Ante todo quiero empezar diciendo que no sois vosotr@s, soy yo. Nuestra relación no funciona y sé que es por mi culpa. No he tenido suerte y eso ha condicionado mi actitud. Podemos ser amigos, pero de momento no soy fiel a uno solo.

¡Qué le voy a hacer! Todavía no he encontrado mi ‘media naranja…. peluqueril’, aunque creo que estoy en ello.

No tengo paciencia para pasarme horas en la peluquería, mientras el mundo sigue rodando. La comunicación tampoco funciona…. Soy tímida. No me gusta sacar conversación así porque sí.

Y cuando hablo, tampoco me hago entender. Si digo algo como: “córtame solo las puntas”, entienden “¡Corta un palmo, sin miedo!”. Si digo “me apetece un peinado con trenza” me hacen unas trencitas, que en vez de ir a la boda parece que voy a okupar el salón.

Aún así, no cejo en el empeño. Un mal peinado nos destroza el look, por eso sigo buscando y …¡Me parece que he encontrado a la adecuada!

Está cruzando la calle. Puntazo a su favor…  

Admiten niños esperando a que mamá acabe. Deja que se muevan, que hagan la croqueta y recojan todos los pelos del suelo.

Cuando llego con algún destrozo casero de los míos, como el pelo rojo, negro, o flequillo de Ameli, me lo arregla muy requetebien y sin reproches. Y por último no necesita palique ni me intenta vender potingues carísimos, o ‘peloplastias’ innecesarias.

Me bajo a la pelu.