Estas fallas son la manera de renacer del todo y de empezar de cero

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Los artistas José Luis Ceballos y Francisco Sanabria son un tándem perfecto. Eso se ve desde el principio. Tienen el taller lleno de historias que contar que van uniendo con maestría, como si de un puzzle se tratara. Cada una de sus obras habla de barrio, de sociedad y de personajes célebres de un universo que han construido los más de diez años que llevan plantando la falla municipal infantil de Ayuntamiento de Valencia. 

Nueve años plantando la falla municipal infantil en la plaza del Ayuntamiento. 

¿Os sentís privilegiados?

Cuando nosotros empezamos el concurso, la falla no estaba muy bien vista. A nivel de la burocracia que lleva contratar esta falla era complicado. Nadie la quería hacer. Nosotros lo que hicimos fue darle nuestro rollo y fue gustando año tras otro. Más que privilegiados, sentimos el calor de la gente y eso nos animaba a presentarnos y hacer los proyectos. 

Es difícil contentar a público y critica, pero parece que vosotros lo habéis conseguido. ¿Da vértigo plantar una falla que va a ver todo el mundo?

Sí, porque es un sitio muy importante, sabes que todo el mundo la va a ver. Tienes que hacer algo que esté a la altura del espacio. Es una falla que aunque no tenga premio porque no participa, se premia con la crítica de la gente, que es el jurado más popular. Y lo recibes en los comentarios. Nosotros ya le hemos cogido el punto y hablamos de cosas de la ciudad, pero adaptado a los niños, ya que es una falla infantil. 

¿Os veremos plantar la grande?

No creo, porque se necesita mucha más infraestructura. Operativamente podría ser complicado… Además, estamos más cómodos en el tema de la infantil porque es la que dominamos. Lo hacemos prácticamente todo nosotros, y no nos interesa tener un equipo para manejarlo. Nos sentimos muy cómodos con la infantil, que no es grande, pero también sudas tinta. 

En cuanto a temática, ¿hay alguna diferencia entre la falla infantil y la grande?

Últimamente las fallas grandes se están empezando a “infantilizar” para dar más juego al público y al jurado. Y sin embargo la infantil ha evolucionado un poco a contar historias. Por ejemplo, la falla municipal de este año es un “¿Quién es quién?”, otro año representamos los barrios de Valencia. Ahora somos más susceptibles a la crítica, y hay que ser más políticamente correctos. La gente quizá busca más la decoración y el barroquismo, exceso de figuras… Luego es muy subjetivo, el jurado son 9 personas que tienen sus gustos e su ideas de falla, y lo que se premia marca la moda del año siguiente.

Las fallas son un continuo renacer, en el que cada año quemamos lo negativo, ¿Creéis que estas fallas 2022 son más significativas en ese sentido?

Sí, estas fallas son una manera de renacer del todo y de empezar de cero. Las fallas de 2020-2021 esperaron un año en el taller. Las de septiembre fueron algo a medias. Y al final llevamos arrastrando esto 2 años. Pero, ahora estamos con la perspectiva de quemar en marzo y empezar, por fin, bien. Y que el calendario vuelva a estar en su sitio.

¿Cuál es la plantà que más recordáis y la más especial?

En nuestros primeros años, 2004 y 2005, sacábamos las piezas por la ventana del estudio y construíamos la falla de arriba a abajo. También hemos plantado con toque de queda, o con la cabalgata del Reino en marcha. Comenzaron a lanzar cosas y nosotros sufriendo por los ninots (se ríen). Era todo surrealista. El año pasado hicimos a Rosita Amores, nos localizó porque quería venir a hacerse una foto con nosotros, también quería el ninot… Nos ha pasado con muchas obras. 

El CCCC os dedicó una retrospectiva de vuestra obra. ¿Se siente bien en un museo?

Es la primera vez que se hace una exposición de fallas de esa magnitud. Propusimos nosotros el proyecto, y les encantó la idea. De hecho, pensábamos que sería una sala pequeña, y al final fue una sala enorme, de todo el material que llevamos. Tuvo una gran acogida y estamos muy orgullosos.

¿Cómo es el proceso de creación de una falla? ¿Y vuestro proceso creativo? ¿En qué os inspiráis?

Primero viene la idea. Algunas iniciales, de hecho se descartan en el proceso, que es bastante largo, y otras maduran hacia otra cosa. Luego se realiza un boceto, y te pones a modelar. A veces te ayudas de maquetas y esbozos digitales. Después viene todo el proceso tradicional: empapelar, pulir, pintar, lo sacas a la calle y a montar. Esa es una noche larga (se rien). Pero cuando la ves montada, no se te va la sonrisa de la cara. 

Centráis vuestra labor en la creación de fallas y hogueras pero sois un equipo multidisciplinar, ¿Qué más cosas hacéis?

Nosotros estudiamos Bellas Artes y nos especializamos en conservación y restauración. Ahora, además de las fallas, hacemos mucha ilustración, cuentos, o restauración. Ha quedado un poco en segundo plano, pero sí que nos salen varias cosas. Por ejemplo, el cuento La feren els Angels, que narra el origen de la Virgen de los Desamparados, de cara a los niños. Era una idea que llevaba unos 9 años en el tintero, y que la pandemia nos permitió retomar y ver por dónde salía. Lo auto editamos y se agotó a la semana de salir. Nos ha tocado reinventarnos, aunque siempre hemos hecho cosas así. Otro de nuestro últimos trabajos fue para el libreto de un CD de Berlanga, en el que se incluyeron ilustraciones nuestras. Y recientemente le hemos hecho un ninot a Mónica Naranjo. 

Estamos asistiendo a una gran cantidad de rodajes en nuestra comunidad ¿Se os abre un campo de posibilidades? 

Hay muchos talleres que hacen eso, si, nosotros por el momento no. Pero podría ser un campo interesante. 

¿Cuál ha sido vuestra evolución artística desde esos inicios?

Conocemos ya un poco el mercado, lo que nos piden, para quién trabajamos, etc. Conocemos al cliente y al público, sabemos un poco lo que puede funcionar y lo que no. El poso de todos los años. Hay mucho amor en lo que hacemos, pero está poco valorado económicamente. Se trata de equilibrar la balanza porque la final es una competición. 

¿Os imaginabais que ibais a estar en este punto cuando empezasteis? 

Qué va, empezamos como un juego. Llegamos a las fallas de repente. Nos surgió la posibilidad en la facultad, buscamos la comisión, se llevó el primer premio y nos volvieron a llamar. Nos volvimos un poco autodidactas preguntando a maestros del oficio. Aprendimos sobre la marcha y hemos tenido suerte porque nuestro trabajo ha gustado.

¿Cómo está el sector fallero tras la situación de la pandemia?

Está afectado, quienes han podido recibir ingresos e inyecciones para salir adelante ha podido seguir. Pero muchos otros no. También ha subido el precio de los materiales, de los autónomos, los impuestos… Es un tira y afloja constante. 

En una frase, ¿cómo definirías las fallas? ¿Qué son para vosotros?

Es una relación de amor-odio. Es el medio más directo que tenemos para expresar algo. Pero como es un proceso tan largo a veces acaba siendo un poco tedioso. Hay mucho trabajo que no se ve, pero cuando la ves en la calle, te sientes tremendamente orgulloso, y vas todos los días a verla. Al final es un estilo de vida, y que sea un arte efímero, te hace tomar conciencia de que en 4 días se va. No nos da tanta pena la cremà como llegar al taller tras la plantà, y verlo vacío. Pero es normal, es emotivo, pero es una forma de volver a empezar.

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