Mi móvil ha vuelto a fenecer y no sé cuántas veces van ya. He perdido un montón de contactos y tengo que instalar todas las aplicaciones en el cacharro antiguo que resiste estoicamente, mientras los nuevos caen como moscas. Lo único que me consuela es que ha sido muerte natural, mientras dormía. No ha sufrido.

No sé cómo ha podido pasar, todavía no lo he asimilado. Fue durante la madrugada del sábado al domingo. Cuando lo dejé estaba bien, como siempre, y al despertar no respondía. Intenté recuperar la batería con varios cargadores, pero ninguno funcionó. No volvió a la vida.

Podría darse la posibilidad de que estuviera ya en las últimas y no me hubiera dado cuenta. Reconozco que someto a un maltrato constante a todos mis teléfonos. No es premeditado, yo no le quiero hacer daño, pero me salta de las manos como un pescadito al sacarlo del agua.

Tengo que admitir que mi relación con la tecnología es tensa. La necesito y lo sabe, pero no nos llevamos bien. En una ocasión mi ordenador echó humo, pero literal. En la oficina no se lo podían creer. Con eso os lo digo todo. Iphone, Siri, os echaré de menos. Descanse en paz.