En esta edición una necesidad vital condiciona la libertad que acostumbro, un amargo baño de realismo reta a ese idealismo que representa los ojos de una particular cosmovisión del mundo y de las cosas, y desde donde no titubeo en contemplar las miserias del mundanal ruido.

Las miserias recelosas de sus consabidas bajezas son rebeldes e impertinentes frente a aquello que no son capaces de mimetizar para con las profundidades de sus viciosas vorágines en todo orden que se precie.

En virtud de lo cual se deduce que posiblemente sea la envidia la máscara más representativa entre todas las manifestaciones miserables. ¿ Sería entonces el Reino de España una nación miserable dada su proclamada y ciertamente revalidada hasta la saciedad tradición cainita ?, eso es otra cuestión…

Buena parte de la Comunidad Valenciana se ha pronunciado a buen seguro, entre la ignorancia, la confusión o el vago pavor a la par que naíf. No se puede explicar de otro modo el resultado electoral cuya deriva “progresista” pone de manifiesto una consolidada distorsión conceptual acompañada de su consecuente incoherencia que en ocasiones raya el insulto si se analiza desde cierto rigor intelectual.

La amable acogida de partidos que abogan por los nacionalismos periféricos significa la corrupción moral de su electorado en tanto en cuanto confrontan directamente con los áureos preceptos de la modernidad y que en aras de los mismos los designios de Occidente conocerían un mundo nuevo.

Porque fue desde la “libertad, igualdad y fraternidad” la causa por la que a los franceses no les importó mancharse de esa sangre real que tanto despreciaban. Pero doscientos años después, una verdadera contienda conspira contra la raíz de la modernidad vilipendiando cada uno de sus mandamientos y ante el hipotético amparo de un pretendido talante democrático que se presenta como matriz induciendo así al escándalo para quien lo mira con serenidad e imparcialidad.

La democracia, el constitucionalismo del 78 o como se quiera que se llame hizo de la libertad la cosa invertida respecto al franquismo. El espíritu revanchista es palpable e indudable, porque si la progenie militar del régimen justificó su autoritarismo como es natural, la justificación de la censura democrática ( véase por ejemplo los reales decretos para la defensa de la Memoria Histórica) se complica desde el momento en que se concibe la democracia como el oasis de las libertades.

La igualdad entre españoles es agravada desde la vigencia de una anacrónica y dispar fiscalidad de origen medieval en algunos casos, siendo un verdadero despropósito.

Y la fraternidad se cuestiona desde la forzada prevalencia que se otorga a las lenguas no comunes en detrimento del universal español.

Pero para llegar a tales conclusiones no se puede obviar que el Reino de España tiene más de Castilla que de Aragón por inercia de la propia historia lo que garantiza su absoluta legitimidad. A los ciudadanos del siglo XXI no se nos puede responsabilizar de la represión de Felipe V ni de la invasión romana y hay que asumir la historia en su integridad y con entereza evitando ensoñaciones quiméricas.

Y es que hasta nuestros más distinguidos embajadores como fue el caso de San Vicente Ferrer regaron la Corona de Aragón con sangre castellana a raíz de sus posiciones durante la celebración del Compromiso de Caspe, ¿ vamos por ello a reivindicar la “ilegitimidad “ de su condición de patrón ?

No se confunda, querido lector, porque los que leen la historia son cultos, los que la interpretan perturbados de conciencia y los que la ignoran sencillamente felices; porque es la ignorancia, el último refugio de la felicidad.