La llegada del calor es una gran noticia para nuestro estado de ánimo. Sol, playa, terrazas, sangría (azúcar), helados (más azúcar) vacaciones… pero también debemos tener en cuenta que las altas temperaturas forman el ambiente idóneo para la proliferación de bacterias en general y muy especialmente en la cavidad oral.

Durante los meses de verano es muy habitual que variemos nuestras rutinas diarias lo que pueden derivar en una relajación de nuestros hábitos de higiene bucodental. Si a ello le sumamos calor y el uso de aires acondicionados y ventiladores para combatirlo el resultado son unas mucosas orales resecas, es decir el medio ideal para que las bacterias proliferen en nuestra boca.

La sequedad bucal suele estar ligada a una reducción de los niveles de saliva, elemento vital para la protección de nuestros dientes. La disminución de saliva provoca que los azúcares no se diluyan y la disminución del pH de la cavidad bucal. Por ello todo es muy frecuente que en los meses de estío se produzcan  aftas o boqueras que favorecen el desarrollo de caries o gingivitis.

RECOMENDACIONES

Es fundamental mantener una constante hidratación y una concentración adecuada de estas sales a través de una ingesta regular de agua y bebidas sin azúcar, así como frutas y verduras, ya que éstas, además de contener agua, favorecen una mayor salivación.

En muchas ocasiones, y sobre todo en verano, solemos mitigar la sed con refrescos. Estas bebidas azucaradas o carbonatadas son muy perjudiciales para los dientes y, al encontrarnos durante el periodo estival en lugares en los que nos puede resultar más complicado realizarnos un cepillado dental.

Los especialistas insisten en la necesidad de cepillarse los dientes con pasta con flúor tres veces al día durante al menos tres minutos inmediatamente después de cada comida principal, poniendo especial atención en el cepillado justo antes de acostarse.

En el supuesto de que estemos fueran y no podamos cepillarnos después de alguna comida, excepcionalmente podría mascarse chicles sin azúcar y con xilitol de forma moderada y durante un tiempo máximo de 20 minutos.

alvarado

También resulta indispensable en verano utilizar hilo o seda dental una vez al día y, de forma complementaria, un colutorio adecuado y proteger los labios con un fotoprotector adecuado para prevenir el cáncer en esta parte de la boca.

¿AFECTA EL CLORO DE LA PISCINA A LOS DIENTES?

La mejor forma de combatir el calor estival es darse un buen chapuzón en una piscina, pero debemos tener en cuenta que para controlar el PH del agua se utilizan cantidad de químicos como el cloro que pueden repercutir negativamente en nuestros dientes, sobre todo a su esmaltado.

Cuando los niveles de cloro son excesivos, como suele ocurrir en las piscinas comunitarias, o simplemente, pasamos muchas horas cada día en el aguas el problema se agudiza.

El pH del agua tiene un efecto erosivo que, en pequeña medida, no supone un problema, pero cuyo contacto continuado puede aportar acidez a nuestra boca, provocar el desgaste prematuro del esmalte, la pérdida de color en los dientes, manchas, hipersensibilidad dentaria, aparición de sarro., inflamación de las encías (gingivitis) y mal aliento (halitosis) asociado al sarro.

CÓMO PREVENIRLO

En las piscinas privadas, asegúrate de que el pH de la piscina siempre está entre los niveles deseados: nunca por debajo de 6 o muy por encima de 7.

Extrema la higiene dental durante los períodos vacacionales y emplea pastas de dientes fluoradas para contrarrestar el posible exceso de acidez en la saliva y no olvides tu cita con el dentista para una limpieza de boca anual o semestral. Es la única manera efectiva de eliminar el sarro que se acumula en la línea entre dientes y encías y que, de no tratarse a tiempo, puede ser el desencadenante de la enfermedad periodontal.