Llega al Teatro Olympia la premiada obra de teatro Esperando a Godot, una obra cuya fuerza, humor, poesía, ternura, dolor y risa son metáfora de la vulnerabilidad y el coraje del ser humano, según ha explicado el director, Antonio Simón. Una obra que su autor, Samuel Beckett, definió como «horriblemente cómica».

 

Esperando a Godot

 

Hablamos con Pepe Viyuela y Alberto Jiménez, quienes interpretan a los protagonistas, Estragón y Didí, respectivamente, para que nos cuenten más detalles sobre la obra y su experiencia dando vida a estos personajes, pero también sobre su propia experiencia vital.

 


 

Pepe Viyuela, Esperando a Godot

 

Pepe Viyuela: «Creo que el humor es lo que nos permite soportarnos a nosotros mismos y también soportar a los demás»

Samuel Beckett, el autor, define esta obra como «horriblemente cómica», ¿cómo la definiríais vosotros?

Yo no le enmendaría la plana al autor, pero yo la definiría como una función eterna y universal. Creo que es una función que cada día tiene más vigencia y más posibilidades de interpretación. 

Quizás en el momento en que se estrenó, las circunstancias históricas – el fin de la Segunda Guerra Mundial – hacían pensar en determinados contextos muy cercanos a ese momento, relacionados con la guerra. Pero hoy en día se ha abierto la posibilidad de interpretar y trabajar también sobre la función sin que el cambio de contexto le haya hecho perder peso. 

Yo creo que es una función que se seguirá representando durante siglos si seguimos aquí, en este planeta.

¿Y crees que la comicidad puede ir más allá y se puede utilizar como «arma» para trabajar en otros ámbitos?

Sí, lo que pasa es que yo más que «arma» prefiero «herramienta», me parece que es una palabra un poco más adecuada en el sentido de que las armas tienen para mí una connotación bastante negativa. La herramienta tiene todo lo contrario, despierta un campo semántico mucho más relacionado con el trabajo, el esfuerzo, la elaboración constante de estrategias para mejorar las cosas… Y sí, yo creo que es una gran herramienta de cambio social. 

De entrada me parece que es un hecho insustituible, sin el humor seguramente el mundo no existiría, nos habríamos asesinado ya unos a otros. Creo que el humor es lo que nos permite soportarnos a nosotros mismos y también soportar a los demás, aguantarnos, entendernos, disculpar nuestros errores y fracasos, y mirarnos desde una perspectiva más honesta. 

Cuando uno se mira desde fuera puede verse muy ridículo y decir «qué orgullosos y estúpidos somos los seres humanos». Tenemos esa posibilidad de reírnos de nosotros mismos, que no tienen otros animales, y yo creo que es lo que nos hace tan diferentes. Y por otra parte me parece que el humor es un signo de inteligencia, sin el humor no estaríamos aquí ya, habríamos volado el planeta.

 

«El humor al poder le hace muy poquita gracia»

 

Pero a pesar de que tú prefieres no llamarlo «arma», te hemos escuchado decir que los cómicos habéis sido perseguidos, sobre todo por determinadas líneas ideológicas

Sí, pero yo creo que eso pasa porque el poder establecido siempre teme mucho el humor, precisamente por la capacidad de disolver esa fatuidad en la que se envuelve el poderoso. El poderoso, en el momento en que se ve reflejado en el espejo que le pone el bufón delante, se da cuenta de su vulnerabilidad y entonces pierde peso, por lo tanto se revuelve contra aquel que se ríe del poder. 

Y claro, una herramienta también puede ser un arma. Un destornillador o un martillo pueden convertirse en armas, pero yo prefiero seguir usando la palabra herramienta o posibilidad cuando hablo del humor. El humor es una posibilidad de muchas cosas, es un salvavidas, pero sí que es cierto que el humor al poder le hace muy poquita gracia.

Y a pesar de esa persecución que nace del enfrentamiento con el poder, ¿crees que sigue existiendo la libertad de expresión?

Yo creo que la libertad de expresión no es algo que se consiga y ya, hay que estar constantemente luchando por ella. Y en general esto pasa con cualquier tipo de libertades o de conquistas sociales. 

Uno no se instala en aquello que ha conseguido porque ya lo ha conseguido, hay que seguir peleando constantemente para que los derechos, las libertades, el respeto, los valores, los principios, no se desdibujen ni se pierdan. Porque constantemente sufren agresiones, y más en unos tiempos como estos en los que yo creo que estamos volviendo a vivir el regreso de totalitarismos, de unos populismos muy peligrosos que mienten, que ensombrecen la realidad, que la enturbian, que amenazan, que son intransigentes.

Yo nací en una dictadura y había que pelear mucho por la libertad de expresión, pero en mi vida nunca había tenido esta sensación de que tenemos que luchar mucho más que hace unos años por la libertad de expresión porque sí que está realmente amenazada.

Además, vivimos con una cosa que no habíamos tenido hasta ahora que son las redes, internet y la contaminación ideológica. La cantidad de mentiras que se vierten, la confusión sobre la realidad, una realidad paralela virtual. Es peligrosa, hay que estar muy alerta, y saber defenderse es complicado. Nos está pasando por encima una avalancha de información y mucha de esa información está contaminada, o es falsa, nos están engañando con muchas cosas. Porque los medios de difusión de ideas y de contenidos están gobernados por unos pocos y tienen unos intereses determinados, ya sean comerciales, ideológicos, políticos…

 

«Es lo que yo creo que los ciudadanos esperamos del Gobierno, que trabaje mucho pero que no nos tome el pelo»

 

Y hablando de políticos, hace unos meses te escuchamos decir que querías una investidura, ahora que ya la habido y tenemos gobierno ¿qué te parece, qué esperas de él?

En mi opinión es de lo posible lo mejor. Creo que el tiempo del bipartidismo ha pasado a la historia y que de ahora en adelante se abre una época en la que hay que pactar y hablar, en la que un solo Gobierno no va a gobernar, y espero que sea así. Me parece que es la mejor manera de que se diversifique y se controlen esos procesos de corrupción y de prepotencia por parte de partidos predominantes.

Claro, mi posición ideológica está más cerca de este Gobierno que de los que están ahora en la oposición, por eso digo que me parece lo mejor o lo menos malo. Evidentemente habrá mucha gente que no esté de acuerdo, lo que pasa es que ha habido una mayoría suficiente para conformar un Gobierno que creo que no es perfecto y que seguramente cometerá errores, pero espero que no caiga en la corrupción, espero que no caiga en las mentiras y que cuando nos tengan que decir las cosas nos las digan francamente. Si algo no se puede hacer no se puede hacer, pero que no nos engañen, por favor. Es lo que yo creo que los ciudadanos esperamos del Gobierno, que trabaje mucho pero que no nos tome el pelo.

Y para terminar volviendo un poco a la obra, esta habla de «la espera de lo que nunca llega», ¿qué esperas tú ahora?

Yo ahora estoy en un momento de mi vida en el que creo que lo que más busco es la calma, tranquilidad. Y cuando digo esto no digo que me quiera retirar de mi profesión ni dejar de trabajar. Sí, me apetece seguir trabajando y tengo proyectos que me gustaría que salieran adelante, pero sobre todo ahora mismo de cara a lo que me queda de vida lo que más me puede hacer disfrutar es una cierta calma.  

Ahora no tengo más ambición que vivir tranquilo, disfrutar muchísimo de todas y cada una de las cosas que hago. Es algo que me está pasando con Esperando a Godot. Hay mucho trabajo y es cierto que lo que estamos viviendo con Esperando a Godot no es lo que uno entiende en principio por «calma», pero sí que es cierto que estoy contento y que me permite reposar y reflexionar. Además, por primera vez en mucho tiempo, tenemos una gira muy larga por delante con lo cual eso también contribuye a la calma, porque yo espero calma.

Entonces entiendo que ahora te apetece más el mundo del teatro que el audiovisual

Sí. Hay proyectos de audiovisual a la espera pero me interesa mucho más el teatro.

 


 

Alberto Jiménez, Esperando a Godot

 

Alberto Jiménez: «Nunca estamos conformes con lo que nos pasa, siempre estamos deseando que llegue algo mejor, que nos haga felices y resuelva nuestras vidas»

El autor, Beckett definía la obra como «horriblemente cómica», ¿cómo la definiríais vosotros?

Yo, con toda la humildad creo que es una obra de las más novedosas por su puesta en escena. Tanto el director como yo creemos que efectivamente Beckett quería a través de la comedia contar la tragedia de los personajes y del ser humano en general. En esta obra hay mucha comedia negra, terrible pero comedia.

¿Y esta es una versión más optimista o pesimista de la obra?

Mira, voy a desvelar el final para poder contestar esto. Los personajes tanto al final del primer acto como del segundo dicen «nos vamos» y no se van. La propuesta de Antonio ha sido que al final del segundo acto, al decir eso, demos un primer paso y haya un oscuro. Con ello quiere contar que siempre hay esperanza y lo último que hay que perder en la vida es la esperanza.

Pero la obra también habla de tener que hacer las cosas un poco por uno mismo, ¿cómo combinar ambas ideas sin estancarse en la esperanza?

Claro, si la esperanza es motivadora y te impulsa a actuar está bien. Si lo que hace es dejarte en el sitio, paralizarte, hacerte huir de toda responsabilidad y dejar que sea la propia esperanza la que te resuelva la vida, ahí vamos por muy mal camino.

Entonces España está en un muy buen contexto para estrenar esta obra ahora

Totalmente, es muy oportuna y muy actual. Es sorprendente también lo bien que funciona cuando el público es un poco más joven, porque entran en la comedia pero captan perfectamente lo que está por debajo.

 

«Nos cuesta aceptar la muerte, porque la muerte es el final de acto y a partir de ahí no sabemos qué sucede, y nos da miedo»

 

¿Y qué dirías tú que está por debajo, cuál es esa dimensión filosófica que hay detrás de la comedia?

Hay un montón de ensayos sobre ello. Esperando a Godot es la obra que más se ha representado durante el siglo XX y hay muchísimas propuestas. Esta obra, para mí que soy uno de los actores que la interpreta, lo que cuenta es esta cosa que tenemos los seres humanos de delegar siempre la responsabilidad de nuestra propia existencia fuera. Cómo nos cuesta responsabilizarnos de nuestra propia vida y actuar en consecuencia de nuestros intereses, nuestros anhelos, nuestros deseos, nuestras querencias y decir que la culpa la tiene siempre ese Godot que no llega. 

También habla un poco del paso del tiempo. Son dos personajes viejos, que están al final de sus vidas y les cuesta también dar fin a su existencia, algo que nos pasa a todos los seres humanos. Nos cuesta aceptar la muerte, porque la muerte es el final de acto y a partir de ahí no sabemos qué sucede, y nos da miedo.

Una parte clave del decorado de esta representación son las vías del tren, ¿por qué, qué representan?

Esto lo digo yo por mi boca pero son propuestas de Antonio. Él leyó que Samuel Beckett trabajó en una resistencia contra los nazis y lo que quería contar con esta obra era lo que le sucedía a la gente que estaba ahí cuando quedaban en un lugar extraño e inhóspito por no ser descubiertos. 

También, después de la Segunda Guerra Mundial hubo muchos desplazados entonces es esta cosa de las vías, de personajes que están fuera de su sitio, desplazados lejos de sus casas, y lo que están esperando es que venga esa persona de la resistencia que les dé información para seguir actuando contra los nazis.

 

«A mí las etiquetas no me gustan, si es buen teatro da igual dónde se haga y para el público que se haga»

 

¿Y crees que este tipo de teatro «existencialista» puede triunfar en el panorama dominado por lo comercial que tenemos ahora?

La verdad no creo que sea una mala época para el teatro más diferente. A parte, yo creo que una cosa que se hace con esta propuesta es hacer teatro comercial con algo como tú dices existencialista, porque yo no creo que en el ámbito comercial se tenga que hacer teatro comercial y en el ámbito más subvencionado e institucional se tenga que hacer un teatro más arriesgado. Creo que se pueden intercalar y que haya un intercambio entre los dos mundos. 

El público del teatro comercial tiene derecho a ver este tipo de trabajos, igual que también el público del teatro menos convencional puede ver cosas más comerciales y de fácil acceso. A mí las etiquetas no me gustan, si es buen teatro da igual dónde se haga y para el público que se haga.

Y para terminar, ¿algo que quieras destacar de la experiencia de dar vida a tu personaje?

A mi personaje le pasan cosas que me pasan a mí en la vida. Por ejemplo, tiene prostatitis, yo no la tengo pero con los años me doy cuenta de la dificultad que tengo para orinar. Conforme vamos haciendo la representación me voy dando cuenta de que hay muchas cosas que son muy comunes y cercanas a mi vida, por ejemplo esto que te he contado o el miedo al paso del tiempo, miedo a morir.

Entonces nos podríamos de alguna manera sentir todos identificados, ¿no?

Claro. Por eso creo que es un trabajo que cuanto más cercano sea al público, mejor, porque lo que les sucede a estos personajes nos sucede a todos. Todos estamos esperando algo siempre, nunca estamos conformes con lo que nos pasa, siempre estamos deseando que llegue algo mejor, que nos haga felices y resuelva nuestras vidas.

¿Y tú ahora qué esperas, tienes más proyectos en mente?

De momento tengo mucha suerte porque mi principal proyecto es este, tenemos gira hasta marzo del año que viene, algo que no me había pasado nunca, y además nos han confirmado que vamos a estar una segunda temporada en Madrid, o sea que no me puedo comprometer con muchas cosas porque esto está funcionando muy bien y tenemos muchos bolos, como decimos en el lenguaje teatral.

 

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