Texto: Nuria Salom

Doctorado en Ciencias Biológicas, Santiago F. Elena estima que después del verano podríamos regresar a ‘vida casi normal’, aunque adelanta que es imposible predecirlo con total seguridad, ya que depende de multitud de factores y se producirá de forma paulatina.

Elena es experto en virología evolutiva y profesor de investigación del CSIC.

Esta situación a los ciudadanos nos parece sacada de una película de ciencia ficción. ¿Cómo científico imaginaba que pudiera suceder algo así?

Sí. A lo largo de la historia de la humanidad ha habido infinitas pandemias, unas causadas por bacterias, como la peste negra que asoló Europa en la Edad Media, y otras causadas por virus, como las varias pandemias causadas por el virus de la gripe a lo largo del último siglo (un ejemplo clásico, la mal llamada gripe española de 1918 que mató alrededor de 50 millones de personas), la viruela (que exterminó a toda la población nativa del Caribe tras la llegada de los primeros colonizadores) o la polio.

La diferencia entre aquellas situaciones y la actual es que ahora sabemos lo que son los virus (en general), cómo funcionan y cómo evolucionan, por lo que es más fácil tomar medidas que sean efectivas para evitar su expansión.

Da la sensación que las medidas de prevención se han tomado tarde…

¿Tarde respecto a qué o a quién? A toro pasado es muy fácil decir que las cosas se han hecho mal, sobre todo cuando se quieren priorizar los intereses políticos y económicos particulares de un grupo a los intereses generales de la población. España impuso medidas de confinamiento más severas que cualquier de los países de nuestro entorno en cuanto fue obvio a lo que nos enfrentábamos. Italia, por ejemplo, fue rápida cerrado las escuelas, pero no así el resto de actividades sociales y económicas. Inglaterra fue completamente errática en su reacción, primero dijeron que no iban a hacer nada para que la población se inmunizase de manera natural (con el coste en vidas de gente mayor que eso hubiese supuesto) y luego han impuesto un confinamiento limitado. Francia y Holanda siguen haciendo las cosas a medias.

Lo que sí deberíamos haber hecho de una forma distinta son las pruebas diagnósticas masivas, como se hicieron en Corea y se está haciendo en Alemania. Pero eso tiene un coste logístico y económico grande. Hacen falta las pruebas rápidas basadas en detección de anticuerpos específicos (que nos dicen si estamos o hemos estado expuestos al virus) y dejar las pruebas basadas en PCR cuantitativa para casos más dudosos. Las primeras son pruebas baratas y rápidas (15 minutos) y las segundas cuestan mucho dinero, un equipamiento muy específico y caro y tardan horas.

“Quisiera pensar que tras el verano estaremos en una situación de casi-normalidad”

¿Se podía predecir lo que iba pasar o incluso para los científicos era complicado?

El objetivo de los científicos es predecir el comportamiento de la naturaleza. Para eso nos basamos en evidencias experimentales y/o observaciones de la naturaleza. Si no hay información, es imposible predecir. Cuando todo empezó, nadie podría haber hecho predicciones fundadas.  Cuando la epidemia fue agravándose y la OMS decretó la pandemia, ya comenzábamos a tener información, muy parcial y preliminar, con la que alimentar los modelos matemáticos que se usan para predecir el comportamiento de las epidemias. Y también información sobre el mecanismo de patogénesis del virus, sobre su estructura y función. A partir de ahí es cuando se pueden empezar a hacer predicciones. Pero toda predicción lleva asociada una incertidumbre que disminuye al ir acumulando más y más datos. Y en eso estamos todavía.

En otras entrevistas, siempre he defendido que este no es el virus del apocalipsis zombi de las películas de ciencia ficción. Ni tan siquiera el Ébola. Podíamos predecir, con más o menos acierto, que causaría millones de infectados y un número proporcional de muertos (muchos en términos absolutos, pero no tantos en términos relativos) y que al venir todos de golpe, como un tsunami, y no gradualmente (como ocurre con la gripe estacional), los sistemas sanitarios, debilitados tras años y años de recortes, se resentirían y se acercarían al colapso.

Cada país emplea una metodología en la medición de contagios y las cifras que ofrecen algunos son cuanto menos sorprendentes. ¿Podemos fiarnos de los datos que nos están facilitando de unos 2 millones a nivel global?

Sí, este es un problema serio. La OMS marca unas directrices, pero luego cada Estado hace lo que puede o lo que quiere. Lo que me parece más incomprensible es la actitud de la UE, que ni tan siquiera sea capaz de coordinar una respuesta conjunta. Por ejemplo, el otro día leí que Francia solo cuenta como muertos por COVID-19 aquellos que lo hacen en un hospital. Aquí se cuentan los que dan positivo en un diagnóstico, que se hace solo a los que van al hospital con síntomas o sospechas. Eso lo que hace es claramente sesgar la muestra al ignorar todos los infectados asintomáticos. Alemania cuenta los que han dado positivos en las pruebas diagnósticas, tengan o no síntomas (de hecho, esa es la manera correcta de hacerlo).

Dos millones de infectados a nivel global es una extrapolación hecha a partir de todos los datos disponibles. Millones, en plural, es seguro una buena aproximación.  Pero una cosa esencial en Ciencia: ¿cuál es el error asociado a esa estimación? ¿Dos millones más o menos otro millón? ¿Dos millones más o menos cien mil?  ¿Dos millones más o menos diez mil? No es lo mismo en absoluto.

¿Puede aventurar un calendario aproximado de desconfinamiento, de hacer vida normal?

No. Los datos de esta semana están en la línea de que el número de nuevos casos va decreciendo, mientras que el número de altas hospitalarias sigue creciendo (lo que contribuye a la inmunidad de la población junto con los asintomáticos que ya han quedado limpios de virus). Esto significa que ya hemos pasado el punto de inflexión.  Aunque todavía no hemos llegado al pico máximo, nos estamos acercando. A partir de que lleguemos a ese pico, tendremos que empezar a ver una caída gradual del número total de casos y cuando éstos estén por debajo de cierto valor, se podrán empezar a relajar las medidas de confinamiento.

Eso no significa que al día siguiente todos nos podamos ir al cine y a cenar con los amigos para celebrarlo. Habrá que ir poco a poco, al principio restringiendo los tumultos de gente y tendremos que seguir con ciertas medidas de distanciamiento social durante un tiempo. Luego volviendo a abrir centros educativos, medios de transporte y centros comerciales. Quisiera pensar que tras el verano estaremos en una situación de casi-normalidad. Todo dependerá también de cómo progrese la infección en el resto del mundo. Y eso está fuera de nuestro control. Poco a poco.  No me atrevo a poner fechas.

El objetivo llegado a ese punto, y si seguimos sin disponer de vacuna, será evitar una segunda oleada. O al menos minimizar su efecto. Pero quiero ser optimista y pensar que sí tendremos vacuna.

“Cuando voy al supermercado a comprar y veo a todo el mundo con mascarilla no puedo por menos que sonreír”

¿Son importantes los guantes y las mascarillas para la población en general?

Cuando voy al supermercado a comprar y veo a todo el mundo con mascarilla no puedo por menos que sonreír.  Sobre todo, cuando ves gente que se la quita para echarle una calada al cigarro, o que la lleva por debajo de la nariz para poder respirar bien o por que le molesta, o que se la quita y pone continuamente sin haberse desinfectado antes las manos… Como no dejan de decir las autoridades sanitarias, el uso de mascarilla debería estar restringido a la gente enferma o sospechosa de estarlo para evitar que contagien a los demás. La gente sana no necesita usar mascarilla. De entrada, por que el virus también puede entrar por otras mucosas del cuerpo, incluidos los ojos. Y no veo a nadie con pantallas protectoras de ojos ni con gafas anti salpicaduras. Solo el personal sanitario debería poder disponer de las mascarillas apropiadas y del equipo de protección individual necesario.

Es lo mismo que llevar guantes a todas horas. Si no te quitas los guantes durante toda la mañana, y estás tocando cosas continuamente, y luego te tocas la boca, nariz u ojos, pues es lo mismo que no llevar nada: los guantes están tan contaminados como estarían tus manos.  Lo importante es lavarse las manos continuamente y a conciencia.

Hay muchas teorías acerca de lo que dura el virus vivo en según qué materiales. ¿Cuánto vive en los plásticos o en los productos de super, la ropa…?

Bueno, más que teorías lo que ya hay son datos experimentales. En un estudio muy recientemente publicado por investigadores de los Institutos Nacionales de Sanidad de USA (NIH en sus siglas inglesas) en el New England Journal of Medicine, mostraban que el virus es detectable en aerosoles hasta tres horas después de haberlo liberado, unas cuatro horas en superficies de cobre, hasta un día en cartón y hasta tres días en plástico y aluminio. Claro, un factor a tener en cuenta es que esas supervivencias son en unas condiciones de humedad, temperatura y radiación solar propias del laboratorio donde se hicieron los estudios. Con baja humedad y temperaturas y radiación solar altas, es más que probable que esas tasas de superviencia del virus disminuyan notablemente.

También hay mucha información confusa en cuanto al tiempo de incubación. ¿En cuanto se estima?

No hay información confusa. Lo que hay es variabilidad natural en el tiempo de incubación.  Yo sé que a la gente en general nos gusta tener confianza en que las cosas pasan de una manera bien definida, casi determinista. Pero en Biología, todos los procesos están sometidos a un alto grado de incertidumbre. El periodo de incubación de cualquier patógeno depende de muchos factores.  Fundamentalmente de la dosis recibida y de la capacidad del sistema inmune de cada uno para controlar una infección en sus fases iniciales.  Lo primero depende de si nos contagiamos con muy pocas partículas virales, como sería el caso si lo adquirimos por azar al tocar el botón del ascensor, o si nos estornuda directamente en la cara un enfermo con mucha carga viral.  Lo segundo depende de la genética de cada uno, de su estado alimentario, de si tiene otras patologías, etcétera.

Por todo esto, cuando se habla de tiempo de incubación lo que se da es un intervalo de entre seis días y dos semanas.  Más o menos, día arriba o abajo. Pero eso no es información confusa, es Biología.

“Los científicos siempre hemos sido el hermano pobre de la sociedad”

¿Está trabajando el CSIC en algo relacionado con el virus? ¿Cuáles son sus conclusiones y proyectos?

Sí, ahora mucho. Hasta antes de la crisis, había un grupo importante en el Centro Nacional de Biotecnología (CNB), dirigido por el Prof. Luis Enjuanes, que trabajaba con coronavirus. Y poco más. Desde que dio comienzo la crisis, se está apoyando a este grupo con importantes cantidades de dinero a la espera de que hagan un milagro.  Además, el CSIC ha creado una serie de estructuras y grupos de trabajo dentro de una plataforma que han llamado “Salud Global” en la que podemos participar todos los investigadores con ideas y proyectos.  El CSIC, con sus escasos fondos propios, financiará una serie de proyectos colaborativos. Y sus investigadores estamos todos solicitando financiación de distintas instituciones, fundaciones, gobiernos autonómicos, etcétera, para poner en marcha ideas.

La sociedad comienza a darse cuenta de quiénes son los verdaderos ‘héroes’ y quienes están sobre valorados. Los virólogos, investigadores, científicos, sanitarios, etc. son los que finalmente nos pueden sacar de esta situación. ¿Cree que están suficientemente reconocidos?

Uno siempre querría tener el máximo reconocimiento.  No a nivel personal para satisfacer el ego, sino a nivel de colectivo profesional.  Los médicos y el personal sanitario, que sí son de las profesiones más reconocidas en este país, no obstante, han tenido que vivir y desarrollar su trabajo en condiciones precarias.  Con ejemplos que todos conocemos de desprecio e incluso abuso por parte de muchos egoístas incívicos.

Los científicos siempre hemos sido el hermano pobre de la sociedad. El reconocimiento de nuestra labor es más bien escaso, cuando no simplemente ignorado o despreciado (por considerarnos unos excéntricos). Los medios no saben transmitir la información científica de manera fidedigna (aquí nosotros también tenemos nuestra dosis de culpa, por habernos desentendido de esas tareas) y en ocasiones se transmiten resultados científicos como si de anécdotas sin importancia se tratase. O se destacan presuntas contradicciones entre resultados de unos grupos de investigación y otros con un mensaje indirecto de “ni ellos mismos se ponen de acuerdo en lo que dicen”, cuando precisamente la Ciencia se construya a base de reevaluar ideas y resultados y proponer nuevas. O en casos extremos de ignorancia, pero por desgracia muy comunes, poniendo al mismo nivel la Ciencia y las pseudociencias, la Medicina y las terapias alternativas…

Santiago F. Elena, Doctorado en Ciencias Biológicas

¿Se necesitaría más presupuesto para la ciencia?

¿Qué esperas que te diga, que no? Obviamente sí. Un país, una sociedad, no pueden desarrollarse en un futuro cada vez más competitivo, más tecnológico, con desafíos globales cada vez más serios para nuestra salud (ahora es el COVID-19, pero no nos olvidemos del Ébola, el Chikungunya, el Dengue, la fiebre de Crimea-Congo, las bacterias multiresistentes a antibióticos…), la de nuestros animales y plantas, el cambio climático, la superpoblación, la sostenibilidad alimentaria, las energías no contaminantes… sin apostar decididamente por la Ciencia.

Yo llevo en este negocio desde 1990. Y siempre hemos vivido estrecheces económicas, inseguridad en la carrera profesional, falta de personal… Hubo unos años dorados entre 2004 y 2008 cuando sí se hizo una apuesta seria por la Ciencia y la Tecnología. Aun sin llegar a los niveles de inversión de los países de nuestro entorno, un pequeño aumento porcentual del PIB dedicado a Ciencia supuso una inyección de dinero tremenda en nuestros laboratorios. El CSIC incorporaba nuevos científicos de plantilla cada año en números razonables.  En 2008 llegó la crisis y con ella los gobiernos del austericidio. Y la Ciencia… simplemente desapareció del mapa. Los laboratorios se han ido vaciando por falta de recursos, las plantillas envejeciendo y sin recambio generacional, la gente joven yéndose a buscarse la vida donde sí les aprecian.

Y ahora, de repente, la sociedad nos mira y nos pide una respuesta inmediata. Una respuesta que no estamos en condiciones de darles por que no tenemos la capacidad para hacerlo por culpa de esa falta de políticas a largo plazo. A pesar de tener talento y conocimientos de sobra, no podremos dar la respuesta que la sociedad nos exige en el tiempo que haría falta porque no hemos ido construyendo la infraestructura necesaria (personal y humana) con anterioridad. La Ciencia no se construye de hoy para mañana, sino que es un proceso acumulativo que lleva tiempo. La patente de un fármaco antiviral lleva al menos diez o quince años de investigación básica antes de ponerse en el mercado. Ese es el horizonte en el que deberíamos pensar, no en semanas o meses.

A mí me preocupa, de verdad, que cuando esto pase y dispongamos de vacunas, que con toda seguridad se habrán desarrollado en USA, China o Alemania, la gente, y en especial la clase política, vuelva a pensar que para qué invertir en Ciencia en este país si al final la solución la tenemos que traer de fuera.  Volveremos al desgraciadamente famoso “que inventen ellos”.

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