Se acabó el verano.

Nos despedimos de la vida tranquila y sosegada de las vacaciones y volvemos a la rutina, a los madrugones, a las prisas… Como le dije al peque: ‘el deber nos llama’. Contestación: ¿Al móvil?. Literalidad al poder.

La mayor en cambio ya pilla el sentido figurado, incluso se atreve a acuñar nuevos términos. El último las´señoras espiadoras’. Una nueva modalidad de la vieja del visillo.

Paseando por el pueblo me dice: ‘pensé que solo había una señora espiadora, la que vive enfrente, pero creo que cada casa tiene la suya’. No podía parar de reír. Era cierto, prácticamente en todas había una abuelita escudriñando.

Además, amenazaban lluvias y todas las puertas tenían atravesado un tablón de madera; para que no se cuele el agua en las plantas bajas. Así que la estampa era tablón y detrás señora espiadora, señora espiadora tras tablón, prácticamente en toda la acera. Viendo el panorama la nena se gira y me pregunta: ‘¿Ponen la barrera para que no se salgan a la calle?’. ¡Cómo es el discurrir de esas cabecitas!

Entonces le expliqué, encanada, que la barrera era para protegerse del agua. Y que no tienen nada mejor que hacer, así que ahí mirando se distraen. En fin, cotillean.

Desde sus puertas las señoras espiadoras se asoman a la vida de los demás, se meten y te preguntan ¿De quién eres? ¿Por quién preguntas?…

Vamos que tanta evolución tecnológica y tan modernos que nos creemos, pero la redes sociales no son más que un montón de señoras espiadoras (entre las que me incluyo) mirando tras su tablón.

¡Hasta el verano que viene señoras espiadoras, hello face!