Creo que mi hija tiene la agenda más apretada que Rajoy, que parece que la tiene ‘muy libre’, según dice él mismo. Y es que entre la jornada de cole, extra de inglés (necesaria si queremos dejar de hacer el ridículo internacional), robótica (la asignatura del futuro) deberes, exámenes, etc., con el baño y cena se le acaba el día.

A lo mejor si en el colegio aprendieran inglés de verdad y se renovara el sistema educativo con nuevas materias y menos deberes, no haría falta aprenderlo fuera y los niños podrían jugar, leer, o siemplemente ir al dentista, que de momento ha sido gesta imposible. 

Ayer estuvimos a punto de conseguirlo, después de posponer la cita dos veces debido a los ‘compromisos profesionales’ de la niña. Pero cuando algo se tuerce, se tuerce.

Salimos de casa con el tiempo justo y al llegar al garaje, el coche estaba atrapado. Salimos a la calle y cogemos un taxti. A los dos minutos me doy cuenta. ¡No llevo la cartera, bajamos aquí que no puedo pagarle! Volvemos a casa, cojo la cartera. Vuelvo al garaje, ya puedo salir, el coche-tapón* ya no está.

Ponemos rumbo al dentista de nuevo, me equivoco de calle, me pierdo… Ochenta vueltas y dos peli-sueños* más tarde, llaman de la consulta: se ha hecho muy tarde. Ya no tenemos la cita, toca volver. Ya en el ascensor, con cara de ‘vaya tarde tonta’, alguien ha bajado la basura y el olor es insoportable. Le tapo la nariz y ella a mí. Termino con esa imagen de intercambio de manos, narices y carcajadas.

Mejor tomarlo con deportividad y esperar a que se vaya el tufo, que algo cambie. Igual cuando los políticos se decidan y se pongan a gobernar… Mientras ellos dejan de hacer sus funciones, una niña de 8 años sigue cumpliendo. Que cunda el ejemplo.

 

*Peli-sueños: sueños que la niña convierte en guiones cinematográficos y cuenta sin parar.