Estos días celebran la semana de los iaios en el cole de mi hijo. Me parece una idea estupenda. Viéndoles llevar, recoger y ocuparse de sus nietos, pensaron muy acertadamente, que merecían un fiestón y así lo hicieron.

Y este texto es mi pequeño homenaje a ellos, a los que ejercen. Los que hacen viajes al cole, llueva o truene, los que pasean a sus nietos, los llevan al parque, les dan de comer y lo que haga falta… literalmente, que si les piden la luna, ya se las ingenian ellos. Lo que sea por sacar una sonrisa a sus pequeños.

¿Qué haríamos sin ellos? Sin esos seres maravillosos que tienen un radar especial para detectar 200 gramos de menos*: “uy  está más delgado”, riñones al aire* “se le sube la camiseta, métesela por dentro que se va constipar”, cuellos despitalados* “ese cuello está muy abierto, verás mañana la gargantita”, pies descalzos, ojeras, y tantas cosas más.

Tienen licencia para cebar, adicción a las fotos familiares y la exclusividad de la frase “yo no estoy para estos trotes”.

Mi ilusión es poder pronunciar algún día cualquiera de estos hits. Porque si el amor de abuela es el de madre por partida doble, debe ser la leche… materna.