¿De verdad que todo nuestro problema son los trajes de los Reyes Magos? El revuelo que se ha montado al respecto sí que es inverosímil, y más ahora, con la que está cayendo. Mientras nos quedemos en la anécdota: en los trajes, en los confetis, en los caramelos, lo importante irá rodando y cuando nos queramos dar cuenta será tarde, como siempre. 

No es que el tema de la ilusión sea segundón, al contrario, cuando se toca a los niños: Ma-to. Pero no se puede politizar esto, es muy feo. Eso no se hace, caca. Cierto es, que no son los trajes ‘de siempre’ y personalmente prefiero los tradicionales. A mi juicio no hay nada más moderno que respetar algunas tradiciones. Pero a lo mejor es la vestimenta que hubiera escogido mi hija. Podría ser perfectamente uno de sus diseños. Y si preguntan, se les contesta, ¡Echémosle imaginación, que falta nos hace! 

Los niños están por encima de todo eso. Nunca nos dejarán de sorprender y no podemos pensar por ellos. No sabemos por dónde nos van a salir. Un ejemplo, es la respuesta de mi hijo después de abrir los regalos. ¿Cuál es el regalo que más te ha gustado? La bici de Doraemon, (de 127 euros en el Corte inglés), sería la respuesta más coherente para un adulto y la que yo esperaba. Pero él sin pensarlo respondió: ¡¡El micrófono!!! (De 2 euros en Chollos El Barato). Jamás me preocuoparé por no tener presupuesto suficiente para Navidad. Esto es dar sentido a la manida frase ‘el dinero no da la felicidad’. O ‘contigo pan y cebolla’, cuando mi hija me dice, no quiero muchos juguetes, quiero que juegues conmigo. Sabios enanos.