El sábado por la noche, el Roig Arena volvió a demostrar que Valencia tiene hambre de directo. Y de qué manera. El recinto colgó el cartel de completo para recibir a Viva Suecia en una de las citas más multitudinarias desde la apertura del recinto. Miles de personas coreando al unísono, móviles en alto y esa electricidad en el ambiente muy propia de los conciertos del grupo.
La gira que traen bajo el brazo, Hecho en tiempos de paz, no es solo la presentación de un disco; es una declaración de intenciones y la confirmación de que la banda murciana juega ya en otra liga. Lo que empezó hace años en salas pequeñas —con conciertos sudorosos y cercanos— hoy se traduce en estadios llenos y producciones a gran escala. Y, aun así, no han perdido el pulso ni esa verdad que los caracteriza.
Desde los primeros acordes quedó claro que iba a ser un concierto para recordar. Además del núcleo habitual de la banda, el escenario se llenó de músicos: percusión, más instrumentos, coros… una formación ampliada que aportó una potencia sonora que envolvía todo el recinto y contagió al público hasta el final. El resultado fue un directazo muy enérgico. De esos que no te dan tregua.
Sonaron los temas nuevos, que el público ya reconoce como propios, pero también los imprescindibles. Esos clásicos que no pueden faltar. Cuando arrancaron canciones míticas como “Todo lo que importa”, “La mujer del presidente”, o “No hemos aprendido nada”, el Roig Arena temblaba. Hubo también espacio para mirar atrás, para rescatar canciones de los primeros tiempos en salas, en un guiño a los orígenes que emocionó especialmente a quienes llevan años siguiéndolos.

El ambiente fue uno de los grandes protagonistas de la noche y los asistentes se entregaron a un Viva Suecia que demostró por qué se ha convertido en uno de los nombres más potentes y referentes de la escena indie española. Tienen canciones, tienen discurso y, ahora, tienen también un formato de directo ambicioso que no pierde autenticidad. Eso no es fácil, y ellos lo consiguen con creces.
La noche terminó con esa sensación de euforia que dejan los buenos conciertos: sonrisa en la cara y voz rota de tanto cantar. Una de esas fechas que marcan el mes —y probablemente el año— para muchos.
Roig Arena, por su parte, sigue consolidándose como el nuevo gran punto de encuentro musical en la ciudad. Si la apertura ya prometía, noches como la del sábado lo confirman: Valencia responde cuando hay propuestas de altura. Y lo de Viva Suecia fue, sin duda, una de ellas.


















