Actualizado el 10 de diciembre de 2018

Ideas y Exposiciones. Por Vicente Chambó

Para diciembre, les recomendamos tres exposiciones radicalmente distintas y que abarcan desde la creación conceptual hasta la combinación más insólita posible entre piezas con siglos de diferencia.

España. Vanguardia artística y realidad social. 1936 – 1976
IVAM
GALERÍA G3

Guillem de Castro, 118
vam@ivam.es - 963 176 600
Valencia
Martes a domingo de 10:00 a 19:00h- Viernes de 10:00 a 21:00h
Lunes cerrado. Consultar excepciones
Hasta el 13 Enero 2019

 

Exposiciones en Valencia. Ivam. Vicente Chambó

Coincidiendo con el cuarenta aniversario del inicio de la Guerra Civil (18 de julio de 1976),se inauguraba en el Pabellón en la Bienal de Venecia, la exposición: España. Vanguardia artística y realidad social. 1936-1976. El Pabellón oficial de España permaneció cerrado porque, tras los acontecimientos de mayo de 1968 y la llegada a la presidencia de la Bienal de Carlo Ripa di Meana, se habían revisado los planteamientos iniciales de la Bienal, y se había puesto en cuestión invitar a países en régimen de dictadura. Sin embargo, se halló la fórmula paralela para que estuviera presente una representación española a través de esta muestra organizada al margen de las instituciones españolas con la complicidad del citado Ripa di Meana por un grupo de artistas e intelectuales muy comprometidos políticamente, entre los que se encontraban, Valeriano Bozal y Tomás Llorens, que actuaron como comisarios, o Eduardo Arroyo, Alberto Corazón, y Equipo Crónica, implicados en el desarrollo de todo el proceso y cuyas obras formaron parte de la exposición. Tanto la gestación del proyecto como sus resultados fueron muy polémicos y supusieron el enfrentamiento entre diferentes grupos de artistas y críticos.

La exposición se dividió en diferentes secciones que iban desde la dedicada al pabellón español en la Exposición internacional de París en 1937 y los vanguardistas en el exilio, hasta los planteamientos más recientes vinculados al arte conceptual, pasando por las tendencias próximas al pop y el realismo social, construyendo un nuevo relato de la historia del arte de España durante esas cuatro décadas que, de algún modo, ha determinado hasta hoy.

Considerando el papel que jugaron Tomás Llorens y algunos artistas valencianos en aquello, no es de extrañar que en la colección del IVAM se conserven cerca de cuarenta obras de las que se pudieron incluir en la Bienal de Venecia de 1976 según el listado que aparece en su catálogo. Esta muestra, que se incluye dentro de la programación de Casos de estudio, tiene como objetivo contextualizar ese grupo de obras a través de la revisión de una exposición que se ha convertido en fundamental para comprender la producción artística en el estado español durante el siglo pasado.

Manu Blázquez (Premio de Dibujo DKV-MAKMA, IV edición)

Muvim

Guillem de Castro, 8 - Quevedo, 10
Valencia
Inauguración 14 de diciembre 20h. 
Hasta el 5 de febrero de 2019

El Premio Nacional de Dibujo organizado por DKV seguros y MAKMA, revista de artes visuales y cultura contemporánea, en cuyas dos últimas ediciones ha participado el MuVIM, busca aproximar el arte contemporáneo al público en general y abrir espacios para el ocio cultural familiar, valiéndose de la potencia, atemporalidad, y valores inherentes a cuentos, relatos, e historias, realizando para ello una convocatoria anual de la cual sale un proyecto premiado.

En este caso, el acercamiento a la narración viene de la mano de Manu Blázquez (Valencia, 1978), con un proyecto conceptual que nos permite –al paso- abordar detalles de la biografía de Franz Schubert, ya que se centra en una lectura plástica sorprendente de su mítica sinfonía(1)

Hay muchas teorías que intentan explicar si Schubert llegó a finalizar o no su trabajo en la denominada sinfonía D-759: también conocida como “inconclusa”. Una de las hipótesis sobre la legendaria composición, parece indicar que abandonó la labor al conocer el diagnóstico de la grave enfermedad que había contraído. Otra conjetura afirma que la pieza está concluida tal como la concibió y quiso dejar tal cual, siendo muestra de la propia mente innovadora del compositor, pero entre una y otra teoría, se baraja también la posibilidad de que desistiera a proseguirla debido al desvanecimiento de un amor que le habría dado la inspiración para componerla, y que obligado por su enfermedad, se vio moralmente comprometido a renunciar a dicho amor. Esto último, tampoco está claro, pero diversas lecturas entre líneas de sus escritos tan románticos llevan a considerar los motivos por los que a esta sinfonía “inconclusa” se la ha referido como “El apoteosis del amor”.

Lo que sí parece indiscutible, es que Schubert realiza el esquema de su octava en partitura para piano, finaliza y orquesta los dos primeros movimientos y empieza un scherzo(2) que no acaba, y tampoco deja ninguna información sobre el allegro final. Deja la obra en el mes de octubre de 1822, y el misterio empieza cuando le hace entrega de la misma (las dos partes terminadas, supuestamente la mitad), a su amigo Josef Hüttenbrenner de la Steiermärkischen Musikverein, sociedad Musical de Estiria en Graz, para dar gracias por su nombramiento como socio de honor, (verano de 1823), de donde finalmente llegaría a Johann Herbeck, que la interpretaría en Viena por primera vez pasadas cuatro décadas (1865).

Para Hüttenbrenner, -según carta de su propio puño y letra- la obra es un tesoro musical de nivel excepcional, pero seguramente no la hace interpretar por considerar que le faltan los dos movimientos finales de los cuatro habituales, reforzando para sí ésta hipótesis cuando se halla el borrador de Schubert con algunos compases del mencionado scherzo que podrían haber servido para un tercer movimiento, aunque este hecho no resuelve tampoco el misterio.

Para descifrar el enigma en profundidad, no podemos hacer más que invitar a analizar los cambios bruscos en el estado de ánimo del compositor, que presenta grandes contrastes, inocencia, compasión, encanto, jovialidad y buen humor, pero también resignación, severidad, melancolía e incluso dolor y desesperación.

En 1828, Schubert dio el único concierto de su carrera con sus propias obras, tuvo gran éxito, pero falleció tan solo ocho meses después.

Entre tanta incógnita, con un código de orden propio, inabordable para muchos y de acabado indiscutible para los demás, Blázquez manifiesta internarse en una serie de sucesiones numéricas establecidas siguiendo el orden progresivo de las notas musicales de la “inconclusa sinfonía” para generar las series de dibujos donde materializa gráficamente los valores de la misma.

La historia de una sinfonía de tan abundantes matices y conjeturas, mítica desde su génesis, y de inconquistable final, entra aquí -por inconsciencia o bravura artística-, en zona de geometría, línea, luz y sombra. Un área plástica, en la que se distinguen contornos de algunas huellas cuyas pisadas están identificadas a lo largo del s. XX y hasta nuestros días, como las de Elena Asins, Antonio Calderara, Hanne Darboven, Hans Hartung, Giorgio Morandi, Sol LeWitt, o Eusebio Sempere.

(1) Se le atribuye clásicamente el nº 8 pero en las renumeraciones actuales es la nº 7.

(2) (nombre que se da a ciertas obras musicales o a algunos movimientos de una composición grande como una sonata o una sinfonía)

Carmen Calvo (Valencia, 1950) presenta ‘Peces de colores en la azotea’, exposición compuesta por piezas inéditas, creadas a partir de disciplinas que viajan desde la escultura, el grabado y la fotografía, hasta la video-proyección y el collage. Este último, intrínseco a la obra de la valenciana -Premio Nacional de las Artes Plásticas (2013)- desde el inicio de su trayectoria como artista en 1969.

Comisariada por el Catedrático de Historia del Arte Rafael Gil Salinas, la exposición es un claro reflejo del particular universo personal de Carmen Calvo que, en palabras de Gil Salinas, se hace presente “tanto a partir del lenguaje que utiliza como de sus constantes fantasías, preocupaciones, sueños y desvelos”.

Entre los temas tratados en sus exposiciones encontramos metáforas hacia la educación, la familia, el sexo, la religión, el amor y la reminiscencia a la infancia. Temas que tratan de ser biografías de aquello que los elementos que componen las obras han vivido.
Por otro lado, entre los procesos artísticos empleados por la autora, destaca la búsqueda de la tridimensionalidad a través del uso de objetos “que no han sido diseñados con fines artísticos, sino que han sido redescubiertos por la artista y le han servido para trazar un diario de emociones: preocupaciones, alegrías, ilusiones, tristezas, sueños, pérdidas y encuentros”.

Las exposiciones de Carmen Calvo están cargadas de matices -y en el caso de esta muestra, de mucho color-, cuya complejidad radica “no tanto en hallar su correcto significado, como en dejarse seducir por el juego de sus imágenes”. Así pues, Calvo nos mostrará las imágenes que inundan su presente para hallar respuesta a cuestiones pasadas, aspirando mostrar un arte que tiende a lo surreal.

Teníamos todo a nuestro favor.

Museo de Bellas Artes de València

Calle Sant Pius V,
Abre a las 10:00
Hasta el 20 de enero de 2019

Exposiciones en Valencia. Museo San Pio V

Primera exposición conjunta que pone en diálogo obras de la colección del IVAM con obras de la colección permanente del San Pío V. Con ello, las dos instituciones culturales inician una línea de trabajo conjunta para los próximos años en la que se relacionan las obras de ambas colecciones.

Aproximadamente cien obras de artistas como Joaquín Sorolla, Antonio Muñoz Degraín, Francisco y Juan Ribalta, Joan de Joanes, Salvador Abril, Pablo Picasso, Manolo Valdés, André Derain, Julio González y Eduardo Chillida, entre otros.

El IVAM aporta 66 piezas de 24 artistas de arte moderno y contemporáneo mientras otras 36 piezas (de entre los siglos XIV y XX) pertenecen a colección permanente del Museo de Bellas Artes de València. Las obras generan diálogo entre los diferentes movimientos artísticos y mostrará cómo las creaciones de los siglos XX y XXI recuperan una y otra vez los géneros clásicos del arte a través del bodegón, el retrato y el paisaje.

La exposición pretende despertar la capacidad de conmover a sus visitantes, independientemente de que se trate de un retablo gótico que de una escultura

Teníamos todo a nuestro favor, toma el nombre de la escultura Bottle of Notes de Claes Oldenburg y Coosje van Bruggen con la que se inicia la exposición. Se trata de una metáfora del viaje que la colección del IVAM hace desde la calle Guillem de Castro y que constituye el hilo conductor del proyecto. La pieza se relaciona con las pinturas marinas expuestas en el Museo: Buque fantasma de Muñoz Degraín, Sin Rumbo de Ferrer Calatayud y A la deriva de Salvador Abril.