El 6 de marzo se estrena Invisibles, una película de Gracia Querejeta que arroja una visión irónica de la vida de tres mujeres que pasan ya de largo de los 50 y tratan de encajar la invisibilidad que sienten ante el resto de la sociedad. Hablamos con dos de sus protagonistas, Emma Suárez y Adriana Ozores, para conocer más sobre su experiencia en el rodaje y sobre sus propias ideas de esta invisibilidad y del feminismo.

 

Invisibles, cartel de la película

 


Emma Suárez

 

«No sentirnos protegidas, sino acompañadas»

 

Invisibles nos habla de sentirse «invisible», ¿alguna vez te has sentido así?

Yo te diría que no, y si me he sentido invisible en algún momento no me acuerdo, pero en algún momento sí me habría gustado ser invisible

¿En qué momento?

Uy, en muchos, cuando hay situaciones de exposición y te conviertes en el centro de todo sin quererlo. Yo soy una persona tímida que he aprendido con el tiempo, por mi oficio, a tener que mostrarme y en muchas situaciones exponerme. He aprendido a sobrellevarlo, pero no es algo que me guste.

¿Es difícil seguir una carrera en el mundo del cine a partir de cierta edad?

Yo creo que es difícil siempre, ya no a partir de cierta edad. Esta es una carrera de fondo y es difícil mantenerse, porque este es un trabajo del que la inestabilidad forma parte. Terminas un proyecto y, si no tienes algo en perspectiva, no sabes cuándo vas a volver a trabajar, no sabes cuándo te van a llamar otra vez. Eso de estar dependiendo en cierto sentido de la industria no es nada fácil, y en esos momentos, si tienes responsabilidades a tu cargo, si tienes una familia, puedes pasarlo mal. Es verdad que siempre se dice que es más difícil encontrar trabajo para las mujeres de cuarenta, cincuenta, pero eso está cambiando. 

Yo sí que he vivido etapas de menos trabajo, etapas en las que he hecho teatro y no he hecho cine, etapas en las que he hecho cine y no he hecho teatro… o sea que hay que ir navegando y a veces no es fácil. En esos momentos difíciles podrías tirar la toalla y decidir hacer otra cosa con tu vida, pero yo cuando he vivido esas situaciones es cuando me he dado cuenta de que hay algo que manda sobre esas decisiones. No tiene que ver con la comodidad o con el miedo, es algo orgánico, vital, cuando algo te gusta no puedes dejar de hacerlo, es un vicio.

¿Crees que el aumento de papeles protagonistas femeninos en el mundo del cine ha sido gradual o ha habido un punto de inflexión?

Yo creo que hay un hecho social, ya no es una moda, es como de cajón ya, vivimos un momento en el que te rebelas ante las cosas que suceden, ante la violencia doméstica… Tenemos la libertad de hablar y tenemos una voz para decir lo que nos pasa, para ayudarnos, comunicarnos y ser conscientes, si sabemos que si hay una situación cerca y esa persona está incapacitada por miedo, hay que apoyarla y ayudarla a que diga lo que le sucede. Noto que hay mucho todavía por hacer, pero eso es un trabajo social, no algo que concierne exclusivamente a las mujeres y además a las mujeres feministas, es algo que concierne a la sociedad en sí para progresar, para tener una convivencia en la que los derechos sean los justos para todos.

¿Crees que en nuestra sociedad hay una presión mayor sobre las mujeres?

Creo que siempre ha habido una presión, lo que pasa es que esa presión ahora se está transformando porque nosotras lo denunciamos. Sí que nota una la presión y nosotras mismas tenemos un nivel de autoexigencia excesivo, queremos ser madres perfectas, profesionales perfectas, cuidar a nuestros amigos… Tener control sobre todo y que todo funcione. Y muchas veces no se nos permite fallar, si te equivocas te lo echan en cara, entonces igual eso también yo creo que está cambiando. Eso también tiene que ver con el sentimiento de culpa, que también hay que quitarse el sentimiento de culpa, yo también me equivoco, pero somos responsables de tomar nuestras decisiones desde nuestra libertad y de no sentirnos protegidas sino acompañadas.

¿Y esa exigencia que tenemos con nosotras mismas crees que nos la ha impuesto sutilmente la sociedad?

Yo creo hay algo ahí que es natural. El nivel de exigencia de una misma, de querer hacerlo todo bien, yo creo que las mujeres a veces nos exigimos demasiado. Quizás la sociedad se ha aprovechado de esa responsabilidad y esa exigencia nuestra.

¿Alguna vez has rechazado algún papel porque no iba acorde a tus principios como mujer?

Sí. Es que una de las cosas fundamentales en este oficio y en esta vida es tratar de ser coherente con uno mismo, y yo lo intento. A veces me he encontrado con películas que una vez que las he aceptado, luego se ha convertido en algo complicado, en desarrollar un personaje difícil que me ha creado conflictos, y he tenido que crecer también y aprender a superar esas dificultades.

¿Y esto que hacen las protagonistas en la película de salir juntas a caminar y hablar, es un guiño a la sororidad, una manera de decir que nos necesitamos entre nosotras?

Absolutamente, pero nos necesitamos entre nosotros. Podemos salir a caminar juntos, los hombres también. No me gusta diferenciar entre «nosotras» y «ellos». Creo que Invisibles también convoca al diálogo y a la necesidad de conversación, pero la necesidad de conversación entre hombres y mujeres. Todos necesitamos comunicarnos y hablar de lo que nos sucede, compartirlo, porque a partir de ahí nos podemos ayudar.


Adriana Ozores

 

«He trabajado en películas donde el director me ha pedido una cosa súper machista y le he dicho ‘no lo voy a hacer’»

 

Invisibles nos habla de sentirse «invisible», ¿alguna vez te has sentido así?

Yo creo, como dice Emma también, que los invisibles son los no vistos, pero todos, no solo por una cuestión de edad o de mujer sino por la invisibilidad como ser humano. 

Yo me relaciono mucho también con la gente joven, y a veces te das cuenta de cuanto tienen que contar y, por lo que sea, no pueden, no encuentran con quién no tienen la capacidad de encontrar su círculo de acogida donde poder contar sus cosas. Yo creo que invisibles en un momento de la vida somos todos, independientemente de la edad y del sexo. Las protagonistas son mujeres normales, no es espectacular lo que les pasa, pero tienen un universo de cosas y tienen la posibilidad de encontrar ese grupo de acogida donde poder descargar todo lo que son.

¿Tú has notado que en el mundo del cine a partir de cierta edad se empiezan a cerrar algunas puertas?

Bueno, sabemos que esta sociedad es un patriarcado, entonces durante un tiempo largo sí ha sido así. Yo he tenido la suerte de que no me ha pasado eso, he seguido trabajando, pero seguramente no todas las actrices te pueden decir eso. Pero que las cosas están cambiando, sí. Debemos ir abriendo esas brechas y está siendo posible abrirlas, primero porque estamos viendo que es así, y segundo porque vamos creando conciencia de que eso está sucediendo y va quedando, no va quedando lo negativo, sino ese poso positivo. 

Fue muy importante lo que hicieron en Hollywood las mujeres por ejemplo con el mee too, porque le dieron visibilidad y derecho a poder reivindicar, porque hasta ahora… Yo trato con mujeres y de repente hay una que dice «voy a hacer el personaje de la cornuda» y yo pienso «cuidado, encima de víctima tú la señalas con el dedo», y era una chica joven. Por eso la labor que hay que hacer es muy profunda y siempre intentando ver lo positivo y los pasos que se están dando.

¿Rechazarías un papel si la trama te parece machista?

Lo he hecho. He trabajado en películas donde el director, que por cierto era gay, me ha pedido una cosa súper machista y le he dicho «no lo voy a hacer», y no lo he hecho. No voy a volver a trabajar con ese director. Me ha podido otra cosa de mujer, no sé explicarlo. Y luego cosas con las que yo no estaba de acuerdo, con cómo se comportaba el personaje y volvía a reescribir con el director diciendo «mira, esto no, ¿por qué esta tía tiene que ir siempre detrás de este señor?». Otra cosa es que queramos contar eso, pero si estamos contando la historia de una pareja normal y ella solo dice tonterías y va siempre detrás, es que no. Es muy sutil por donde va entrando eso, y hay que ir viéndolo.

¿Lo que hacen en Invisibles las protagonistas, de salir juntas a caminar y hablar, es una manera de decir que nos necesitamos unas a otras, de llamar a la sororidad?

Absolutamente. Cuando tú te encuentras un grupo de amigas y puedes hablar y contar a calzón quitado lo que eres y cómo eres, mostrarte tal cual y saber que te van a acoger, aunque te digan lo que haces mal, pero te sientes querida por debajo de eso y eso es lo más grande. Cuando te pasa eso en un grupo, no solo de mujeres, sino tanto de hombres como de mujeres, y te sientes libre para ser como eres y ser querida ¿qué hay más grande que eso? Cuando te pasan cosas y están tus amigas y tus amigos detrás, eso es muy grande.

¿Qué le dirías a las mujeres que se sientan un poco como dice la película, «invisibles»?

Primero que tomen conciencia de que nos han hecho creer una cosa y hay que algo que nos han impuesto y nos hemos creído. «Claro, soy mujer, tengo 60 y ya no tengo nada que decir», ¿eso quién lo ha dicho?, y sobre todo, lo haya dicho quien lo haya dicho, ¿por qué me lo tengo que creer? Entonces a partir de ese momento la cabeza se te va abriendo y dices «ah ¿y por qué no tengo derecho a hacer esto?, voy a intentar esto otro». Claro que todavía, socialmente, eso no está del todo abierto y poroso, pero hay que pelear, es la única manera, porque detrás vienen otras mujeres jóvenes, y no solo somos nosotras. Nosotras dentro de lo que sea nos vamos a morir, pero llegan otras que tienen toda la vida por delante.

¿Es entonces Invisibles es un golpe sobre la mesa en relación a este tema de «las mujeres a partir de cierta edad»?

Claro, es que ese discurso sigue siendo pesado y no obra a favor. Es como cuando nos dicen «no, es que la crisis del teatro…», perdona, no hay crisis en el teatro, hay crisis en la cultura, y hay crisis en la cultura en un país donde no se ha reconocido la cultura nunca, pero en este momento está funcionando el teatro dentro de nuestro país como no ha funcionado nunca. Entonces sí, de alguna manera es un golpe sobre la mesa, pero partiendo de que ya estamos muy avanzadas en el camino, no de que estamos todavía ahí atrás. Creo que Invisibles la ha hecho Gracia y le apetecía hablar de esto, pero tiene mucho que ver con lo que es la invisibilidad de cualquier ser humano, no solo de las mujeres.


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