El bebé beluga mide ya casi cuatro metros, pesa cerca de 500 kilos y sigue colaborando con los investigadores de la Fundación Oceanogràfic

Kylu cumplió el pasado domingo cuatro años con una fiesta que le prepararon sus cuidadores. Sigue tan revoltoso e inteligente como siempre. Sigue siendo un bebé pero cada día se come casi 20 kilos de pescado y, aunque parezca asombroso, continúa mamando de su madre Yulka de forma espontánea y esporádica.

Su desarrollo está siendo óptimo, tanto en el orden físico como en el psíquico y de bienestar como lo prueba el hecho de un comportamiento, su actitud y su salud  y creciendo activamente lo que le sitúa en este momento en cerca de 4 metros de longitud y casi 500 kilos de peso.

Carlos Milo, responsable del área de Ártico y buen conocedor del pequeño, aprecia que “su comportamiento también ha cambiado bastante. Ahora es más curioso con todo lo que le rodea. Tiene más interacción con su padre, Kairo, tiene vocalizaciones parecidas a su padre y le imita más que a la madre. Kylu está en una fase en la que ya no es tan sumiso frente al padre, sino que juega y se comunica más con él”.

“Con la madre -continua Milo- sigue con muy buena relación. Están juntos casi todo el tiempo, pero en ocasiones él se separa de la madre voluntariamente en una piscina independiente y juega con nosotros. De hecho, a esa piscina le hemos llamado el “chiquiparc”, porque es como su salón de juegos. Lo llenamos de juguetes y cada vez gana más independencia, lo cual es una prueba de madurez normal”.

Oceanogràfic

 

La imaginación de los cuidadores no tiene límites y son capaces de fabricarles juguetes de todo tipo con el fin de que se entretengan, como boyas con mangueras de bombero a modo de “medusas”, “sombreros” que son como una boya partida que se pone en la cabeza. “Cada vez que estrena un juguete va y se lo enseña al padre. A veces hasta le molesta, como en los humanos, pero también hemos visto que Kairo busca ahora mucho a su hijo, algo que cada vez es más frecuente”.

Un carácter noble e inteligente

Así mismo se está avanzando mucho en la capacidad de colaboración voluntaria del pequeño con los investigadores de la Fundación Oceanogràfic, para lo cual se progresa en la desensibilización ante determinados elementos no invasivos como el espirómetro, las ventosas, hidrófonos, o diferentes sensores pudiendo obtener información muy relevante sobre el proceso de maduración de las belugas en sus etapas tempranas. , “ Es un animal que está muy acostumbrado a colaborar con los investigadores desde pequeño y siempre muestra un gran interés por todo lo que estamos haciendo”. Es por tanto un animal que está contribuyendo enormemente a nivel científico para el mejor conocimiento de la especie con el fin de que podamos proteger mejor a las belugas en medio natural.

Kylu está desarrollando un carácter noble, más parecido al del padre que al de la madre, y “es un animal superlisto. Siempre – asegura Milo- le estamos enseñando cosas nuevas y le buscamos nuevas metas que asimila enseguida”.  “Con los cuidadores – concluye- tiene una relación muy buena y le hemos cogido un enorme cariño. Las sesiones de entrenamiento siempre las hacemos desde el lado positivo. Es una convivencia muy positiva y sumamente enriquecedora… tanto para él como para nosotros”.

Un animal único para la ciencia

Paralelo a su desarrollo vital, espectacular en cuanto a salud y crecimiento, en torno a Kylu la Fundación Oceanogràfic ha desplegado diversos programas de investigación, que en principio sólo se pueden ejecutar gracias a su excepcional circunstancia. Kylu siempre facilita el trabajo de los investigadores con su colaboración, desde la diversión, de un animal inteligente y sociable como pocos.

Un grupo de investigadores, estudiantes de doctorado y veterinarios, en algunos casos procedentes de otros países, nutrido por miembros de la Fundación Oceanogràfic y también por personal la Universitat de València y la Autónoma de Barcelona, está estudiando actualmente el sistema respiratorio y cardiovascular, el bienestar, el desarrollo vocal y audición y, finalmente, aspectos madurativos de su sistema inmune. Un trabajo colaborativo y multidisciplinar en su conjunto, excepcional en la investigación marina.

Además de los avances en el conocimiento científico de este animal, el hecho de su existencia y estudio permite evidenciar las diferencias que se pueden dar en la especie asociadas a la edad, ya que actualmente el Oceanogràfic cuenta con ejemplares  en un rango de tres edades como la del propio Kylu, la de su padre (un animal de más de 50 años), y su madre, que se encontraría en un rango de edad intermedio.

Igualmente, su constante observación y análisis veterinario rutinario de la sangre, parásitos, medidas de su desarrollo biológico y otros parámetros de la fisiología del animal ofrecen un caudal de datos muy valioso desde el punto de vista de la fisiología normal en etapas tempranas y sobre cómo se produce la maduración de las belugas.