Marina Sanmartín: “Esta es una novela sobre la identidad: sobre quiénes somos, quiénes cree la gente que somos y quiénes ocultamos que somos”

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Como escritora, librera y crítica, Marina Sanmartín ha construido un espacio único en la literatura de misterio y ficción criminal en España. Con su novela La doble desaparición de Abril del Pino, rinde homenaje a las grandes pioneras de la novela negra, desde Agatha Christie hasta Josephine Tate, mientras juega con la identidad y los secretos, y nos adentra en un mundo donde el misterio trasciende la trama y se refleja en los descubrimientos que hacemos sobre nosotros mismos a medida que avanzamos en la lectura.

Tu novela rinde homenaje a la novela negra clásica y a autoras como Agatha Christie. ¿Qué te atrajo de esta autora?

De las autoras del siglo XX me atrae todo. Yo creo que fueron unas pioneras. Además, el género negro tiene la peculiaridad de que desde el principio ha contado con autoras muy potentes y, desde luego, el máximo exponente de esto que estamos diciendo es Agatha Christie. Creo que ella combina dos cosas que no todas las novelistas: una obra excepcional y una vida excepcional.

En la novela hay guiños literarios, referencias cinematográficas y homenajes al género. ¿Cuál fue tu guiño favorito de incluir y por qué?

El apoyo fundamental de esta novela es una película maravillosa que se llama El secreto de la pirámide, producida por Steven Spielberg. Es una película en la que nos imaginamos qué hubiera pasado si Sherlock Holmes y el doctor John Watson se hubieran conocido cuando eran pequeños, adolescentes.

A mí, esa película que vi en mi adolescencia me encantó. Es una de las razones por las que, en ese momento, me empezó a gustar tanto la ficción criminal. Quise hacerle un homenaje, tal y como dices, y de hecho otras películas y lecturas policíacas también han ido salpicando mi vida e influyendo en ella, así que sentí que era el guiño perfecto para incluir en la novela.

La historia juega con lo que el lector cree saber y lo que realmente ocurre. ¿Buscabas desafiar al lector o más bien rendir homenaje a la tradición del misterio clásico?

rendir homenaje a las novelas clásicas inevitablemente tenía que desafiar al lector. La ficción de Enigma, la novela de Agatha Christie, es una novela-juego en la que lo fundamental es que el lector descifre qué está pasando antes de que se lo cuente el escritor en la última página.

Eso es justamente lo que intenté hacer con la doble desaparición de Abril Del Pino. En ningún momento miento al lector: la novela no es tramposa, no se dice A y luego resulta que es B. Pero sí hay un juego, una dosificación de la in- formación, y, como en la vida real, a menudo las cosas no son lo que parecen al principio.

Al abordar la escritura de tu novela, ¿cómo planteas la estructura narrativa? ¿Tienes ya en mente desde el inicio cómo terminará la historia, o prefieres dejarte llevar en cierto grado por el flujo creativo a medida que avanzas?

Creo que para disfrutar escribiendo hay que poder dejarse llevar. Pero también pienso —y sobre todo cuando escribes ficción criminal— que, al sentarte a escribir, debes tener muy claro de dónde partes y hacia dónde te diriges. Es decir, la trama, el centro del misterio, el planteamiento de la novela y quién es el responsable.

Lo que ocurre entre medias, algunos autores lo tienen más controlado; yo, en cambio, lo dejo un poco más abierto y voy descubriendo el texto a medida que avanzo. Digo muchas veces que no creo inventar mis libros, sino descubrirlos, como si existieran en una realidad paralela.

¿Qué simbolizan para ti Madrid (la ciudad donde vives) y Valencia (tu ciudad natal), y cómo esas imágenes influyeron en La doble desaparición de Abril del Pino?

Pues simbolizan todo, porque creo que en la vida de cualquier ser humano el lugar en el que habita es fundamental. Quiero mucho a Valencia porque es la ciudad en la que he crecido, donde vive la gente que más quiero: mis padres, mis hermanos, mis sobrinos. Es la ciudad que me ha formado y, de hecho, esta novela es también una reflexión sobre lo importante que es la infancia a la hora de convertirnos en el tipo de adultos que somos. En ese sentido, para mí Valencia es fundamental.

Por otro lado, mi vida adulta se ha desarrollado en Madrid. En cuanto terminé la carrera, tuve la suerte de encontrar trabajo allí, y todo lo que he construido como adulta, ha sido en esta ciudad. Me he independizado, he descubierto cómo soy en soledad, paseando por las plazas de Madrid, que me parecen preciosísimas. Para mí, las plazas madrileñas son algunos de mis lugares favoritos del mundo, junto con ciertos rincones valencianos, y por eso no podían faltar en la novela. Además, tengo allí mi librería, que es como mi casa.

El cozy crime está empezando a consolidarse en España. ¿Qué crees que tiene este subgénero que engancha tanto a los lectores?

Creo que, en realidad, el cozy crime no es otra cosa que las novelas que comentamos desde el principio: las novelas de enigma de los años 20 del siglo pasado. En aquel momento ya enganchaban mucho, y ahora se suman elementos que no existían entonces, como las nuevas tecnologías o la creciente igualdad entre hombres y mujeres.

Digamos que el “cozy crime” es una especie de renovación o refresco de esas novelas de enigma de los años 20 de autoras como Agatha Christie, Josephine Tate o Elisabeth Sanders-Hollin.

¿Por qué nos gusta tanto ahora? Creo que la novela negra, que siempre ha estado en primera lí- nea de ventas. En la primera década de los 2000, por ejemplo, tuvieron más protagonismo los thrillers más sangrientos, los nórdicos, los de denuncia social… novelas muy duras que nos dejaban el corazón como una pasita.

Hoy, sin embargo, vivimos en un contexto que ya es bastante terrible, y además nos lo cuentan de manera exagerada. Las cosas feas nos las muestran más feas todavía, incluso con mentiras. Y entonces la gente piensa: “Ya tengo bastante realidad, pero quiero seguir leyendo enigma”. Por eso el cozy crime funciona ahora, y por eso creo que en España veremos cada vez más autores y autoras en este subgénero.

La violencia y el dolor son elementos que fascinan al lector. ¿Por qué crees que ocurre esto y cómo logras manejarlos sin caer en el morbo?

Es muy difícil. Creo que cuando se cuenta un crimen de verdad hay una gran diferencia entre el crimen en la ficción y el true crime. Si hablamos de crónica criminal, entramos en otro territorio muy distinto, uno periodístico que exige, para empezar, una documentación impecable y un tremendo respeto por los implicados. Por eso no escribo crónica criminal: no sería capaz de hacerlo.

Es curioso porque, aunque cuando leemos buena literatura entramos en el juego y nos lo creemos, no es lo mismo que saber que lo que leemos ha ocurrido de verdad. Ahí hay un grado de dolor añadido. Siempre recomiendo, como ejemplo de crónica criminal, La ciudad de los vivos, sobre un crimen que sucedió en Roma en 2016, porque cumple a la perfección con lo que estoy diciendo.

Si me preguntas por qué a la gente le interesa, hay una explicación que dio un criminólogo valenciano muy famoso, Vicente Garrido, en una charla que ofreció hace un par de años: en el fondo es algo atávico, casi de la especie. Nuestra intención siempre es sobrevivir, y cuanto más sabemos, más posibilidades tenemos de hacerlo. Si nos cuentan cómo otras personas se han enfrenta- do al dolor, al miedo o al peligro, podemos adquirir herramientas para enfrentarnos a ello nosotros mismos.

Al mismo tiempo ocurre algo que parece contradictorio, pero no lo es: cuando vemos que otra persona sufre, constatamos que nosotros estamos a salvo. Por eso, si estoy en el sofá de mi casa viendo una serie, pienso: “Bueno, yo estoy aquí, a salvo”. Ese contraste refuerza el placer de la lectura o de la ficción, sin necesidad de caer en el morbo.

Has comentado que muchos personajes femeninos en la novela negra caen en clichés. ¿Cómo logras que los tuyos sean creíbles y no estereotipos?

Creo que el problema de los personajes femeninos en la novela negra actual es que muchos autores y autoras se lanzan a escribir este género pensando que, por tener unas reglas tan definidas, escribirla bien será más fácil. Y ocurre todo lo contrario: cuanto más reglado está un juego, más difícil es jugarlo bien. No puedes construir mujeres detectives como se hierven unos espaguetis. Tienes que crear un personaje que sea verosímil. La verosimilitud en la literatura es fundamental, y por eso muchas veces se falla.

En el caso de La doble desaparición, tengo tres personajes femeninos muy potentes: Abril, Ágata y Pina. Además, me apetecía volver al investigador masculino, que hoy en día está un poco en decadencia. Pero, precisamente porque homenajeo las novelas negras más clásicas, pensé que funcionaría mejor contar con una pareja masculina en ese sentido… y no pasa nada.

¿Cuál es tu secreto para dar vida a personajes tan verosímiles? ¿Sigues algún método o proceso concreto para conseguirlo?

Confieso que, mientras escribo mis novelas, esta es una de las cuestiones que más dudas me plantea. Como convivo a diario con mis personajes, leo y corrijo muchas veces lo que escribo, hasta que llega un momento en que ya no soy capaz de valorarlo objetivamente.

Pero sí es cierto que la construcción de un personaje es un proceso continuo. No es algo como: “José Manuel Castillo va a ser así, así y así, y ya está”. Como comentaba antes, yo voy descubriendo cosas de mis personajes; unas llevan a otras, y siempre están en construcción. Creo que para que un personaje resulte verosímil debe ser como un ser humano: nosotros mismos estamos en constante cambio.

Cuando dicen que “la gente no cambia”, es todo lo contrario. La gente cambia; yo no soy la misma persona que era hace dos años. Sí conservo una esencia, pero la vida nos transforma, y mis personajes también cambian: se equivocan, dudan, a veces quieren hacer algo y acaban no haciéndolo.

Por eso, cuando escribo sobre ellos, procuro pensar en mis personajes como si fueran personas vivas, sabiendo siempre que, al final, yo tengo el control. Eso también es peligroso: no puedes lanzarte sin medida, o si lo haces, luego debes ser capaz de recortar y moldear lo necesario.

En La doble desaparición de Abril del Pino, lo importante no es solo quién desaparece, sino lo que se descubre en el camino. ¿Qué descubriste de ti misma mientras escribías este libro?

Eso que dices es exactamente así. Por encima de todo, esta es una novela sobre la identidad: sobre quiénes somos, sobre quiénes cree la gente que somos y sobre quiénes ocultamos que somos. Creo que todos tenemos estas tres vertientes. Elegí a Abril del Pino para reflexionar sobre ello porque, al ser una persona famosa, todo está llevado al extremo. Una persona anónima pasa más desapercibida y tiene una imagen pública más débil.

Pero un personaje popular, un ídolo de masas, inevitablemente tiene una imagen pública que suele estar a años luz de su verdadera personalidad, y en este caso —que es una de las intrigas de la novela—, también a años luz de lo que realmente oculta.

¿Qué lee una autora que escribe novelas de misterio, trabaja como librera e incluso como crítica? ¿Tienes algún libro que te haya sorprendido y que recomendarías hoy mismo?

Leo de todo, y además no paro de leer mientras escribo. Tengo compañeros que cuando están escribiendo sus novelas paran de leer, pero yo no puedo. Por eso soy una lectora bastante ecléctica. Sobre todo leo ficción criminal, pero creo que los buenos libros, sin importar de qué hablen, siempre captan tu atención.

Si tuviera que recomendar un libro hoy, sería Posesión, de A.S. Bayard. Es un libro de los años 90 que en su momento ganó el premio Booker, pero que durante veinte años no se volvió a traducir en España y que finalmente, estas navidades, se ha publicado de nuevo. Es una novela alucinante y actualmente estoy un poco obsesionada con ella.

¿Cómo crees que la digitalización y las inteligencias artificiales están afectando a la manera de leer y a la percepción de la literatura?

Creo que el secreto está en no demonizar estas herramientas y en aprender a integrarlas a nuestro terreno. La inteligencia artificial y la digitalización pueden ser tremendamente útiles, aunque también pueden resultar peligrosas o dañinas. Pero, si se hace un buen uso de ellas, creo que pueden ser aliadas y no enemigas.

Tras seis novelas publicadas, ¿qué aprendizaje te ha marcado más como autora?

Creo que lo que he descubierto es que esto es una carrera de fondo, y, en mi caso, me alegro de que haya sido así. Hay autores que publican una novela que es un éxito rotundo, la primera o la segunda, y luego se quedan atrapados en la sombra de ese éxito.Yo prefiero la trayectoria que he tenido hasta ahora: ir evolucionando poco a poco, publicando en editoriales cada vez mejores y siendo constante.

Lo que he aprendido es que la literatura requiere talento, pero también mucha voluntad, oficio y disciplina. Y la sensación que tengo es que quien realmente llega al final de esta carrera es quien persevera, quien se mantiene constante y comprometido con su trabajo.

Para alguien que quiera escribir novela negra hoy, ¿cuál sería tu consejo más honesto?

Mi consejo, antes que nada, es que lea mucha ficción criminal. Creo que quien quiere escribir, primero y durante todo el proceso, debe leer. Si alguien quiere escribir ficción criminal, o cualquier otro género, lo primero es leer.

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