Eduard había sido en su juventud campeón de Waterpolo, sabía nadar, conectó con Óscar en todos los sentidos. Así que estoy muy muy contento.

 

El reparto es de primer nivel: Dani Rovira, Anna Castillo, Sergi López, Álex Monner y Patricia López. ¿Cómo se han adaptado a una historia tan dura y a un rodaje tan complicada?

Pues lo que te decía, todos, como Eduard, lo dieron todo. Absolutamente todo. Volviendo a la primera pregunta, el tema se necesitaba contar. Al final, si tú trabajas con contadores de historias, que también son los actores, cuando ven una gran historia también necesitan ser parte de ello. Así que lo dieron todo y lo hicieron todos perfectamente. Los más protagonistas y lo menos protagonistas lo dieron todo, ninguno de ellos tuvo ni una sola salida de tono, ni un solo problema de ego. Nada. Todos estaban perfectamente en su lugar, todos perfectamente sumando, todos con el equipo. El rodaje fue complicado, pero ellos no, nada.

 

¿Como ha sido rodar en las condiciones “imposibles” en las que habéis rodado? Has dicho en alguna ocasión que el caos era el protagonista del día a día.

Todos los rodajes son muy complicados. Lo que pasa es que, si ruedas en el mar, con jornadas de 200 o 300 extras, 6 lenguas diferentes, las cosas se complican. Sobre todo, lo más complicado no es esto, sino el no tener tiempo. El tiempo es lo que te marca el caos, porque tienes que ir a salto de mata, tienes que improvisar. No tienes tiempo para repetir, no tienes tiempo para preparar. Así que el gran caos surge de la falta de tiempo. Porque si tú tienes un gran presupuesto, puedes emplear más días. El presupuesto lo que compra son más días de rodaje, más días de extras, más días de cámara, y así todo. Así que el gran problema fue eso, nosotros teníamos mucho presupuesto, pero lo gastábamos todo cada día. De todas formas, siempre hubo una energía por ahí flotando que nos protegía a todos y hacía que las cosas salieran bien. Tenían que salir bien porque la historia tenía que ser contada.

 

Los más de mil extras que aparecen en la película eran refugiados reales ¿Ha sido muy difícil la comunicación con ellos? 

No, la comunicación con ellos fue perfecta, todos ellos tenían la necesidad de ayudar, nos ayudaban en todo, nos dieron ideas, nos sumaron, dieron verdad a la película. La mayoría de ellos no eran actores, y dieron una veracidad impresionante a la historia. El único problema que hubo fue cuando no podían venir porque se había cerrado el campo por COVID

 

Decías que rodasteis la película en seis lenguas diferentes ¿Cómo ha funcionado el equipo técnico y artístico con esa dificultad añadida?

El inglés al final te salva. Y luego, teníamos a algún afgano para distintas lenguas, pero esto nunca fue un problema, la verdad. Si te quieres entender, te entiendes, da igual que uno hable catalán, el otro castellano o que hable un dialecto de sirio. Al final todos nos entendemos.

 

Han intentado politizar el tema de Mediterráneo ¿Esta es una película más humana que política?

Es una película que habla sobre la humanidad y sobre lo que puede hacer la gente. Es gente buena haciendo cosas buenas, que es salvando. Esta película no es de un partido, no es de una ideología, sino de salvar a la gente que cae al agua. Creo que es tan sencillo como que estás a favor de salvar a la gente, entonces si alguien quiere politizar esta duda, pues adelante. Pero creo que no obedece a ningún color político el salvar a refugiados. Tampoco la película está diciendo qué hacer con ellos, o qué tiene que hacer Europa con ellos. Lo que decimos es que lo que no hay que hacer, que es dejarles morir. Entonces, no creo que sea una cuestión política, sino humana. Lo que si que es verdad que al desarrollar un proyecto como este durante cinco años, te posicionan en una visión empática sobre los refugiados. Pero esto es lo más allá que vamos detrás de esta película y detrás de este conflicto y la ayuda de Open Arms, en este caso. Así que no creo que sea una película de bandera política sino de conflicto político.

 

Lo que está claro es que es un film que te hace reflexionar, que te hace plantearte que mundo tenemos y que mundo queremos ¿Crees que hay esperanza para el ser humano?

Sí. Y por eso estamos aquí, gracias a gente que nos ha dado esperanza. Esto ha sido siempre así, no es la peor época que hemos pasado. Venimos del COVID, y muchas cosas estos últimos años pero al final la humanidad ha pasado dos guerras mundiales, una Guerra Fría, guerras civiles, matanzas, hambrunas… Y aquí seguimos. Y eso es porque hay muchísima más gente buena que mala, lo que pasa es que la mala se lleva el titular. A mi me gustaría que la gente buena, como hacemos en esta película, se lleve el titular, y hablar más de cosas buenas que de cosas malas. Lo que pasa es que esto implicaría un cambio comunicativo global que no se va a dar. Pero, no se, creo que es bonito hablar de gente buena.

 

Emocionalmente, ¿Qué ha supuesto para ti contar esta historia? 

Muchísima responsabilidad desde el primer momento. A nivel cinematográfico ha supuesto un salto brutal al vacío, ya que ha supuesto un aprendizaje muy grande en cuanto a técnica, a equipo, a dirección de actores… A un nivel emocional ha sido un proceso de cinco años en el que yo ya venía con empatía y con sensibilidad emocional. Lo que si que aprendí o constaté, porque ya lo suponía, es lo que pasa cuando quitas los números de delante, es decir,  cuando no ves al refugiado o a un niño muerto, que ya impacta de por sí, le pones cara, edad, procedencia, aspiraciones… Cuando ves los nombres y apellidos, conoces las historias, la emoción es mucho más grande. Porque empatizas y humanizas mucho más. La responsabilidad que te comentaba viene pos r los primeros en hablar de este tema y de querer hacerlo bien.

 

¿Cuál ha sido la implicación de Oscar en el proyecto? ¿Qué opina del resultado final?

Óscar se ha implicado desde el primer día. Desde que nos conocimos él vio que esto iba en serio, yo soy muy cabezota. Su implicación ha sido total: ha ayudado en el guión, en la historia, nos ha dado las pistas, las anécdotas… Hemos hecho viajes a Lesbos con él, nos enseñó los lugares donde pasó todo. Nos ha brindado apoyo logístico, ha dado clases a los actores, nos ha dejado el material de su empresa como, por ejemplo, las motos de agua que usan los protagonistas son las mismas que usaron el día del rescate. Además, es un gran activo en la promoción, y está muy orgulloso de lo que hemos hecho.

 

La música juega un papel muy importante en Mediterráneo ¿Tenias claro que Arnau Bataller era la persona que mejor iba a conseguir ese color propio?

La verdad es que no. Cuando terminamos de montar la película tenía varias opciones, y una de ellas era Arnau. Yo quería a alguien muy cercano y, como Arnau es valenciano, y yo había trabajado en Valencia, y necesitaba a alguien que, por logística, estuviera muy cerca de Barcelona. Tuvimos un encuentro, vio la película en montaje, hablamos y me gustó mucho lo que planteaba, su mood, su ánimo y energía, así que confié en él. Le marqué muy las líneas maestras, le expliqué como es mi trabajo, y a partir de ahí se creo la música.

 

Los protagonistas superan varios obstáculos con el fin de ayudar y de hacer de este mundo, un mundo mejor. Parece que con ciertas cosas muchas veces nos quedamos impasibles y ellos nos demuestran que hay que pasar a la acción.

Si, es lo que comentábamos de la gente buena haciendo cosas buenas, esa gente que debe servir de ejemplo. Pero en realidad creo que todos nosotros en algún momento hemos sido ejemplo de algo. Así que está bien que nos recordemos a nosotros mismos en nuestros mejores momentos e intentemos repetirlos. Si no tenemos la suerte de haber tenido esos momentos, debemos inspirarnos en que gente que ha hecho cosas buenas. Hacer cosas buenas no es necesariamente ganar el Nobel de la Paz, puede ser ayudar a tu vecino o a tu abuela…

Precisamente contamos esta historia para ver que se puede ayudar. No hace falta subirse a una barca para sacar refugiados del mar, pueden ser cosas más pequeñas: si este conflicto te emociona puedes donar, ayudar o simplemente explicar tu punto de vista cuando escuchas una barbaridad sobre los refugiados.

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