Bienvenidos a Dailyland: el universo de Joan Verdú toma el Centre del Carme

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El Centre del Carme Cultura Contemporània invita a entrar en la mente de Joan Verdú con Life in Dailyland, una exposición que reúne más de 160 obras y recorre el imaginario del artista valenciano, referente en la relación entre el arte contemporáneo y la cultura pop. La muestra, que podrá visitarse hasta enero de 2027, incluye tres conjuntos inéditos que nunca antes habían visto la luz en una exposición.

Un recorrido por la mente de Joan Verdú

¿Cómo sería entrar en la cabeza de alguien? El Centre del Carme propone una respuesta a través de Dailyland, un universo repleto de vallas publicitarias, marcas comerciales, ventanas, objetos cotidianos y mensajes que invitan a mirar de nuevo aquello que creemos conocer. Y, si algo falta, siempre queda la posibilidad de atravesar uno de los agujeros negros que aparecen en sus obras y descubrir qué hay al otro lado.

Life in Dailyland transforma el antiguo convento en un territorio propio del artista valenciano, fallecido en 2017. La exposición reúne más de 160 piezas que reflejan una trayectoria marcada por el pop, el surrealismo, el humor y la cultura popular, además de su particular manera de alterar la realidad cotidiana.

La muestra reúne algunas de sus series más reconocibles junto a tres conjuntos inéditos: Conills (2013), Los Blues alegres (2002-2003) e Imágenes confusas (2003). Se trata de la mayor exposición dedicada a Verdú desde su muerte.

Una exposición concebida como una dramaturgia

El comisario, Tomás Verdú, hijo del artista, plantea el recorrido como una dramaturgia. Dramaturgo y actor de profesión, ha tomado Dailyland como hilo conductor para organizar una producción que nunca pareció interesada en respetar las fronteras entre disciplinas, épocas o registros.

La idea procede de un escrito que Joan Verdú dejó en 2017, poco antes de morir. En él imaginaba un lugar donde convivían sus diferentes identidades y producciones, sin una separación clara entre realidad y ficción, entre lo consciente y lo inconsciente. La exposición recupera ese planteamiento para construir un recorrido por su universo creativo.

Verdú comenzó su trayectoria en la ilustración, el cómic, el diseño y el trabajo gráfico antes de adentrarse plenamente en la pintura. «Bueno, en realidad lo de la pintura es una tapadera, mi verdadera actividad es el arte», llegó a decir. Su obra demuestra que nunca entendió la creación como una disciplina cerrada, sino como un territorio donde todo podía convertirse en materia artística.

Publicidad, humor y cultura popular

La cultura popular constituye uno de los pilares de su imaginario. Marcas, anuncios, personajes, cómics, televisión, cine y objetos cotidianos alimentaron una obra que desbordaba el sentido comercial de las imágenes para convertirlas en algo inesperado.

Verdú tomaba signos reconocibles para el público y los desplazaba de su contexto habitual. El resultado invitaba a observarlos desde otra perspectiva, cuestionando su significado mediante el humor, la ironía y los juegos de palabras. Una pared repleta de anuncios, a modo de Times Square particular de Dailyland, permite apreciar cómo el artista utilizaba la publicidad como fuente de imágenes y, al mismo tiempo, como un lenguaje que podía desmontar y manipular.

Su universo, sin embargo, va mucho más allá de las marcas. Desiertos, islas y espacios liminales comparten protagonismo con algunos de los símbolos más recurrentes de su producción: cactus, llamas, conejos, calaveras, ángeles y demonios. Estos elementos reaparecen, se combinan y cambian de sentido hasta construir una iconografía propia, reconocible y en constante transformación.

«En el fondo soy muy superficial. ¿Y en la superficie? Igualmente. No querrás que en la superficie sea superintelectual. Eso quedaría fatal», afirmaba el artista. La frase resume una manera de entender la creación sin solemnidad, abierta a la contradicción y al juego.

Los escritos más mordaces de Joan Verdú

La exposición también se adentra en la faceta más crítica del artista. Entre 1998 y 2015, Verdú publicó una columna en Levante-EMV desde la que cuestionó con dureza el panorama cultural valenciano. La muestra recupera borradores originales con tachaduras, anotaciones y marcas manuscritas que permiten acercarse a su proceso de escritura.

En aquellos textos dirigió su sátira contra figuras e instituciones del ámbito cultural, con una mordacidad que no dejaba indiferente. Entre sus dardos aparece Consuelo Císcar, a quien dedicó versos cargados de ironía. El director del Centre del Carme, Nicolás Bugeda, reconoce en esa faceta una audacia que formaba parte del carácter del artista.

Los bocetos, las maquetas y los objetos cotidianos que Verdú incorporaba a su universo creativo completan el recorrido. Incluso algunos objetos sin especial valor económico adquirían una dimensión fetichista por su capacidad para conectar con el paisaje visual que alimentaba su obra.

Un artista ligado a la escena cultural valenciana

La muestra también refleja la estrecha relación de Verdú con la escena cultural valenciana. Su trabajo, sus artículos críticos y su red de amistades forman parte de una trayectoria que sus allegados han reivindicado tanto por su relevancia artística como por su personalidad.

Su crítica a las instituciones culturales le granjeó enfrentamientos, mientras que su trastorno bipolar condicionó algunas de sus relaciones personales y profesionales. Estos aspectos biográficos ayudan a contextualizar una figura compleja, cuya obra combinaba una mirada incisiva con una libertad creativa difícil de encasillar.

Como escribe MacDiego en el texto que acompañará al catálogo de la exposición, «Joan Verdú nos dejó una manera de entender la pintura». Esa idea resume el propósito de Life in Dailyland: no limitarse a reunir obras de distintas etapas, sino reconstruir la forma de mirar que las hizo posibles.

«No elijas tú, deja que el medio te elija a ti […]. Me eligió a mí el arte», afirmaba Joan Verdú. En Dailyland, esa elección se convierte en una invitación a recorrer su universo sin fronteras y a descubrir cuánto puede cambiar lo cotidiano cuando alguien decide mirarlo de otra manera.

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